LA CASA DE CLAIRE

PARTE 2

Ethan se quedó mirándome como si yo hubiera hablado en otro idioma.

—¿Qué acabas de decir?

Dejé mi bolso sobre la mesa.

—Dije que esta casa es mía.

Olivia soltó una risa corta.

—Ethan, no seas duro con ella. Está dolida. Tal vez cree que puede seguir viviendo aquí hasta que se calme.

Miré el pijama que llevaba puesto.

Era de seda azul.

Mi regalo de cumpleaños de hacía dos años.

—Quítate eso.

Olivia parpadeó.

—¿Perdón?

—Es mío. Igual que el sofá donde tu hijo está saltando, las cortinas, los cuadros y cada centímetro de este apartamento.

Ethan dejó el delantal sobre la encimera.

—Claire, basta. No puedes venir a hacer una escena después de lo que pasó hoy.

—¿Después de que te casaste con otra mujer delante de mí?

—Te expliqué que era por mi hijo.

—Y yo te expliqué que yo iba a casarme.

Su rostro se endureció.

—Ese Nathan no te quiere de verdad. Solo aprovechó el momento para jugar al héroe.

La puerta se abrió detrás de mí.

Nathan entró con una caja de cartón en las manos.

Se detuvo al ver a Olivia, al niño y a Ethan instalado en la cocina de mi casa.

Luego miró el certificado de matrimonio que asomaba de mi bolso.

Su expresión se suavizó.

—¿Ya empezaron la mudanza sin mí, esposa?

Ethan dio un paso adelante.

—¿Esposa?

Nathan dejó la caja sobre el suelo y se acercó a mí. No preguntó si estaba bien. No intentó tomar el control. Solo entrelazó sus dedos con los míos.

—Sí —respondí—. Nos casamos esta tarde.

Olivia palideció.

El niño dejó de saltar.

Ethan me miró fijamente.

—Estás bromeando.

—Tú te casaste antes —dije—. Yo solo respeté tu agenda.

Nathan sacó un llavero de su bolsillo y lo levantó.

—Señor Carter, le sugiero que reúna sus pertenencias.

Ethan frunció el ceño.

—¿Por qué tendría que hacerlo?

Nathan señaló la puerta.

—Porque el contrato de arrendamiento está a nombre de Claire. El registro de propiedad también. Y porque usted no tiene autorización para estar aquí.

Olivia se cruzó de brazos.

—Ethan me dijo que este era su apartamento.

Me volví hacia ella.

—Ethan también te dijo que yo era su prometida mientras te traía a vivir a mi casa. Quizá deberías empezar a pedir pruebas antes de creerle.

Ethan abrió la boca, pero Nathan lo interrumpió.

—Además, ya llamé a seguridad del edificio. Llegarán en cinco minutos.

—No puedes hacer esto —dijo Ethan.

Lo miré.

—Eso mismo pensé cuando saliste del registro civil con una esposa nueva y me dijiste que volviera a casa.

Por primera vez, su arrogancia se quebró.

—Claire, yo no quería perderte.

—No me perdiste hoy.

Me acerqué a la mesa de centro y recogí un marco que Olivia había movido para poner una fotografía de ella y Ethan.

Era una imagen mía con Ethan en unas vacaciones antiguas.

La observé un segundo.

Después la dejé boca abajo.

—Me perdiste el momento en que decidiste que podía esperar en una casa mientras tú construías otra familia.

Olivia tomó al niño de la mano.

—Vámonos, Ethan.

Él no se movió.

—No. Esta es mi casa también.

Nathan sonrió sin humor.

—Entonces llame a un abogado. Pero hágalo desde la acera.

Los guardias llegaron poco después.

Ethan intentó protestar. Olivia lloró. El niño preguntó por qué tenían que irse.

No respondí con crueldad.

No era culpa suya que los adultos de su vida hubieran construido una mentira tan grande.

Me agaché frente a él.

—Tu mamá y tu papá te llevarán a otro lugar. Y estará bien.

Ethan me miró con rabia.

—No soy su padre.

El niño se quedó quieto.

Olivia cerró los ojos.

Y el silencio que siguió fue más brutal que un grito.

Ethan se había casado con ella “por su hijo”.

Había usado esa frase para destruir nuestra boda.

Pero frente al niño, en el momento en que necesitaba sostener la mentira que él mismo había creado, la abandonó sin pensar.

Olivia lo golpeó con la mirada.

—Entonces, ¿por qué hiciste todo esto?

Ethan no respondió.

No tenía una respuesta que no lo hiciera parecer exactamente lo que era.

Un hombre que quería que todos lo admiraran por sacrificarse, mientras usaba a los demás como accesorios de su propia historia.

Esa noche, cuando por fin estuvieron fuera, Nathan y yo nos sentamos en el suelo de la sala entre cajas abiertas.

—¿Estás arrepentida? —preguntó.

Miré mi mano.

El anillo era sencillo. No había sido planeado, ni anunciado, ni acompañado de flores perfectas.

Pero Nathan estaba a mi lado.

No estaba prometiéndome una vida futura mientras construía otra con alguien más.

Estaba allí.

—No —dije—. Solo estoy sorprendida de que hayas venido.

Nathan sonrió.

—Claire, llevé diez años esperando que me llamaras. No iba a dejar que una videollamada internacional me detuviera.

Mi teléfono vibró sobre la mesa.

Era un mensaje de Ethan.

“No te cases con él. Podemos anular todo. Olivia acaba de contarme algo sobre el niño.”

Lo leí.

Nathan no preguntó.

Yo tampoco respondí.

Apagué el teléfono y apoyé la cabeza en su hombro.

Pero al amanecer, una noticia apareció en todos los portales financieros.

“El Grupo Sterling retira su inversión de Carter Aviation tras la cancelación de una negociación clave.”

Y debajo del titular había una fotografía de Ethan saliendo del registro civil con Olivia y el niño.

La misma imagen que él había publicado orgulloso unas horas antes.

Solo que ahora, por primera vez, todos sabían cuánto le había costado esa boda.

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