PARTE 2: CINCO MINUTOS DESPUÉS, MI ESPOSO DESCUBRIÓ QUIÉN ERA REALMENTE SU “ESPOSA”

Pulsé el nombre del abogado.

Andrey soltó una carcajada.

—No vas a hacerlo.

Levanté la mirada.

—Ya lo hice.

La llamada comenzó a sonar.

Por primera vez, la sonrisa de Oksana desapareció.

—Natasha, no seas ridícula —dijo la madre de Andrey—. Esta es una cena familiar.

—Exactamente —respondí—. Y mi familia acaba de ser humillada en mi propia casa.

Mi padre bajó la mirada.

Mi madre seguía intentando limpiar su blusa.

Eso fue lo que terminó de convencerme.

No iba a permitir que siguieran sintiéndose avergonzados por algo que no habían hecho.

Mi abogado respondió al segundo tono.

—¿Natasha?

—Necesito iniciar el divorcio.

Andrey se levantó de golpe.

—¡Cuelga!

No lo hice.

—Y necesito que prepares una lista completa de los bienes que he financiado durante nuestro matrimonio.

El silencio cayó sobre la mesa.

Oksana frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

La miré.

—Significa que probablemente deberías dejar de gastar mi dinero.

Su rostro perdió color.

Andrey se quedó inmóvil.

—¿Tu dinero?

Solté una pequeña risa.

—¿De verdad creías que la casa era tuya?

Nadie habló.

—La casa está registrada a tu nombre —dijo Andrey.

—Sí.

Hice una pausa.

—Pero la hipoteca inicial, las renovaciones, los vehículos, las inversiones y prácticamente todo lo que tu familia disfruta salieron de mis cuentas.

Su madre dejó lentamente la taza sobre la mesa.

—Eso no puede ser.

—Claro que puede.

Saqué una carpeta que llevaba semanas preparando.

La dejé sobre la mesa.

—Cada transferencia. Cada factura. Cada viaje. Cada regalo. Cada pago de tarjeta.

Oksana miró la carpeta como si pudiera incendiarse.

—¿Me estás acusando de algo?

—No. Te estoy mostrando cuánto costó mantener tu estilo de vida.

Andrey abrió la carpeta.

Pasó una página.

Luego otra.

Su rostro cambió.

—Natasha…

—Sigue leyendo.

Encontró los pagos de sus tarjetas.

Los viajes de su madre.

El alquiler de un apartamento para Oksana.

Incluso las cuotas del automóvil que ella presumía como suyo.

—Esto no significa nada —dijo finalmente.

Mi abogado habló por el altavoz.

—En realidad, señor Andrey, significa bastante.

Andrey levantó la cabeza.

—¿Quién es usted?

—El abogado que representará a Natasha en el divorcio.

Su rostro se endureció.

—Esto es una locura.

—No —respondí—. La locura fue pensar que iba a seguir financiando a personas que se ríen mientras humillan a mis padres.

Oksana se levantó.

—¡Yo no sabía que ella pagaba todo!

La miré.

—Lo sabías.

—¡No!

—La semana pasada me llamaste para pedir otros ocho mil dólares para un bolso.

Se quedó muda.

—Y te los di.

Miré a Andrey.

—Porque pensé que eras mi familia.

Mi madre me tomó suavemente del brazo.

—Hija, vámonos.

Asentí.

Pero antes de salir, miré una última vez la mesa.

—La Navidad terminó.

Andrey corrió detrás de mí hasta el vestíbulo.

—Natasha, espera.

Me detuve.

—¿Qué?

Su voz había cambiado.

Ya no sonaba arrogante.

Sonaba desesperada.

—Podemos arreglar esto.

—No.

—No puedes destruir siete años por una discusión.

Lo miré fijamente.

—No fueron siete años.

Señalé hacia el comedor.

—Fueron siete años pagando para que tu familia pudiera tratar a la mía como basura.

Andrey tragó saliva.

—¿Y qué quieres?

—Nada.

Saqué las llaves de la casa y las dejé sobre la consola.

—Quiero que te quedes con todo lo que realmente creías que tenías.

Sus ojos se abrieron.

—¿La casa?

—La casa.

—¿El coche?

—El coche.

—¿Entonces qué estás haciendo?

Sonreí.

—Dejándote una deuda.

Su expresión cambió.

—¿Qué deuda?

Miré hacia el comedor.

—La que tienes conmigo.

Salí con mis padres.

Pero cuando cerré la puerta, mi teléfono vibró.

Era mi abogado.

“Natasha, acabo de revisar los documentos. Hay un problema mucho mayor.”

Fruncí el ceño.

“¿Qué problema?”

La respuesta llegó unos segundos después.

“Andrey no solo gastó tu dinero. Durante los últimos tres años transfirió acciones de tu empresa a una sociedad que pertenece a su familia.”

Me quedé completamente quieta.

Mi padre me miró.

—¿Qué pasa?

Levanté la vista.

—Creo que la cena de Navidad acaba de convertirse en algo mucho más grande.

Porque mi esposo no solo había permitido que su familia me humillara.

También había estado intentando robarme la empresa que yo había construido desde cero.

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