PARTE 2: MI HERMANA PENSÓ QUE HABÍA ROBADO MI BODA, PERO NO SABÍA A QUIÉN HABÍA DESAFIADO

El mensaje quedó enviado.

Durante tres segundos, no pasó nada.

Después, la pantalla de mi teléfono empezó a llenarse de respuestas.

“Entendido, Gloria”.

“Los camiones cambian dirección”.

“Recuperaremos cada pieza”.

No lloré.

No grité.

No llamé a mi madre para suplicar una explicación.

Porque por primera vez en veinte años entendí algo importante:

Mi familia no había tomado mis cosas porque yo fuera débil.

Las habían tomado porque estaban convencidos de que nunca tendría el valor de recuperarlas.

Nolan seguía mirándome.

Había visto mi rostro durante años.

Había visto a la mujer que sonreía cuando mi madre comparaba mis logros con los de Colette.

La mujer que decía “no importa” cuando mi hermana recibía más atención.

Pero esa versión de mí acababa de desaparecer.

—Gloria —dijo suavemente—. ¿Qué está pasando realmente?

Respiré profundo y miré el salón vacío.

—Mi madre decidió que la boda de Colette era más importante que la mía.

Hice una pausa.

—Así que robó mi boda.

Nolan apretó la mandíbula.

No estaba enfadado por las flores.

Estaba enfadado porque alguien había intentado destruir uno de los días más importantes de mi vida.

Entonces mi teléfono volvió a sonar.

Era Colette.

Contesté.

Su voz llegó llena de falsa preocupación.

—Gloria, ¿por qué estás haciendo esto?

Me quedé en silencio.

—Mamá me dijo que exageraste. Que solo movieron algunas cosas temporalmente.

Miré alrededor.

Algunas cosas.

El pastel de seis mil dólares.

Las flores diseñadas durante cuatro meses.

Las mesas reservadas con meses de anticipación.

Los recuerdos que había preparado personalmente para cada invitado.

—Colette.

Mi voz salió tranquila.

Demasiado tranquila.

—¿Sabías que todo lo que está en Ivywood tiene mi nombre?

Ella dudó.

—¿Qué?

—Cada contrato.

—Cada proveedor.

—Cada diseño.

Sonreí sin alegría.

—Cada flor lleva mi marca.

Silencio.

Porque Colette siempre había creído que Larkspur & Co. era solo mi pequeño negocio de decoración.

Nunca entendió que las familias más poderosas de la región no contrataban a una florista.

Contrataban mi visión.

Mi reputación.

Mi apellido profesional.

—Gloria, no hagas un escándalo —susurró.

Me reí.

Por primera vez en mucho tiempo.

—Curioso.

—Cuando ustedes movieron mi boda, no era un escándalo.

—Pero cuando intento recuperarla, sí lo es.

Antes de que pudiera responder, escuché una notificación.

El primer camión había llegado a Ivywood.

Luego otro mensaje.

“Encontramos el inventario”.

“Tu madre está intentando detenernos”.

“Cedieron documentos falsos”.

Mi expresión cambió.

Documentos falsos.

Por supuesto.

No solo habían movido mis cosas.

Habían intentado hacerlo parecer legal.

Guardé la captura de pantalla.

Luego abrí una carpeta que llevaba años sin tocar.

Mis registros empresariales.

Mis contratos.

Mis firmas.

Mi autorización exclusiva.

Todo estaba ahí.

Colette volvió a hablar.

—Gloria, mamá dice que si sigues con esto, la familia nunca volverá a perdonarte.

Miré el reloj.

Mi primer invitado llegaría en menos de diez minutos.

Sonreí.

—Colette.

—Creo que no entiendes algo.

—Durante años ustedes pensaron que yo necesitaba que mi familia me eligiera.

Puse el teléfono sobre la mesa.

—Pero hoy van a descubrir que mi familia necesitaba que yo los siguiera eligiendo.

Colgué.

En ese momento, las puertas del salón se abrieron.

Entraron los primeros proveedores.

Después los decoradores.

Después mi equipo completo.

No llegaron con caras de lástima.

Llegaron con respeto.

Porque para ellos yo no era la hija ignorada de una familia complicada.

Era Gloria Larkspur.

La mujer cuyo nombre estaba detrás de los eventos más importantes de la ciudad.

Y mientras las flores volvían a entrar por la puerta principal…

mi teléfono vibró una última vez.

Era un mensaje de mi madre.

“Gloria, no sabes lo que estás haciendo. Estás destruyendo a tu hermana”.

Leí el mensaje.

Luego miré la sala que volvía a cobrar vida.

Y respondí una sola frase:

“No, mamá”.

“Solo estoy dejando de destruirme a mí misma”.

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