Mercedes se quedó mirando la carpeta roja como si acabara de aparecer una sentencia sobre la mesa.
Álvaro fue el primero en reaccionar.
—¿Qué significa esto?
Mateo ni siquiera lo miró.
—Significa que Nexo Quantum no firmará nada esta noche.
El presidente de Horizon levantó las cejas.
—Mateo, llevamos ocho meses negociando.
—Y acabamos de descubrir que llevábamos ocho meses negociando con la persona equivocada.
Álvaro palideció.
—¿Qué estás insinuando?
Mateo señaló a Clara.
—Que mi hermana es la propietaria del fondo que financió vuestra expansión. Y que acaba de retirar toda su inversión.
El silencio fue absoluto.
Clara abrió la carpeta.
Dentro había contratos, transferencias bancarias y correos electrónicos.
—Durante seis años dejé que mi marido creyera que mi floristería era mi único negocio —dijo con calma—. Fue un experimento bastante largo.
Álvaro tragó saliva.
—Clara, podemos hablar en privado.
—No.
Ella deslizó otro documento hacia él.
—Podemos hablar delante de todos.
Mercedes intentó intervenir.
—Esto es una locura. Tú no puedes destruir el futuro de tu propio marido por una discusión.
Clara la miró.
—No estoy destruyendo su futuro.
Pasó la página.
—Estoy retirando lo que es mío.
Entonces el teléfono de Mateo comenzó a reproducir automáticamente un archivo de audio.
La voz de Álvaro llenó el reservado.
—Cuando firme la operación, transferiremos el dinero a la cuenta de Dénia. Nadie sospechará.
Mercedes se quedó inmóvil.
Luego se escuchó otra voz.
La de Mercedes.
—¿Y Clara?
Álvaro respondió:
—Cuando la empresa esté a mi nombre, ya no necesitaremos su dinero.
Alguien dejó caer una copa.
Clara no apartó la mirada.
El audio continuó.
—Lo único importante es conseguir que firme los documentos antes de que descubra quién está detrás.
Álvaro se levantó bruscamente.
—¡Eso está manipulado!
Mateo pulsó pausa.
—Tenemos el archivo original, metadatos y una copia certificada.
La directora jurídica colocó otro documento delante de Álvaro.
—Y esto acaba de llegar del registro mercantil.
Álvaro lo tomó.
Sus manos empezaron a temblar.
Clara lo observó en silencio.
—¿Sabes qué es lo más triste?
Él levantó la mirada.
—Que durante seis años esperé que algún día me preguntaras quién era realmente.
—Clara…
—Nunca lo hiciste.
Se quitó lentamente el anillo de matrimonio y lo dejó sobre la mesa.
—Así que hoy dejo de esperar.
Álvaro parecía incapaz de respirar.
—¿Quieres divorciarte?
Clara sonrió con una tranquilidad absoluta.
—Ya lo solicité esta mañana.
En ese instante, el presidente de Nexo Quantum recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos y después miró a Álvaro.
—La junta acaba de aprobar nuestra retirada completa del acuerdo con Grupo Aristeo.
Álvaro cerró los ojos.
Pero entonces Mateo añadió:
—Y hay algo más.
Clara lo miró.
Su hermano dejó sobre la mesa una última carpeta.
En la portada había una fotografía tomada seis años atrás.
Clara la reconoció inmediatamente.
Era ella.
El día que se casó con Álvaro.
Pero al fondo aparecía un hombre que llevaba años creyendo muerto.
Clara dejó de sonreír.
—Mateo…

Él bajó la voz.
—Creo que deberías escuchar lo que este hombre dijo antes de desaparecer.
Y pulsó reproducir.