Me quedé mirando aquel mensaje durante varios segundos.
“No confíes en tu suegra.”
Después llegó otro.
“Ella no quiere que Daniel vuelva contigo. Quiere que termine el ritual.”
Sentí un escalofrío.
Entonces llamaron a la puerta.
Era Margaret.
—Claire, ¿cómo te sientes?
Guardé el teléfono.
—Mejor.
Ella entró con una bolsa de medicamentos y miró mi espalda.
—Mañana será el tercer día. Debes aguantar.
—¿Qué ocurre si no termino?
Margaret se quedó quieta.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
—Nada. El ritual simplemente pierde efecto.
Mentía.
Lo supe por sus ojos.
Esa noche esperé hasta que se marchó y revisé nuevamente las fotografías.
Las manchas negras de Lily habían aumentado.
Después recibí una llamada.
—Claire, escucha con atención —dijo una voz de hombre—. Soy Julián. Conocí a tu abuela.
Me incorporé.
—¿Cómo sabes quién soy?
—Porque ella me pidió que vigilara a tu familia.
Sentí que el aire desaparecía.
—¿Qué es el ritual de los siete días?
Hubo silencio.
—No es para recuperar maridos.
Miré hacia la puerta.
—Entonces, ¿para qué sirve?
—Para transferir una deuda.
—¿Qué deuda?
—La deuda de alguien que intenta matar a otra persona.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—Daniel.
—Sí.
—¿Y Lily?
—También.
Comprendí entonces por qué las manchas habían aparecido sobre ellos.
Pero había algo que no encajaba.
—¿Por qué mi suegra conoce el ritual?
Julián bajó la voz.
—Porque fue ella quien lo inició hace veinte años.
—¿Contra quién?
No respondió inmediatamente.
—Contra tu madre.
Sentí que las piernas me fallaban.
Mi madre había muerto cuando yo era niña.
Siempre me dijeron que había sido una enfermedad repentina.
Julián continuó:
—Tu madre sobrevivió al ritual. Pero nunca perdonó a Margaret.
La puerta se abrió de repente.
Margaret estaba allí.
Mirándonos.
Había escuchado todo.
Su rostro ya no tenía aquella expresión amable.
—Cuelga.
No obedecí.
Margaret dio un paso hacia mí.
—Tu madre rompió las reglas.
—¿Qué reglas?
Ella sonrió.
—Nunca debiste descubrirlo.
Entonces mi teléfono vibró.
Un mensaje de Daniel.
“Claire, necesito verte.”
Debajo apareció otro.
“Lily está desaparecida.”
Levanté la mirada hacia Margaret.
Ella estaba demasiado tranquila.
Y entonces comprendí algo mucho peor:

Si Lily había desaparecido justo cuando las manchas comenzaron a cubrir su cuerpo, quizá el verdadero objetivo del ritual nunca había sido Daniel.
Era yo.
Y todavía faltaban cuatro días.