PARTE 2: LA VERDAD QUE FLYNN NUNCA ESPERÓ DESCUBRIR

Flynn se quedó blanco como un fantasma.

Durante varios segundos no dijo nada.

El hombre que podía controlar una sala llena de inversionistas con una sola mirada estaba ahora parado frente a mí sin saber qué palabras usar.

Pero yo ya no buscaba explicaciones.

Las explicaciones eran para las personas que aún tenían esperanza.

Yo ya no tenía ninguna.

El Dr. Reed recogió lentamente los documentos médicos y me miró.

—Señora Vance, necesito que descanse. Su cuerpo pasó por un trauma importante.

Asentí.

Pero mis ojos nunca abandonaron a Flynn.

Porque había algo que él necesitaba entender.

No había perdido solamente a su esposa.

Había perdido la oportunidad de conocer a sus hijos.

Flynn se acercó un paso.

—Mabel, déjame arreglarlo.

Solté una pequeña risa.

No porque fuera gracioso.

Porque era imposible.

—¿Arreglarlo?

Mi voz salió baja.

—¿Cómo exactamente arreglas esto, Flynn?

Él bajó la mirada.

Por primera vez no tenía una respuesta.

—Puedo compensarte.

Lo miré con incredulidad.

—¿Dinero?

Silencio.

—¿Eso es lo único que sabes ofrecer?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No.

—Sí.

Pausa.

—Durante tres años pensé que me amabas de una forma diferente. Pensé que eras distante porque tenías demasiada presión. Pensé que algún día volverías a verme como antes.

Miré hacia la ventana.

—Pero nunca estabas perdido, Flynn.

Mi voz tembló ligeramente.

—Siempre estabas mirando a otra persona.

Él cerró los ojos.

Y por primera vez pareció recordar todos los momentos en los que yo había estado allí.

Las cenas esperando.

Las noches sola.

Las veces que eligió responderle a Selina antes que a mí.

Pero ya era demasiado tarde.

Una enfermera entró con unos documentos.

—Doctor Reed, la policía llamó nuevamente. Necesitan confirmar la declaración de la paciente cuando esté preparada.

Flynn levantó la cabeza.

La palabra “policía” cambió completamente su expresión.

—Mabel…

Lo miré.

—¿Qué?

—¿Vas a denunciarme?

No respondí inmediatamente.

Porque la pregunta me reveló algo.

Él no estaba preguntando por mi dolor.

Estaba preguntando por las consecuencias.

—No sé todavía.

Y era verdad.

Parte de mí quería que pagara.

Otra parte solo quería alejarse de todo lo que tuviera su nombre.

Flynn salió de la habitación después de unos minutos.

Pero no se fue solo.

En el pasillo estaba Selina.

Ella llevaba un abrigo elegante y una expresión de tristeza cuidadosamente preparada.

Cuando me vio a través de la puerta abierta, sus ojos cambiaron.

No parecía arrepentida.

Parecía molesta.

Como si mi supervivencia hubiera arruinado un plan.

Esa noche, mientras intentaba dormir, recibí un mensaje de un número desconocido.

Era una fotografía.

Una fotografía tomada semanas antes.

Flynn y Selina juntos en un restaurante privado.

No era una reunión casual.

No era una coincidencia.

Debajo de la imagen había un mensaje:

“Deberías saber que ella no apareció ese día por accidente”.

Sentí un escalofrío.

Porque hasta ese momento había pensado que Selina solo había mentido para recuperar la atención de Flynn.

Pero algo no encajaba.

La mañana siguiente, el Dr. Reed regresó a mi habitación.

Traía una carpeta diferente.

Su expresión era seria.

—Mabel, necesito hablar contigo sobre algo que encontramos durante la revisión de tus registros.

Lo miré.

—¿Qué encontraron?

Dejó la carpeta sobre la mesa.

—Antes de la cirugía, había una nota añadida a tu expediente.

Fruncí el ceño.

—¿Una nota?

Asintió.

—Alguien intentó modificar información médica importante.

Sentí que mi cuerpo se tensaba.

—¿Quién?

El Dr. Reed dudó.

—Todavía no lo sabemos.

Abrió la carpeta.

Dentro había una copia de la solicitud.

Y una firma.

La reconocí inmediatamente.

No era la de Flynn.

No era la de Selina.

Era de alguien que tenía acceso a mi vida desde mucho antes.

Alguien que yo nunca imaginé que estaría involucrado.

—Mabel —dijo el doctor lentamente—, hay algo más.

Levanté la mirada.

—¿Qué?

Su expresión se volvió más grave.

—La persona que intentó cambiar tu historial no quería ocultar un embarazo.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—Entonces, ¿qué quería ocultar?

El doctor colocó otro documento frente a mí.

Era un informe genético.

Sentí que el mundo se detenía.

Porque el resultado no solo revelaba algo sobre mis hijos.

También demostraba que alguien había estado mintiéndole a Flynn durante años.

Y cuando leí el nombre en el informe, entendí por qué Selina había regresado justo ese día.

No había venido para recuperar a Flynn.

Había venido para proteger un secreto mucho más peligroso.

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