La mano de Giovanni cerró suavemente la mía.
No con posesión.
No como una demostración.
Más bien como si estuviera diciéndome que, por primera vez en toda la noche, alguien estaba de mi lado.
Caminamos hacia la pista de baile.
Y el salón cambió.
Lo noté inmediatamente.
Las conversaciones bajaron de volumen.
Las personas que minutos antes apenas me habían mirado ahora seguían cada movimiento.
No porque yo hubiera cambiado.
Sino porque estaba caminando junto al hombre al que todos parecían respetar.
Giovanni colocó una mano en mi espalda.
—Relájate.
—No estoy nerviosa.
Me miró.
—Estás apretando mi mano como si quisieras romperme los dedos.
Bajé la mirada.
Era cierto.
Solté un poco la presión.
—No estoy acostumbrada a que la gente me mire.
Su expresión cambió ligeramente.
—Eso dice mucho más de ellos que de ti.
No respondí.
Porque una parte de mí quería creerlo.
Pero otra parte llevaba demasiado tiempo escuchando lo contrario.
La canción comenzó.
Nos movimos lentamente entre las luces doradas del salón.
Desde la distancia vi a Tyler observándonos.
Su sonrisa había desaparecido.
Vanessa también parecía incómoda.
—Tu exmarido está molesto —dijo Giovanni.
—No me importa.
—Mentira.
Lo miré.
—¿Siempre eres así de directo?
—Sí.
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro por primera vez esa noche.
—Debe ser difícil hablar contigo.
—La gente suele decir que soy intimidante.
—Lo eres.
—Pero sigues aquí.
Y no pude evitar reír ligeramente.
Era extraño.
Un hombre que acababa de conocer me estaba haciendo sentir más tranquila que las personas que me conocían desde hacía años.
Tres minutos después, Tyler apareció.
Esperó a que la canción terminara.
—Jessica.
Su voz tenía ese tono que usaba cuando quería parecer amable frente a otros.
—¿Podemos hablar?
Giovanni no dijo nada.
Solo permaneció a mi lado.
Tyler lo miró.
—¿Quién es él?
Antes de que yo respondiera, Giovanni extendió una mano.
—Giovanni Fierro.
Tyler se quedó quieto.
Reconoció el nombre.
Todos lo hacían.
—¿Fierro?
Giovanni asintió.
—Sí.
Tyler tragó saliva.
—No sabía que conocías a mi familia.
Miré a Tyler.
—No la conozco.
Pausa.
—Lo conocí esta noche.
Su expresión cambió.
—¿Entonces qué es esto?
Giovanni respondió con calma.
—Mi esposa.
El silencio fue inmediato.
Sentí cómo todos alrededor dejaron de fingir que no escuchaban.
Tyler parpadeó.
—¿Tu esposa?
Giovanni miró mi mano.
Luego la suya.
Y sonrió apenas.
—Nos casamos hace meses.
Yo casi olvidé respirar.
Sabía que era una actuación.
Pero la seguridad con la que lo dijo era impresionante.
Tyler miró mi rostro buscando una reacción.
Tal vez esperaba verme confundida.
Tal vez esperaba verme desesperada por explicarme.
Pero no hice nada.
Porque por primera vez en años no sentía que debía justificar mi existencia.
—Eso es imposible —dijo Tyler finalmente.
Giovanni levantó una ceja.
—¿Por qué?
Tyler abrió la boca.
Pero no encontró respuesta.
Porque la verdadera razón era demasiado cruel para decirla en voz alta.
Porque Tyler todavía me veía como la mujer que había dejado atrás.
La mujer cansada.
La mujer que lloró cuando él se fue.
La mujer que pensó que no sobreviviría.
No podía imaginar que alguien pudiera elegirla.
Después de que Tyler se alejó, respiré profundamente.
—No tenías que hacer eso.
Giovanni me miró.
—¿Hacer qué?
—Defenderme.
—No te defendí.
Fruncí el ceño.
—¿Entonces qué hiciste?
—Recordarle a alguien que dejó de valorarte que otras personas sí pueden hacerlo.
Sus palabras me golpearon más fuerte de lo esperado.
Aparté la mirada.
—No sabes nada de mí.
—Sé suficiente.
—¿Qué sabes?
Giovanni miró hacia la mesa donde había dejado mi bolso.
—Sé que pasaste cinco años cuidando a tu hija sola.
—Sé que sigues trabajando turnos imposibles porque nunca quisiste que Lily sintiera que era una carga.
Mi corazón se detuvo.
—¿Cómo sabes eso?
Él tardó unos segundos en responder.
—Porque mi hermana trabaja en el hospital donde estás.
Eso tenía sentido.
Pero todavía había algo más en sus ojos.
Algo que no decía.
La noche terminó más tarde de lo esperado.
Cuando salí del salón, Giovanni estaba esperándome junto a la entrada.
—¿Por qué?
—¿Por qué qué?
—¿Por qué realmente me ayudaste?
No respondió inmediatamente.
Después dijo:
—Porque vi la forma en que todos te miraban.
Pausa.
—Como si fueras menos importante porque alguien decidió irse.
Sus ojos se suavizaron.
—Y conozco esa sensación.
Por primera vez vi algo detrás del hombre seguro que todos respetaban.
Dolor.
—¿Quién te hizo sentir así?
Giovanni miró hacia la ciudad iluminada.
—Mi propia familia.
Antes de que pudiera preguntar más, mi teléfono vibró.
Era un mensaje de mi madre.
“¿Qué significa que estás con Giovanni Fierro?”
Luego otro.
“Jessica, ¿qué hiciste?”
Y finalmente uno de Tyler.
“Tenemos que hablar. Esto se salió de control.”
Le mostré la pantalla a Giovanni.
Él leyó los mensajes.
Y sonrió ligeramente.
—Parece que tu pequeña actuación funcionó demasiado bien.
Guardé el teléfono.
—¿Y ahora qué?
Giovanni me miró.
—Ahora todos van a querer saber quién eres realmente.
Sentí un escalofrío.
—¿Y eso es malo?
Negó lentamente.
—No.
Pausa.
—Pero hay algo que debes saber.
Su expresión se volvió seria.
—Cuando dije que esperaba que creyeran que eras mi esposa…
Se acercó un poco.
—No esperaba que mi familia fuera a investigar tu vida.
Mi corazón se aceleró.
—¿Por qué?
Giovanni miró hacia la entrada del hotel.
Allí estaba su tía.
La mujer elegante que había observado toda la noche.
Pero ya no parecía molesta.
Parecía sorprendida.
Y junto a ella había un hombre mayor sosteniendo un documento.
Giovanni apretó la mandíbula.
—Porque acaban de descubrir algo que yo tampoco sabía.
Miré el documento.
—¿Qué?
Él bajó la voz.
—Tu apellido.
El hombre levantó la carpeta.
Y dijo:
—Señor Fierro, creo que la mujer que acaba de presentar como su esposa no es una desconocida.
Silencio.

—Es la heredera perdida de una familia que desapareció hace quince años.
Y por primera vez esa noche…
Giovanni pareció realmente sorprendido.