PARTE 2: ADRIÁN DESCUBRIÓ DEMASIADO TARDE A QUIÉN HABÍA ABANDONADO

Adrián recibió el sobre a las nueve de la mañana.

Estaba desayunando con Camila cuando su abogado lo dejó sobre la mesa.

—Lo envió Valeria.

Adrián sonrió.

—¿Ya se fue?

—Eso parece.

Abrió el sobre.

Primero vio el divorcio firmado.

Después, la confirmación bancaria de los veintiocho millones.

Y finalmente la nota.

“Gracias por venderme lo único valioso que tenías.”

Adrián soltó una carcajada.

—Qué dramática.

Camila tomó el papel.

—Por fin terminó.

Entonces el teléfono de Adrián comenzó a sonar.

Era su director financiero.

—Señor Gray, tenemos un problema.

—¿Qué problema?

—Blue Meridian acaba de retirar todas sus posiciones de nuestro grupo.

Adrián dejó de sonreír.

—¿Qué dijiste?

—Todos los fondos. Las líneas de crédito. Las garantías.

Camila palideció.

—¿Cuánto dinero estamos hablando?

El hombre respiró profundamente.

—Más de mil cuatrocientos millones de dólares.

Adrián se levantó lentamente.

—¿Quién autorizó la retirada?

—La señora Sterling.

El silencio fue absoluto.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué señora Sterling?

—Valeria Sterling.

El vaso de Camila cayó sobre la mesa.

Adrián se quedó inmóvil.

—Eso es imposible.

—No, señor. Es completamente legal.

—Valeria no tiene ese dinero.

—Entonces nunca conoció realmente a su esposa.

La llamada terminó.

Adrián miró a Camila.

Por primera vez, ella parecía asustada.

—¿Qué significa Sterling? —preguntó.

Adrián no respondió.

Recordó todas las veces que Valeria había desaparecido durante horas.

Las reuniones que nunca explicó.

Los documentos financieros que aparecían resueltos milagrosamente.

Las ocasiones en que su empresa evitó la quiebra sin que él descubriera quién había intervenido.

Siempre había pensado que era suerte.

Ahora entendía.

Había sido ella.

Su esposa.

La mujer a la que acababa de llamar una carga.

Camila intentó tranquilizarlo.

—Adrián, no importa. Tú tienes el grupo Gray.

Él la miró.

—¿Y si ya no?

En ese instante entró su abogado.

Traía varios documentos.

—Señor Gray, hay algo más.

Adrián tomó la carpeta.

—¿Qué?

—El acuerdo de divorcio incluye una cláusula que usted firmó.

Su rostro perdió color.

—¿Cuál?

—Los veintiocho millones fueron entregados como compensación final. Pero todos los activos previamente financiados por capital externo permanecen sujetos a auditoría.

Adrián levantó la mirada.

—¿Y quién controla esa auditoría?

El abogado tragó saliva.

—Valeria.

Camila se puso de pie.

—Eso no puede ser.

El abogado la miró.

—La familia Sterling acaba de asumir el control del consejo de Blue Meridian.

Adrián cerró los ojos.

Entonces comprendió por qué Valeria había aceptado el cheque tan rápido.

No había comprado su libertad.

Había comprado su salida.

Y él mismo había firmado el recibo.

Mientras tanto, en el hospital, mi padre entró en mi habitación.

—Los médicos dicen que los niños están estables.

Asentí.

—¿Y el abogado?

—Esperando.

—Bien.

Mi padre se sentó frente a mí.

—¿Quieres destruir a los Gray?

Miré hacia la ventana.

Durante siete años había protegido a Adrián de enemigos, crisis y escándalos.

Ahora no quería destruirlo.

Quería que viviera con las consecuencias.

—No.

Mi padre arqueó una ceja.

—Entonces, ¿qué quieres?

Miré las fotografías de mis hijos.

—Quiero que nadie vuelva a decidir cuánto valen.

Mi padre sonrió.

—Entonces mañana empezamos.

En ese momento llegó un mensaje.

Era de Adrián.

Solo decía:

“Valeria, necesito verte. Por favor.”

Lo leí una vez.

Después bloqueé su número.

Porque por primera vez, Adrián no estaba intentando recuperar a su esposa.

Estaba intentando recuperar el imperio que su esposa había estado sosteniendo en secreto.

Y todavía no sabía que había una última cosa que yo pensaba quitarle.

Su apellido.

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