PARTE 2: LA LLAMADA QUE CAMBIÓ MI CAZA

—¿Mamá?

La voz era apenas un susurro.

Me quedé completamente inmóvil.

Durante cuatro años había imaginado cientos de veces cómo sonaría la voz de Lily.

Pero nunca pensé que la escucharía así.

—¿Lily?

Hubo un sollozo al otro lado.

—Mamá… por favor ayúdame.

Me levanté de mi escritorio tan rápido que la silla cayó al suelo.

—¿Dónde estás?

—No puedo decirte.

—Lily, escucha. Soy yo. Nadie puede hacerte daño.

—Papá no sabe que te llamé.

Mi corazón se detuvo.

—¿Jason está contigo?

—Sí.

—¿Y la mujer?

Silencio.

Entonces Lily susurró:

—Está aquí también.

Cerré los ojos.

La mujer de las perlas.

La mujer que había tomado el lugar que creía que me pertenecía.

—Lily, necesito que me digas dónde estás.

—En una casa grande. Hay árboles afuera. Creo que estamos lejos de la ciudad.

Escuché una puerta cerrarse al otro lado.

La respiración de Lily cambió.

—Mamá, tengo que esconder el teléfono.

—Antes de que lo hagas, dime una cosa.

—¿Qué?

—¿Por qué me llamaste después de tantos años?

La niña tardó varios segundos en responder.

—Porque encontré algo en la habitación de papá.

Mi pulso se aceleró.

—¿Qué encontraste?

—Una caja con fotografías de la abuela.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Qué fotografías?

—Fotografías de antes del accidente.

Entonces escuché una voz adulta a lo lejos.

—¡Lily!

Ella se quedó callada.

—Mamá, tengo miedo.

—Escúchame. No salgas de donde estás. Quédate escondida.

—Mamá…

—Voy a encontrarte.

La llamada terminó.

Me quedé mirando el teléfono.

Durante cuatro años había buscado a Jason.

Había comprado empresas relacionadas con sus socios.

Había rastreado transferencias.

Había reconstruido cada movimiento financiero que hizo después de abandonar nuestro matrimonio.

Pero nunca había encontrado a Lily.

Ahora ella acababa de abrir una puerta que llevaba cuatro años cerrada.

—Señora Carter —dijo mi jefe de seguridad desde la puerta—. ¿Qué ocurrió?

Levanté la mirada.

—Encontramos a Lily.

Todos quedaron en silencio.

—Quiero saber dónde está esa llamada. Ahora.

Veinte minutos después, mi equipo logró localizar una zona aproximada.

No era suficiente para entrar.

Pero sí suficiente para empezar.

Entonces recibí otro mensaje.

No era de Lily.

Era una fotografía.

La caja que había mencionado.

Dentro había documentos, fotografías y una pequeña libreta.

La abrí digitalmente.

En la primera página aparecía la letra de mi madre.

“Si algo nos ocurre, Emily debe saber la verdad.”

Me quedé helada.

Seguí leyendo.

La siguiente frase decía:

“Jason no está detrás de esto.”

Sentí que el mundo se inclinaba.

¿Entonces quién?

Pasé a la siguiente página.

Había una lista de nombres.

Uno estaba marcado varias veces.

El nombre de la mujer que había acompañado a Jason durante cuatro años.

Pero debajo aparecía otro nombre.

El de mi propio padre.

Mi padre.

El hombre que supuestamente había muerto conmigo aquella noche.

Miré la pantalla sin poder respirar.

Entonces mi jefe de seguridad entró corriendo.

—Señora Carter.

—¿Qué?

—Tenemos un problema.

—Habla.

Me mostró su teléfono.

Habían detectado movimiento en la cuenta bancaria que llevaba cuatro años congelada.

La cuenta secreta de mi padre.

Y acababa de recibir una transferencia de diez millones de dólares.

La transferencia provenía de una empresa que pertenecía a Jason.

Pero la fecha de creación de esa empresa era imposible.

Había sido registrada dos meses después del accidente.

Mi teléfono volvió a sonar.

Era Lily.

Contesté inmediatamente.

Esta vez no dijo “mamá”.

Solo susurró:

—Mamá, ya sé por qué papá nunca quiso que me encontrases.

—¿Por qué?

La respiración de mi hija tembló.

—Porque él sabe que tú no eres la verdadera heredera.

Entonces se escuchó un golpe.

Lily dejó escapar un pequeño grito.

Y la llamada se cortó.

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