PARTE 2: LA ESPOSA LEGAL ACABABA DE DESPERTAR

Ethan palideció.

—Clara, espera.

Guardé el certificado en mi bolso.

—No.

—Podemos hablar en privado.

—Durante tres años hablaste en privado con otra mujer mientras yo pagaba tus cuentas. Ya no tenemos nada que hablar.

Victoria cruzó los brazos.

—¿Realmente crees que puedes reclamar algo? Ethan es un comandante. Todo lo importante está a su nombre.

Sonreí.

—Eso es exactamente lo que vamos a comprobar.

Saqué otro documento.

El contrato de matrimonio.

Después, una copia de nuestras declaraciones financieras de los últimos tres años.

—¿Recuerdas cuando me pediste que firmara esos documentos porque supuestamente necesitabas demostrar que no tenías bienes importantes?

Ethan dejó de respirar por un instante.

—Clara…

—Los conservé todos.

El soldado de guardia bajó lentamente la mirada.

Yo continué:

—También tengo los recibos de cada transferencia que hice a tus cuentas.

Victoria miró a Ethan.

—¿Qué está diciendo?

Él no respondió.

—Vendí el reloj de mi padre para pagar tu tratamiento —dije—. Utilicé mis ahorros para cubrir tus supuestas deudas familiares. Y durante todo ese tiempo tú vivías con acceso a una cuenta que recibía dinero del ejército.

Ethan dio un paso hacia mí.

—Eso no es lo que parece.

—Entonces será muy fácil explicarlo ante un auditor.

Su rostro cambió.

Por primera vez, el hombre que había conocido durante tres años parecía realmente asustado.

Victoria se acercó a él.

—Ethan, dile algo.

Él no la miró.

—¿Dónde conseguiste esos documentos?

—De donde siempre estuvieron.

Levanté mi teléfono.

—En nuestra cuenta compartida.

Victoria se quedó inmóvil.

—¿Nuestra cuenta?

—Sí.

Miré directamente a Ethan.

—La misma cuenta que utilizaste para pagar el alquiler del apartamento donde vivías con ella.

Silencio.

Un segundo después, un vehículo militar se detuvo frente al cuartel.

Dos oficiales descendieron.

Uno de ellos caminó directamente hacia Ethan.

—Comandante Blackwood.

Ethan se enderezó.

—¿Qué ocurre?

El oficial sostuvo una carpeta.

—Tenemos órdenes de revisar determinados movimientos financieros relacionados con su unidad.

Ethan miró la carpeta.

Después me miró a mí.

Entendió.

Yo no había venido al cuartel para suplicar una licencia médica.

Había venido buscando la verdad.

Y ahora la verdad había venido por él.

Victoria retrocedió.

—Ethan…

Él intentó tomarle la mano.

Ella la apartó.

—No me dijiste que estaban investigando tus cuentas.

Ethan cerró los ojos.

Yo di un paso atrás.

—No te preocupes —dije—. Ya no tienes que fingir conmigo.

Me di la vuelta.

Pero antes de llegar a la puerta, escuché al oficial decir:

—Hay una cosa más, comandante.

Me detuve.

—La investigación también incluye los documentos presentados para su matrimonio.

Ethan levantó la cabeza.

El oficial abrió la carpeta.

—Porque encontramos una segunda declaración matrimonial registrada a nombre de otra mujer.

Victoria dejó de respirar.

Yo giré lentamente.

—¿Segunda declaración matrimonial?

El oficial miró a Ethan.

—Sí.

Luego miró a Victoria.

—Y su firma aparece en ambos documentos.

El silencio fue absoluto.

Ethan había mentido durante tres años.

Pero aparentemente había mentido mucho más de lo que yo imaginaba.

Y esta vez…

No era solamente mi matrimonio lo que estaba a punto de perder.

Era todo su rango.

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