El Dr. Robert Wright permaneció sentado frente a mí durante varios segundos.
Parecía estar luchando contra algo que llevaba años guardando.
Miré a mi hijo.
Después miré al médico.
—Doctor, necesito saber qué está pasando.
Respiró profundamente.
—Joanna… Logan no te contó toda la verdad sobre su familia.
Sentí que mi pecho se apretaba.
—¿Su familia?
El doctor asintió lentamente.
—Mi apellido es Wright.
Hizo una pausa.
—El de Logan también.
Ya lo sabía.
Pero había algo en la forma en que lo dijo que me hizo entender que aquello era mucho más complicado.
—¿Qué significa?
El Dr. Wright miró nuevamente a mi bebé.
—Significa que ese niño no es solo mi paciente.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Es mi nieto.
El mundo pareció detenerse.
Por un momento pensé que había escuchado mal.
—¿Su… nieto?
El médico asintió.
—Logan es mi hijo.
Me quedé sin palabras.
Siete meses.
Siete meses preguntándome por qué el hombre que amaba había desaparecido.
Siete meses creyendo que simplemente había elegido abandonarnos.
Pero ahora estaba sentada frente al padre del hombre que me dejó.
Y él parecía sufrir tanto como yo.
—¿Dónde está Logan? —pregunté.
El rostro del Dr. Wright cambió.
La tristeza apareció antes que la respuesta.
—Esa es la parte que nunca supiste.
Se levantó lentamente y caminó hasta la ventana.
—La noche que se fue, Logan no estaba huyendo de ti.
Fruncí el ceño.
—¿Entonces por qué desapareció?
El médico cerró los ojos.
—Porque alguien lo obligó.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién?
El Dr. Wright volvió hacia mí.
—Mi hermano.
No entendía nada.
Logan nunca me había hablado de un conflicto familiar.
Nunca mencionó secretos.
Nunca me dijo que su familia tenía problemas.
—¿Por qué haría algo así?
El médico miró a mi hijo.
—Porque Logan descubrió algo que podía destruir a toda la familia Wright.
Entonces sacó un sobre viejo de su maletín.
—Antes de desaparecer, me dejó esto.
Lo abrió con cuidado.
Dentro había una carta.
La letra era de Logan.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—¿Por qué nunca me la dio?
El Dr. Wright bajó la mirada.
—Porque alguien interceptó todos sus intentos de comunicarse contigo.
Sentí una mezcla de rabia y dolor.
—Yo pensé que me había abandonado.
—Lo sé.
Su voz se quebró.
—Y él pensó que tú lo habías rechazado.
Tomé la carta con manos temblorosas.
La abrí.
Solo había unas pocas líneas.
“Joanna, si estás leyendo esto, significa que no pude volver a tiempo. No me fui porque dejé de amarte. Me fui porque estaba intentando protegerte a ti y a nuestro bebé.”
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Durante siete meses había odiado a un hombre que quizás también había estado luchando por regresar.
Seguí leyendo.
“Si nace nuestro hijo, dile que su padre lo amó incluso antes de conocerlo.”
Tuve que detenerme.
El dolor que había cargado durante meses finalmente encontró un lugar donde caer.
Pero entonces el Dr. Wright dijo algo que me hizo levantar la mirada.
—Joanna.
—¿Sí?
Su expresión cambió.
Ya no parecía un padre triste.
Parecía un hombre preocupado.
—Hay algo más.
—¿Qué?
Miró hacia la puerta de la habitación.
—Logan no desapareció voluntariamente.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué quiere decir?
Se acercó y bajó la voz.
—La última vez que alguien lo vio, estaba investigando a la persona que manipuló sus mensajes contigo.
Miré a mi bebé dormido.
Y por primera vez desde que nació, el miedo no era por el pasado.
Era por el presente.
Porque si Logan había sido silenciado…
La persona que lo hizo todavía podía estar cerca.
El Dr. Wright tomó mi mano.
—Joanna, necesito que me prometas algo.
—¿Qué?
—No le digas a nadie que sabes la verdad.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
Sus ojos se dirigieron hacia el pasillo.
—Porque la persona que separó a Logan de ti acaba de descubrir que su hijo nació.
Y ahora vendrá por lo único que Logan intentó proteger.