PARTE 2: CUANDO ADRIAN DESCUBRIÓ QUE YA NO SERÍA SU COPILOTO, DEJÓ DE SONREÍR

Adrian miró el asiento vacío.

Luego al director Collins.

—¿Dónde está Claire?

Collins dejó los documentos sobre la consola.

—Ya no forma parte de tu tripulación.

Adrian soltó una risa incrédula.

—¿Qué significa eso?

—Capitana Claire Bennett. Desde hoy comandará la ruta T028.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—No puede ser.

Collins señaló la carta.

—Ella aceptó el ascenso ayer.

Adrian tomó el documento.

Leyó la primera página.

Después la segunda.

Su mandíbula se tensó.

—¿Por qué no me dijo nada?

Collins lo miró con calma.

—Tal vez porque ya no tenía nada que decirte.

Adrian apretó el papel.

—Necesito hablar con ella.

—No está aquí.

—¿Dónde está?

—Volando.

Adrian sacó inmediatamente su teléfono.

La llamó.

Una vez.

Dos.

Tres.

Claire no respondió.

Entonces llegó un mensaje.

“Estoy ocupada. Hablaremos cuando aterrice.”

Adrian se quedó mirando la pantalla.

Durante cinco años había sabido exactamente dónde estaba Claire.

En el asiento de al lado.

En el hotel.

En casa.

En su vida.

Ahora no sabía ni siquiera cuándo volvería a verla.

Y aquello empezó a incomodarlo.

Durante el vuelo, cometió errores pequeños que jamás habría cometido antes.

Confundió una frecuencia.

Olvidó una instrucción.

Incluso tuvo que repetir una comprobación.

El primer oficial lo miró con preocupación.

—Capitán, ¿está bien?

Adrian no respondió.

Solo miró por la ventana.

Pensó en Claire.

En su silencio.

En la noche anterior.

En la pulsera que ella había rechazado.

Entonces recordó algo que nunca había querido admitir.

Claire había dejado de discutir con él.

Y eso era mucho más peligroso que cualquier pelea.

Cuando aterrizó, encontró cuarenta y siete llamadas perdidas.

Todas de Sabrina.

Contestó.

—¿Qué pasa?

—Adrian, tenemos que hablar.

—Ahora no.

—Es importante.

—Estoy ocupado.

Sabrina guardó silencio unos segundos.

—¿Es por Claire?

Adrian cerró los ojos.

—No sé.

—Ella ya no vuela contigo, ¿verdad?

—¿Cómo lo sabes?

La voz de Sabrina cambió.

—Porque Collins llamó esta mañana.

Adrian se quedó inmóvil.

—¿Y por qué te llamó a ti?

Silencio.

Demasiado largo.

—Sabrina.

—No quería que lo descubrieras así.

—¿Descubrir qué?

Ella respiró profundamente.

—La foto que publiqué.

Adrian apretó el teléfono.

—¿Qué pasa con ella?

—La subí para provocar a Claire.

Él dejó de caminar.

—¿Qué?

—Estaba enfadada contigo. Quería demostrarle que todavía podía recuperarte.

Adrian sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Y la pulsera?

—La compraste tú para mí.

Silencio.

—¿Entonces por qué dijiste que era de “alguien especial”?

Sabrina tardó en responder.

—Porque quería que Claire pensara que habíamos vuelto.

Adrian miró el pasillo vacío del aeropuerto.

Por primera vez comprendió algo terrible.

Claire no se había marchado por una aventura.

Se había marchado porque él había permitido que otra mujer destruyera la confianza que ella tenía en él.

—¿Dónde está Claire ahora? —preguntó.

Sabrina respondió:

—No lo sé.

Adrian colgó.

Sacó nuevamente el documento de ascenso.

En la última página aparecía la firma de Claire.

Debajo había una frase escrita a mano:

“A partir de hoy, mi carrera ya no dependerá de ningún hombre.”

Adrian la leyó tres veces.

Entonces recibió otro mensaje.

Esta vez era de Collins.

“Capitana Bennett acaba de solicitar que todas sus futuras rutas sean independientes. También pidió que no la asignemos contigo bajo ninguna circunstancia.”

Adrian se quedó completamente quieto.

Porque finalmente entendió que Claire no estaba intentando darle una lección.

Había empezado una vida en la que él ya no tenía un asiento reservado.

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