PARTE 2: EL CONEJO AMARILLO QUE CAMBIÓ EL DIVORCIO

Violet no era hija de Clara.

Era la hija que Gabriel había tenido antes de conocerla y que Clara había criado desde que tenía dos años.

La niña corrió directamente hacia ella.

—Mamá Clara.

Clara se agachó con dificultad y la abrazó.

Gabriel se levantó.

—¿Quién la trajo aquí?

La jueza Holloway ordenó que permaneciera sentado.

Violet apretó su conejo.

—Papá dijo que no podía contar lo que escuché.

Samantha palideció.

La jueza evitó presionarla y pidió que intervinieran los profesionales correspondientes antes de continuar con cualquier declaración de la menor.

Pero Violet ya había entregado algo.

Dentro del conejo había escondido una pequeña memoria USB.

—La señora mala dijo que había que borrar esto.

Gabriel cerró los ojos.

El abogado de Clara tomó aire.

La jueza suspendió temporalmente la audiencia para que el material pudiera preservarse y revisarse adecuadamente.

Horas después, la situación había cambiado por completo.

Los archivos no contenían únicamente fotografías de Gabriel y Samantha.

Había documentos financieros.

Transferencias.

Copias de correos.

Y conversaciones sobre mover determinados bienes antes del divorcio para que pareciera que Gabriel poseía mucho menos de lo que realmente tenía.

Clara miró a su abogado.

—¿Por eso insistía tanto en que firmara rápido?

—Es una posibilidad que habrá que investigar.

Samantha empezó a culpar a Gabriel.

Gabriel respondió acusándola de haber organizado las transferencias.

La pareja que había llegado al tribunal sonriendo ya ni siquiera podía mirarse.

Entonces apareció otro documento.

Una cuenta creada años atrás a nombre de Violet.

Habían salido cantidades importantes de ella.

Gabriel dejó de discutir.

Clara sintió que se le helaba el cuerpo.

—Ese dinero era para su educación.

Violet no entendía de cuentas ni divorcios.

Solo sabía que una noche había escuchado a Samantha decir:

—Cuando Clara firme, ya no podrá recuperar nada.

Y había visto cómo intentaban destruir unos archivos.

Por eso escondió la memoria dentro de su juguete.

La jueza dejó claro que la renuncia de Clara a los bienes no sería tratada como un simple gesto impulsivo sin revisar las circunstancias y la información financiera relevante.

Cuando salimos, Gabriel intentó acercarse.

—Clara, podemos arreglar esto.

Ella tomó la mano de Violet.

—Ya no.

Entonces su abogado apareció detrás.

—Clara, encontramos algo más.

Le mostró uno de los documentos recuperados.

No llevaba la firma de Gabriel.

Llevaba la de Samantha.

Y la fecha era de nueve años atrás.

Dos años antes de que Clara y Gabriel se casaran.

Clara levantó lentamente la vista.

Samantha no había aparecido durante su matrimonio.

Había estado vinculada a Gabriel desde mucho antes.

Y ahora quedaba una pregunta mucho peor:

¿Clara había sido realmente su esposa… o simplemente la última persona en descubrir el plan?

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