El avión se detuvo.
Las dos patrullas del sheriff permanecieron junto a la terminal.
No bajé inmediatamente.
Mi antiguo compañero, Ryan, miró por la ventanilla.
—No son escolta militar.
—Lo sé.
El segundo hombre de mi equipo, Cole, revisó su teléfono.
—Hay seis agentes esperando abajo.
—¿Arresto?
—No lo sé.
Guardé el teléfono en el bolsillo.
—Entonces vamos a descubrirlo.
Cuando bajé del avión, el sheriff Nathan Cole se acercó con cuatro agentes.
Lo reconocí de inmediato.
Era el hombre cuyo nombre aparecía en los documentos de Emily.
—Blake Dean —dijo—. Necesito que vengas conmigo.
—¿Por qué?
—Tenemos algunas preguntas sobre tu esposa.
Sentí que la sangre me hervía.
—Mi esposa está hospitalizada porque hombres entraron en mi casa y le rompieron las piernas.
Nathan ni siquiera pestañeó.
—Precisamente por eso.
Ryan dio un paso hacia delante.
—¿Tiene una orden?
Nathan lo ignoró.
—Señor Dean, no convierta esto en algo peor.
Entonces mi teléfono vibró.
Era la enfermera de St. Jude.
Contesté.
—¿Emily?
Su voz temblaba.
—Blake, tienes que escucharme. Acaba de entrar un hombre diciendo que es familiar de la paciente.
Miré a Nathan.
—¿Quién?
La enfermera guardó silencio.
—Cameron Voss.
Sentí que todo se detenía.
—¿Está dentro de la habitación?
—Sí.
Eché a andar.
Nathan intentó bloquearme.
—No puede entrar.
—Quítate.
—Es una orden.
Ryan se interpuso entre nosotros.
—Entonces muéstranos la orden.
Nathan se quedó callado.
Y ese silencio fue suficiente.
Tomé mi teléfono y llamé al general Hale.
—Ya estoy en Virginia. El sheriff intenta impedirme ver a mi esposa y Cameron Voss está dentro de su habitación.
La respuesta llegó inmediatamente.
—No entres solo.
—Entendido.
Colgué.
Entonces recibí otro mensaje.
No era de Cameron.
Era de Emily.
Solo había cuatro palabras:
“Blake, no confíes en Nathan.”
Levanté lentamente la mirada hacia el sheriff.
Nathan seguía frente a mí.
—¿Qué te dijo tu esposa? —preguntó.
Guardé el teléfono.
—Nada.
Él sonrió.
Pero fue una sonrisa demasiado rápida.
Demasiado nerviosa.
Y en ese momento comprendí que Cameron Voss quizá no era el verdadero peligro.
Porque alguien dentro de las fuerzas del orden había ayudado a entrar a mi casa.
Alguien había fotografiado la habitación de Emily.
Y ahora alguien estaba intentando mantenerme lejos de ella.
Entonces las puertas automáticas de la terminal se abrieron.
Tres agentes federales entraron.
El hombre que iba delante mostró una credencial.
—Blake Dean.
—Sí.
—Soy el agente especial Miller. Tenemos una orden federal.
Nathan retrocedió.
Miller levantó una carpeta.
—No es contra usted.
Miró directamente al sheriff.
—Es contra Nathan Cole.
El rostro del sheriff se quedó completamente blanco.
Y entonces Miller añadió:
—Y también tenemos una orden de registro para la oficina del sheriff.
Por primera vez desde que aterrizé, sentí que quizá Emily todavía tenía una oportunidad.
Pero antes de que pudiéramos movernos, el teléfono de Miller comenzó a sonar.
Escuchó durante diez segundos.
Luego levantó la mirada hacia mí.

—Señor Dean…
Su expresión había cambiado.
—Su esposa acaba de desaparecer de su habitación.