PARTE 2: LA MUJER DE LA CARRETERA

Regresé a la oficina dos horas después.

No porque quisiera ver a Nick.

Necesitaba recoger las fotografías de mis hijas, unos documentos personales y la taza azul que Lucía me había regalado por el Día del Padre.

La recepcionista evitó mirarme.

—Sebastián…

—Solo recogeré mis cosas.

Subí.

Nick estaba dentro de su despacho hablando por teléfono.

Al verme, señaló una caja de cartón junto a mi escritorio.

Tres años de mi vida cabían dentro.

Fantástico.

Metí mis cosas sin hablar.

Entonces el ascensor se abrió.

Primero apareció un hombre con traje oscuro.

Después una mujer de unos sesenta años.

Me quedé inmóvil.

La reconocí inmediatamente.

Era ella.

La mujer de la carretera.

Ya no estaba pálida ni temblando. Caminaba despacio, acompañada por otra mujer y un hombre que llevaba un maletín.

Me vio.

—Sebastián.

Nick salió de su despacho.

—¿Puedo ayudarla?

Ella ni siquiera lo miró.

Caminó directamente hacia mí.

—Me fui del hospital sin poder agradecerte.

—No tenía que venir.

—Sí tenía.

Me tomó ambas manos.

—Los médicos dijeron que llegar a tiempo fue importante.

Nick escuchó aquello.

—¿Usted es la mujer por la que Sebastián llegó tarde?

Finalmente ella lo miró.

—Supongo.

Nick soltó una risa incómoda.

—Bueno, me alegra que esté mejor. Desgraciadamente, su emergencia nos costó una cuenta importante.

El hombre del maletín frunció el ceño.

La mujer permaneció serena.

—¿Lo despidió?

—Eso es un asunto interno.

—Entiendo.

Entonces extendió la mano.

—Victoria Lancaster.

Nick perdió la sonrisa.

Yo conocía ese apellido.

Todos en publicidad lo conocíamos.

Lancaster Group controlaba hoteles, centros comerciales y varias marcas de consumo.

Pero Nick parecía reconocer algo más.

—¿Victoria Lancaster?

—La misma.

Ella observó el monitor de la sala de reuniones.

—¿Qué cliente perdió esta mañana?

Nick respondió con evidente vergüenza.

—Northstar Hotels.

Victoria sonrió ligeramente.

—Qué coincidencia.

El hombre del maletín habló.

—Northstar pertenece a Lancaster Hospitality.

Sentí que Nick dejaba de respirar.

—¿La presentación era para ustedes?

—Para una de nuestras divisiones —respondió Victoria.

Nick comenzó inmediatamente.

—Señora Lancaster, Sebastián es talentoso, pero hoy demostró una falta de responsabilidad…

Victoria levantó una mano.

—Se detuvo cuando me vio caer.

Silencio.

—Mientras otros vehículos siguieron de largo.

Miró mi caja.

—Yo llamaría a eso responsabilidad.

Nick palideció.

—Puedo reincorporarlo.

Lo miré.

Tres horas antes no le importaban mis tres años de trabajo.

Ahora sí.

—No —respondí.

Victoria sonrió.

—Bien.

Aquella palabra me desconcertó.

—¿Bien?

—Porque no vine a conseguirte tu empleo.

Sacó una tarjeta.

—Vine a ofrecerte una conversación.

No prometió millones.

No me nombró vicepresidente en medio de la oficina.

Solo me pidió que la visitara al día siguiente.

Y eso hice.

Lancaster Group estaba reorganizando su equipo interno de estrategia digital.

Necesitaban a alguien que entendiera campañas, análisis y gestión de clientes.

Mi experiencia encajaba.

—Pero no quiero que me contrate por lástima —dije.

Victoria apoyó las manos sobre la mesa.

—Por eso revisamos tu trabajo antes de llamarte.

Deslizó una carpeta hacia mí.

Contenía campañas que yo había dirigido durante años.

Algunas ni siquiera llevaban mi nombre públicamente.

—¿Cómo consiguió esto?

—Northstar llevaba semanas evaluando a tu agencia.

Pasó varias páginas.

—Y encontramos algo curioso.

En los archivos enviados por Nick, gran parte de mi trabajo aparecía atribuido a él.

Ideas.

Modelos.

Presentaciones.

Incluso una estrategia que había desarrollado solo durante seis semanas.

—Eso no demuestra necesariamente…

—Lo sé —dijo Victoria—. Por eso todavía estamos revisándolo.

Agradecí que no sacara conclusiones precipitadas.

Entonces señaló la presentación de aquella mañana.

—Esta es la razón por la que Northstar se marchó.

Yo esperaba escuchar que había sido mi ausencia.

No.

El cliente había pedido aplazar la reunión cuando supo que el responsable de estrategia no estaba presente.

Nick insistió en presentar él mismo.

Y cuando comenzaron las preguntas técnicas, no pudo explicar varias cifras.

Me quedé mirando el documento.

—Entonces no perdimos la cuenta porque llegué tarde.

—No.

Victoria hizo una pausa.

—La perdió porque intentó presentar tu trabajo como suyo y no supo defenderlo.

Una semana después acepté el puesto en Lancaster.

Con mejor salario.

Horario más estable.

Y algo que para mí valía todavía más:

mi nombre aparecía sobre mi trabajo.

Pensé que ahí terminaría todo.

Me equivocaba.

Dos semanas después, Victoria me llamó a su despacho.

Sobre la mesa había una carta legal.

—Tu antigua agencia nos ha acusado de robar información confidencial.

Sentí que se me hundía el estómago.

—¿Nick?

—Sí.

La reclamación afirmaba que yo había copiado estrategias antes de marcharme para entregárselas a Lancaster.

—Eso es mentira.

—Lo sabemos.

Victoria giró su computadora.

—Pero nuestros abogados encontraron algo mientras revisaban las fechas de creación de los archivos.

En la pantalla aparecía mi presentación.

Autor original:

Sebastián Morales.

Después aparecía una segunda versión.

Mismo contenido.

Autor:

Nick Harrington.

Modificada seis horas después de mi despido.

—Cambió los metadatos —murmuré.

—Parece que lo intentó.

Victoria abrió otro archivo.

—Y ese no es el problema más grande.

Había una carpeta compartida llamada:

SALIDA — S. MORALES.

La fecha de creación era del viernes anterior.

Tres días antes de que yo encontrara a Victoria en aquella carretera.

Miré la pantalla sin entender.

—Pero Nick me despidió porque llegué tarde el lunes.

—Eso dijo.

Victoria abrió el contenido.

Dentro había un borrador de mi carta de despido.

Preparado antes del accidente.

Antes de la presentación.

Antes de que yo llegara tarde.

Y al final aparecía una nota interna de Nick:

“Una vez que Sebastián esté fuera, transferir Northstar a mi nombre antes de la revisión de Lancaster.”

Me quedé inmóvil.

Perder aquella reunión nunca había sido la verdadera razón de mi despido.

Nick simplemente había estado esperando una excusa.

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