Miré el documento durante varios segundos.
No entendía lo que estaba viendo.
El nombre en la página parecía imposible.
—No puede ser.
Renee no apartó la mirada de mí.
—Eso mismo pensé yo.
Levanté la vista.
—¿Por qué está aquí mi nombre?
El silencio llenó la habitación.
Porque debajo del contrato no había un desconocido.
No era un rival de negocios.
No era un enemigo de Sterling Global.
Era alguien relacionado con mi pasado.
Alguien que yo había enterrado hacía años.
Mi hermano menor.
Lucas.
Renee deslizó otra carpeta hacia mí.
—Encontré esto durante una auditoría interna.
Abrí la carpeta.
Transferencias.
Correos.
Registros de acceso.
Todos conectados con una empresa fantasma que había estado comprando acciones de Sterling Global poco a poco.
Y el nombre detrás de esa empresa era Lucas.
Mi propio hermano.
Sentí un peso en el pecho.
—No lo he visto en seis años.
Renee asintió.
—Lo sé.
Me miró con atención.
—Por eso necesito saber qué relación tiene contigo.
Respiré lentamente.
Lucas y yo habíamos crecido juntos.
Pero después de la muerte de Sarah, todo cambió.
Cuando mi esposa enfermó, Lucas desapareció.
Dijo que no podía soportar verme sufrir.
Nunca regresó.
Ni siquiera después del funeral.
—No sé qué está haciendo aquí.
Renee cerró la carpeta.
—Entonces alguien está usando a una persona de tu pasado para destruirme.
Me levanté.
—No soy la persona adecuada para esto.
Ella me observó.
—¿Por qué?
Miré alrededor.
La mansión.
La riqueza.
Todo ese mundo estaba demasiado lejos del mío.
—Porque soy un electricista.
—No.
Su respuesta fue inmediata.
—Eres la persona que vino a un hospital a las tres de la mañana por una desconocida.
No supe qué decir.
Renee bajó la voz.
—Todos los que están cerca de mí quieren algo.
Dinero.
Poder.
Acciones.
Un puesto.
Tú fuiste el único que apareció sin pedir nada.
Esa frase me recordó a Sarah.
Porque ella siempre decía que las personas mostraban quiénes eran cuando nadie las estaba mirando.
Y aquella noche yo había hecho lo único que podía hacer.
Ayudar.
—¿Qué esperas que haga?
Renee empujó el contrato hacia mí.
—Quiero que seas mi aliado público.
—¿Tu socio?
—Exacto.
Negué.
—La junta directiva verá que es falso.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Por eso nadie puede saber que es falso.
Me quedé inmóvil.
—Renee…
—Daniel, si creen que estoy sola, van a intentar quitarme la empresa antes de que pueda recuperarme.
Señaló los documentos.
—Pero si creen que tengo a alguien de confianza a mi lado, cambiarán su estrategia.
No me gustaba la idea.
Pero entendía la situación.
Alguien estaba intentando destruirla.
Y yo sabía lo que se sentía perderlo todo mientras otros miraban.
—¿Qué pasó con Marcus?
La expresión de Renee cambió.
Dolor.
—Al principio pensé que me abandonó porque tenía miedo.
Hizo una pausa.
—Después descubrí que alguien le pagó para desaparecer.
Fruncí el ceño.
—¿Quién?
Renee miró hacia la ventana.
—La misma persona que está intentando tomar mi empresa.
Antes de que pudiera responder, su teléfono sonó.
Miró la pantalla.
Y por primera vez vi verdadero miedo en sus ojos.
—¿Qué pasa?
No contestó.
Solo me entregó el teléfono.
Era un mensaje.
Una fotografía.
Renee en la habitación del hospital.
Yo sentado junto a ella.
Tomada desde fuera.
Debajo había una frase:
“Deja de buscar respuestas. La próxima vez no será una advertencia”.
Sentí un escalofrío.
Porque alguien nos estaba vigilando.
Y sabía exactamente quién era yo.
Miré a Renee.
—¿Cuándo empezaste a recibir amenazas?
Ella guardó silencio.
Demasiado tiempo.
—Desde antes de conocerte.
Entonces entendí algo.
La llamada de las 2:07 a.m. no había sido un simple error.
Alguien había permitido que ese teléfono llegara hasta mí.
Alguien necesitaba que yo estuviera allí.
Pero la pregunta era:
¿Me habían elegido para proteger a Renee…
o me habían llevado hasta ella porque yo también formaba parte del plan?