No dije nada.
Conecté la memoria USB al ordenador de Ethan.
Mi padre se acercó.
—Claire, eso es privado.
Lo miré.
—Mi marido está muerto. Si dejó esto para mí, ahora me pertenece.
Abrí la primera carpeta.
Había fotografías.
Cuentas bancarias.
Registros de llamadas.
Contratos.
Y una lista de nombres.
El último me hizo olvidar cómo respirar.
Brandon.
Mi hermano.
—Esto es absurdo —dijo él rápidamente—. Ethan estaba paranoico.
Seguí leyendo.
Durante los últimos ocho meses, Ethan había transferido pequeñas cantidades a una cuenta que yo no conocía. No eran grandes sumas, pero todas terminaban en la misma entidad.
Una empresa propiedad de Brandon.
Mi madre palideció.
—Eso no significa nada.
Abrí el siguiente archivo.
Era un correo enviado por Ethan a un abogado.
“Creo que mi cuñado está utilizando información de mi empresa para ocultar movimientos financieros. Si me ocurre algo, investiguen también a mi familia política.”
Levanté la mirada.
Brandon dejó de hablar.
—¿Qué demonios es esto?
Mi padre se acercó al ordenador.
—Dame ese archivo.
Cerré la pantalla.
—No.
Entonces recordé la carta.
La abrí.
“Claire:
Si estás leyendo esto, significa que no pude protegerte.
Durante meses sospeché que alguien cercano estaba manipulando las cuentas de mi empresa y siguiendo nuestros movimientos.
Primero pensé que era un empleado.
Después descubrí que alguien había comprado información sobre nuestros seguros, nuestras inversiones y nuestras propiedades.
No confíes en nadie que te presione para cobrar rápidamente el seguro.
Especialmente si esa persona aparece antes de que se complete la investigación.”
Mis manos comenzaron a temblar.
Mi madre retrocedió.
—Eso no prueba nada.
—Todavía no.
Abrí la última carpeta.
Había una grabación de una cámara de seguridad.
La fecha correspondía a dos semanas antes del accidente.
Ethan salía de una oficina.
Y detrás de él aparecía Brandon.
Los dos discutían.
Subí el volumen.
La voz de mi hermano llenó la habitación.
—Si sigues investigando, vas a perderlo todo.
Ethan respondió:
—No voy a permitir que lastimes a Claire ni a Lily.
La grabación terminó.
Nadie habló.
Entonces mi padre dijo algo que me hizo levantar la cabeza.
—Eso está manipulado.
—¿Cómo sabes?
Mi padre no respondió.
Mi madre miró a Brandon.
Y Brandon la miró a ella.
Fue apenas un segundo.
Pero lo vi.
Ellos sabían algo.
—¿Qué hicieron? —pregunté.
Brandon negó con la cabeza.
—Nada.
—Entonces ¿por qué están tan asustados?
Mi teléfono vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
“Claire, no transfieras los 40.000 dólares.”
“Tu familia acaba de cometer un error.”
“Ethan dejó otra carpeta en una caja de seguridad.”
Mi corazón se aceleró.
Había una última línea:
“Y contiene el informe original del accidente.”
Miré a Brandon.
Él había leído mi expresión.
—¿Quién te está escribiendo?
No contesté.
Tomé las llaves del coche.
Mi madre intentó bloquearme el paso.
—¿A dónde vas?
—Al banco.
Brandon palideció.
—Claire, espera.
Me detuve.
—¿Por qué?

Él no respondió.
Y entonces comprendí que el verdadero miedo de mi hermano no era que yo descubriera cómo murió Ethan.
Era que descubriera quién estaba realmente dentro del coche con él aquella noche.