PARTE 2: EL HIJO QUE MARCUS CREYÓ HABER PERDIDO

Marcus no se movió.

Durante unos segundos, parecía haber olvidado incluso cómo respirar.

Maya fue la primera en reaccionar.

—Olivia está mintiendo.

Ethan la miró.

—Entonces supongo que no tendrá ningún problema con una prueba de ADN.

Maya palideció.

Marcus giró lentamente hacia ella.

—¿Qué quisiste decir cuando dijiste que fue un accidente?

—Yo… estaba confundida.

—Te pregunté qué quisiste decir.

Por primera vez, Maya no encontró una respuesta.

Yo tomé la mano de Leo.

—Nos vamos.

Pero Marcus dio un paso hacia mí.

—Necesito saberlo.

—No necesitas nada.

—Olivia, por favor.

Aquella palabra me sorprendió más que cualquier orden.

El gran general Hale estaba suplicando.

—¿El niño nació después de que te fuiste?

Miré a Leo.

—Sí.

Marcus cerró los ojos.

Entonces Ethan habló.

—Y hay algo más que debería saber.

Sacó una carpeta del interior de su abrigo.

Marcus la miró.

—¿Qué es eso?

—El expediente médico de Olivia.

Mi exmarido frunció el ceño.

—¿Por qué lo tienes?

Ethan sostuvo su mirada.

—Porque cuando conocí a Olivia, ella todavía tenía miedo de los hospitales. Durante años creyó que nunca podría volver a ser madre.

Marcus tragó saliva.

—¿Y entonces?

Ethan abrió la carpeta.

—Entonces encontramos algo que los médicos anteriores no detectaron.

El rostro de Marcus cambió.

—¿Qué?

—El embarazo que perdió no fue el único.

Sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.

No quería volver a aquel pasado.

No allí.

No frente a Maya.

Pero Ethan continuó.

—Antes de conocerme, Olivia descubrió que estaba embarazada otra vez. Nadie lo sabía.

Marcus dio un paso atrás.

—Eso es imposible.

—No —respondí—. Lo imposible fue que tú nunca preguntaras.

Sus ojos se llenaron de algo que jamás había visto en él.

Miedo.

—¿Cuándo nació?

Miré a Leo.

—Seis años atrás.

Marcus hizo el cálculo.

Su rostro perdió completamente el color.

—Seis…

Leo levantó la cabeza.

—Mamá, ¿por qué ese señor parece enfermo?

Ethan se agachó junto a él.

—Porque acaba de descubrir algo que debería haber sabido hace mucho tiempo.

Marcus me miró fijamente.

—Olivia… ¿Leo es mi hijo?

No respondí.

Ethan cerró la carpeta.

—La respuesta está en la prueba que ya solicitó.

Marcus respiró profundamente.

—Quiero hacerla ahora.

—La haremos —dije—. Pero no por ti.

Maya se adelantó.

—¡Marcus, no puedes creerles!

Él se volvió hacia ella.

—Cállate.

Fue la primera vez que vi a Maya realmente asustada.

Marcus volvió a mirarme.

—Si es mío…

—No termines esa frase.

—Tengo derecho a—

—No —lo interrumpí—. Los derechos se construyen con responsabilidades. Tú abandonaste ambas.

Ethan me rodeó suavemente los hombros.

Nos alejamos.

Pero antes de entrar al automóvil, mi teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido.

Abrí la pantalla.

Solo había una fotografía.

Era una imagen antigua de Marcus sosteniendo a Maya frente a la base militar.

Debajo aparecía una fecha.

La misma fecha en que yo había perdido a mi bebé.

Y un mensaje:

“Si quieres saber quién empujó realmente a tu esposa por aquellas escaleras, pregúntale a Maya qué ocurrió después de que Marcus salió de la habitación.”

Levanté lentamente la mirada.

Maya seguía observándome desde la distancia.

Y esta vez, cuando nuestras miradas se cruzaron, ella no parecía arrogante.

Parecía aterrada.

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