PARTE 2: LA VERDAD QUE QUEDÓ ENTERRADA

Durante cuatro años soñé con el día en que saldría de prisión.

Pero nunca imaginé que, al cruzar aquella puerta de hierro, lo primero que encontraría sería al hombre que había destruido mi vida.

Jiang Siheng.

Mi hermano.

El mismo hombre que una vez me sostuvo la mano cuando era niña.

El mismo hombre que prometió protegerme después de la muerte de nuestros padres.

Y el mismo hombre que, cuatro años atrás, decidió creerle a otra persona antes que a mí.

Mientras caminaba por la calle, sentía que cada paso pesaba más que el anterior.

No por el cansancio.

No por la enfermedad.

Sino porque sabía que ya no quedaba nada entre nosotros.

El teléfono vibró varias veces.

No necesitaba mirar para saber quién era.

Jiang Siheng.

Durante cuatro años no había recibido ni una sola visita suya.

Ahora que sabía que tenía cáncer terminal, aparecía con tres coches de lujo frente a la prisión.

Como si el dinero pudiera comprar el tiempo perdido.

Como si una disculpa pudiera devolverme los años que pasé encerrada.

Apagué el teléfono.

Tenía algo más importante que hacer.

La profesora Wen.

La única persona que todavía podía demostrar que yo no era culpable.

Cuando entré al hospital, el olor a desinfectante me recordó algo.

La prisión.

Los pasillos fríos.

Las noches interminables.

Los días en los que me preguntaba por qué la persona que más debía confiar en mí fue precisamente quien me abandonó.

Pero ya no quería respuestas de Jiang Siheng.

Quería justicia.

Después de entregar la memoria USB a la profesora Wen, vi cómo su expresión cambiaba poco a poco.

Ella conocía el nombre de Song Wanning.

Y también conocía la influencia de la familia Song.

—Nian Chu —dijo con voz baja—. ¿Sabes lo peligroso que es esto?

Asentí.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué sigues adelante?

Miré mis manos.

Manos que antes sostenían libros de investigación.

Manos que antes escribían informes.

Manos que después de cuatro años solo conocían las paredes de una celda.

—Porque la profesora Zhao murió pensando que nadie creería en ella.

Hice una pausa.

—No quiero que mi último recuerdo de ella sea ese.

La profesora Wen permaneció en silencio.

Después abrió nuevamente los archivos.

Uno por uno.

Cada documento.

Cada registro.

Cada fecha.

Su rostro se volvió más serio.

—Estos datos podrían cambiar todo.

—Lo sé.

—Pero necesitamos pruebas adicionales.

Asentí.

—Las encontraremos.

En ese momento, mi teléfono volvió a sonar.

Esta vez sí miré la pantalla.

Era Jiang Siheng.

Lo dejé sonar.

Pero unos segundos después llegó un mensaje.

【Nian Chu, por favor. Déjame verte una vez.】

Miré esas palabras durante mucho tiempo.

Antes, habría corrido hacia él.

Antes, habría pensado que quizás todavía me quería.

Pero ahora solo sentía cansancio.

Respondí:

【No hace falta.】

La respuesta llegó inmediatamente.

【¿Me odias tanto?】

Observé la pantalla.

Después escribí lentamente:

【No.】

【Ya no tengo tiempo suficiente para odiarte.】

Bloqueé el teléfono.

No sabía que, en ese mismo momento, Jiang Siheng estaba sentado solo en su oficina mirando una fotografía antigua.

Una fotografía donde los dos aparecíamos juntos.

Él tenía una sonrisa orgullosa.

Yo sostenía un diploma entre mis manos.

Era el día en que me gradué.

El día que él prometió:

“Mientras yo esté aquí, nadie podrá hacerte daño.”

Pero fue precisamente él quien permitió que ocurriera.

El asistente entró con un informe.

—Señor Jiang.

—Hemos encontrado algo extraño sobre el caso de Jiang Nian Chu.

Jiang Siheng levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué?

El asistente dejó una carpeta sobre la mesa.

—Las pruebas que llevaron a su condena…

Tragó saliva.

—Fueron modificadas.

El rostro de Jiang Siheng cambió.

—Imposible.

—También encontramos registros de acceso al laboratorio.

Abrió el documento.

—La persona que entró aquella noche no fue Jiang Nian Chu.

Silencio.

Por primera vez en cuatro años, una posibilidad aterradora apareció frente a él.

Quizás la persona que él había protegido nunca fue una víctima.

Y la persona que él había destruido siempre había dicho la verdad.

Mientras tanto, yo salía del hospital con la profesora Wen a mi lado.

No sabía cuánto tiempo me quedaba.

Pero por primera vez desde que mi vida se derrumbó…

sentí que todavía tenía algo por lo que luchar.

No por venganza.

No por Jiang Siheng.

No por demostrarle nada a nadie.

Solo por la profesora Zhao.

Y por la joven Jiang Nian Chu que cuatro años atrás entró en prisión creyendo que nadie volvería a creer en ella.

Esa noche recibí un mensaje desconocido.

Solo contenía una frase.

【Si quieres saber quién manipuló realmente las pruebas, ven sola al antiguo laboratorio de investigación.】

Debajo había una fotografía.

La reconocí inmediatamente.

Era la pulsera que llevaba la noche en que fui arrestada.

La misma pulsera que desapareció como supuesta “prueba”.

Pero había algo más.

En la imagen aparecía una persona sosteniéndola.

Y esa persona…

era alguien que yo nunca imaginé que estaría detrás de todo.

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