PARTE 2: EL PRECIO DE LA VERDADERA HEREDERA

El grito de Serena atravesó todo el pasillo.

Mi abuela salió corriendo.

Los guardias se miraron entre sí y, por primera vez, dudaron.

Yo seguía conectada al monitor, intentando respirar mientras los latidos de mis bebés se escuchaban cada vez más débiles.

Entonces las puertas de la sala VIP se abrieron de golpe.

—¡Necesitamos un quirófano ahora! —gritó una enfermera.

Mi padre apareció detrás de ella.

Estaba pálido.

—¿Qué está pasando?

—La paciente está entrando en una emergencia. Su presión cayó bruscamente y no responde al tratamiento.

Mi madre llegó corriendo.

—¡Serena!

Lucas apareció detrás de ellos.

Había olvidado por completo que yo estaba en la habitación del fondo.

Hasta que escuchó al médico decir:

—Si no intervenimos inmediatamente, podemos perder al bebé.

Lucas se quedó inmóvil.

El mismo hombre que había dicho que mis hijos podían esperar ahora parecía incapaz de respirar.

—¿Qué bebé? —preguntó.

El médico lo miró confundido.

—El de Serena.

Lucas palideció.

Entonces una enfermera gritó desde mi habitación:

—¡Doctor! ¡Los latidos de los gemelos están cayendo todavía más!

Mi padre giró la cabeza.

Por primera vez, su mirada se cruzó con la mía.

Yo estaba acostada allí, sola, con una mano sobre mi vientre.

No le pedí ayuda.

No dije una palabra.

Mi padre dio un paso hacia mí.

—Sofía…

Levanté la mano.

—No.

Mi voz salió débil, pero firme.

—Ya elegiste.

El rostro de mi padre se contrajo.

—No sabía que la situación era tan grave.

Sonreí.

—El monitor lleva veinte minutos gritándolo.

Mi madre comenzó a llorar.

—Hija, por favor…

—No me llames hija ahora.

Silencio.

Entonces el cirujano entró corriendo.

—Necesitamos operar inmediatamente.

Miró a los guardias.

—¡Salgan!

Mi abuela intentó detenerlo.

—Doctor, usted no entiende…

—¡Entiendo perfectamente! —respondió—. Y si alguien vuelve a interferir, llamaré a seguridad y presentaré un informe por obstrucción médica.

Los guardias bajaron los bastones.

La puerta se cerró.

Mientras me preparaban para el quirófano, escuché a Lucas discutir con mi padre en el pasillo.

—¡¿Qué está pasando?!

—¡Cállate! —respondió mi padre.

Entonces llegó una frase que nadie esperaba.

—¡La familia Sterling no puede perder a dos herederos!

Dos herederos.

No mis hijos.

Herederos.

Cerré los ojos.

Ahí estaba la verdad.

Nunca habían tenido miedo de perderme.

Tenían miedo de perder lo que había dentro de mí.

El anestesista se acercó.

—Sofía, necesito que respire profundamente.

Asentí.

Antes de cerrar los ojos, miré el monitor.

Dos pequeños corazones seguían luchando.

—Aguanten —susurré—. Mamá está aquí.

La operación comenzó.

Horas después, dos llantos llenaron el quirófano.

Primero un niño.

Después una niña.

El cirujano sonrió.

—Ambos están vivos.

Cuando desperté, mi padre estaba sentado junto a la ventana.

Tenía los ojos rojos.

A su lado había dos cunas.

Mis gemelos dormían tranquilamente.

Lucas estaba de pie al fondo de la habitación.

Parecía diez años mayor.

—Sofía…

No respondí.

Se acercó.

—Me equivoqué.

Lo miré.

—No.

Sacudí lentamente la cabeza.

—Te equivocaste muchas veces. Esto fue una elección.

Lucas bajó la mirada.

Entonces mi padre colocó una carpeta sobre la cama.

—Hay algo que necesitas saber.

Abrí la carpeta.

Dentro había documentos antiguos.

Registros de nacimiento.

Informes médicos.

Y una prueba genética.

Mi nombre aparecía junto a una frase que me dejó completamente inmóvil.

SERENA STERLING NO ES LA HIJA BIOLÓGICA DE LA FAMILIA STERLING.

Levanté lentamente los ojos.

Mi padre no pudo sostenerme la mirada.

—Tu abuela lo sabía.

—¿Desde cuándo?

Mi padre tragó saliva.

—Desde que Serena regresó.

El sistema apareció en mi mente una última vez.

“Objetivo principal identificado.”

“Advertencia: la verdadera amenaza no era Serena.”

“¿Desea conocer quién organizó su regreso?”

Miré a mi familia.

Y entonces apareció un nombre en la pantalla.

El nombre de la persona que había preparado todo desde el principio.

Mi propia abuela.

La mujer que acababa de intentar quitarme a mis hijos.

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