Eleanor me miró durante varios segundos.
—¿Quieres que celebre?
Asentí.
—Quiero que se sienta completamente seguro.
Sacó una carpeta negra de debajo del asiento.
—Entonces será mejor que veas esto.
La abrí.
Mi nombre aparecía en la primera página.
Debajo había registros bancarios, transferencias, contratos y copias de documentos que Julian jamás habría querido que yo viera.
—¿Cuándo conseguiste todo esto?
—Mientras estabas en prisión.
Pasé las páginas lentamente.
Había algo que me llamó especialmente la atención.
Una transferencia de 850.000 dólares.
El dinero había salido de una cuenta de la empresa tres días antes de mi arresto.
El destinatario era una clínica privada.
Y el concepto decía:
“Procedimiento médico de Victoria Hayes”.
Levanté la mirada.
—¿Victoria realmente perdió un bebé?
Eleanor negó con la cabeza.
—No existe ningún registro de embarazo.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
Durante dos años había cargado con una culpa que nunca me perteneció.
—Entonces, ¿qué ocurrió aquella noche?
Eleanor deslizó otra fotografía sobre la carpeta.
Era una cámara de seguridad.
Victoria aparecía caminando perfectamente por el estacionamiento después del supuesto accidente.
Sin heridas.
Sin dolor.
Sin ambulancia.
Y lo más importante…
La fecha era exactamente la misma noche en que Julian aseguró ante el tribunal que Victoria había sufrido el aborto.
—Esto no termina con tu exmarido —dijo Eleanor—. Hay médicos, abogados y funcionarios involucrados.
Miré nuevamente la fotografía.
—Entonces no quiero destruir solamente a Julian.
—¿Qué quieres?
Cerré la carpeta.
—Quiero que todos ellos piensen que sigo sin tener pruebas.
Eleanor sonrió.
—Ahora estás pensando como antes.
El viernes por la noche recibí una invitación inesperada.
La boda de Julian y Victoria.
No habían aprendido nada.
Querían casarse públicamente y convertir su victoria en espectáculo.
Acepté.
A las ocho en punto, las puertas del salón se abrieron.
Julian estaba junto al altar.
Victoria llevaba un vestido blanco cubierto de cristales.
Los invitados comenzaron a murmurar cuando me vieron entrar.
Julian perdió la sonrisa.
Victoria palideció.
Caminé hasta el centro del salón con Eleanor detrás de mí.
—Genevieve —dijo Julian—. ¿Qué haces aquí?
Sonreí.
—Vine a felicitarte.
—Esto es una boda privada.
—Lo sé.
Saqué un sobre de mi bolso.
—Por eso traje mi regalo.
Julian frunció el ceño.
—No necesito nada de ti.
—Todavía no sabes qué contiene.
Abrí el sobre.
Dentro había una copia del informe médico.
Victoria dejó escapar un pequeño sonido.
Julian lo reconoció inmediatamente.
—Eso es falso.
—¿Seguro?
Le entregué el documento al juez que presidía la ceremonia.
—Entonces pregúntele al hospital.
El juez comenzó a leer.
Su expresión cambió.
—Aquí dice que el médico que firmó este informe falleció hace cuatro meses.
El salón quedó completamente en silencio.
Victoria miró a Julian.
Julian miró hacia la puerta.
Y entonces escuchamos sirenas afuera.
Eleanor se acercó a mi oído.
—Ya llegaron.
Sonreí.
Porque Julian todavía no sabía lo peor.
La policía no había venido por el supuesto aborto.
Había venido por el dinero que él había robado de su propia empresa.

Y el hombre que llevaba la orden de arresto era el mismo fiscal que había conseguido mi condena dos años atrás.
Esta vez, sin embargo…
Yo estaba del lado de la verdad.