PARTE 2: MI JEFE DIJO QUE ME ELIGIÓ POR MI TALENTO… PERO CHARLOTTE REVELÓ LA VERDAD

La oficina quedó completamente en silencio.

No era un silencio normal.

Era ese tipo de silencio donde todos esperan ver quién será la primera persona en perder la calma.

Charlotte Bennett permanecía en la puerta con una sonrisa elegante.

Vestido blanco.

Bolso de diseñador.

Cabello perfectamente arreglado.

La clase de mujer que parecía haber nacido rodeada de privilegios.

Sus ojos fueron directamente hacia la mano de Adrian junto a mi cintura.

Luego hacia mí.

Y finalmente volvieron a Adrian.

—Parece que llegué en un mal momento.

Su voz era dulce.

Demasiado dulce.

Yo di un paso atrás inmediatamente.

—Señor Gray, los documentos están listos.

Intenté sonar tranquila.

Profesional.

Como siempre.

Pero por dentro algo extraño estaba creciendo.

No era celos.

No.

Era una sensación mucho más incómoda.

Era la sensación de haber vivido tres años dentro de una historia donde todos sabían el final excepto yo.

Adrian miró a Charlotte sin cambiar su expresión.

—No sabía que llegarías hoy.

Charlotte sonrió.

—Quería darte una sorpresa.

La forma en que dijo esas palabras hizo que varias personas afuera de la oficina dejaran de fingir que trabajaban.

Todos escuchaban.

Porque todos sabían quién era ella.

La heredera de Bennett Holdings.

La mujer que, según los rumores, había estado destinada a estar al lado de Adrian desde la infancia.

Yo era solo una empleada.

La asistente que siempre estaba ahí.

La mujer que conocía sus horarios mejor que él mismo.

La persona que resolvía sus problemas antes de que él supiera que existían.

De repente, todo eso se sintió diferente.


Cuando salí de la oficina, mi compañera Sofía se acercó inmediatamente.

—Elena.

No respondí.

Ella dudó.

—¿Estás bien?

Guardé los documentos en mi carpeta.

—¿Por qué no iba a estarlo?

Sofía bajó la voz.

—Porque Charlotte acaba de llegar.

Me reí suavemente.

—¿Y qué?

Ella me miró con pena.

Esa mirada me molestó más que cualquier comentario.

—Elena, todo el mundo sabe que ella y el señor Gray…

No la dejé terminar.

—No me interesa.

Pero era mentira.

Porque por primera vez en tres años, me pregunté algo que nunca había querido preguntarme.

¿Por qué Adrian me había elegido?

¿Por qué había despedido a cuatro asistentes y decidido quedarse solo conmigo?

¿Por qué confiaba en mí para manejar documentos confidenciales?

¿Por qué me llamaba incluso cuando no era horario laboral?

Siempre pensé que era porque yo era buena.

Porque era capaz.

Porque había trabajado más que nadie.

Pero ahora una pequeña duda se había instalado en mi cabeza.

Y las dudas son peligrosas.


Esa tarde, Adrian me llamó nuevamente.

—Ven a mi oficina.

Entré.

Charlotte ya no estaba.

Adrian estaba mirando unos documentos junto a la ventana.

—¿Estás molesta?

La pregunta me sorprendió.

—No.

—Mientes mal.

Levanté la mirada.

—Soy su empleada, señor Gray.

Él frunció ligeramente el ceño.

—¿Desde cuándo me llamas así?

La pregunta me dejó sin respuesta.

Porque durante tres años siempre había usado ese tono profesional.

Aunque conocía sus hábitos.

Aunque sabía cómo tomaba el café.

Aunque sabía cuándo estaba cansado solo por la forma en que cerraba una puerta.

Siempre había mantenido una distancia.

Porque él era mi jefe.

Y yo sabía cuál era mi lugar.

Adrian dejó los documentos sobre la mesa.

—Elena.

Su voz cambió.

Más seria.

—¿Realmente crees que te contraté por otra persona?

No respondí.

Él se acercó lentamente.

—Cuando llegaste a la entrevista, había más de doscientas candidatas.

—Todas tenían experiencia.

—Todas tenían títulos.

—Todas podían hacer el trabajo.

Hizo una pausa.

—Pero ninguna se quedó después de ver que el proyecto estaba a punto de fracasar.

Recordé ese día.

La empresa estaba enfrentando una crisis.

Todos querían irse.

Yo me quedé hasta las tres de la mañana revisando los contratos.

No porque quisiera impresionarlo.

Porque odiaba dejar algo incompleto.

—Tú fuiste la única persona que no me miró como si fuera un hombre poderoso.

Sus palabras me sorprendieron.

—Me miraste como si solo fuera alguien que necesitaba ayuda.

Bajé la mirada.

No sabía qué responder.

Entonces Adrian dijo algo que nunca había esperado escuchar.

—No te elegí porque te parecías a Charlotte.

—Te elegí porque eras Elena.

Mi corazón dio un golpe.

Pero antes de poder hablar, alguien abrió la puerta.

Otra vez.

Charlotte estaba allí.

Esta vez no sonreía.

Tenía un documento en la mano.

—Adrian.

Su voz era diferente.

Fría.

—Creo que Elena debería saber por qué realmente regresé.

Adrian cambió de expresión.

—Charlotte.

Ella dejó el documento sobre la mesa.

—No puedes ocultarlo para siempre.

Miré el papel.

Era un informe médico.

Mi nombre aparecía en la primera página.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Qué es esto?

Charlotte me miró fijamente.

Y entonces dijo:

—Elena, ¿nunca te preguntaste por qué Adrian Gray te protegió durante tres años?

Hizo una pausa.

—Porque antes de conocerte…

—él ya sabía quién eras.

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