Adrian llegó al hospital sin recordar siquiera cómo había conducido hasta allí.
—¿Dónde está Sofía?
El asistente intentó detenerlo.
—Señor, primero debe tranquilizarse.
—¡Te pregunté dónde está!
Nadie respondió.
Finalmente, una agente se acercó con una carpeta.
—La encontramos anoche cerca del puerto. Estaba desorientada y había dejado sus pertenencias atrás.
Adrian sintió que las piernas le fallaban.
—¿Está viva?
—Sí.
Aquella sola palabra pareció devolverle el aire.
Pero había algo más.
La agente abrió la carpeta.
—Antes de desaparecer, la señora Sofía entregó esto a un abogado.
Dentro había documentos.
Informes médicos de Luna.
Autorizaciones firmadas.
Correos electrónicos.
Y una grabación.
Adrian reconoció su propia voz.
“Los médicos saben lo que hacen.”
Después apareció otra conversación.
Valeria le había insistido durante semanas para que autorizara el procedimiento que terminó perjudicando gravemente a Luna.
Adrian palideció.
—¿De dónde salió todo esto?
—La señora Sofía lo preparó antes de irse.
El abogado apareció detrás de la agente.
—Su exesposa dejó instrucciones muy claras.
Adrian lo miró.
—¿Exesposa?
—Ella presentó los documentos esta mañana.
El hombre sacó otro sobre.
—Y también renunció a cualquier derecho sobre sus bienes.
Adrian abrió el sobre con manos temblorosas.
El divorcio.
Firmado.
Sin una sola petición económica.
Sin reproches.
Solo una frase escrita al final:
“Ya no quiero formar parte de una vida en la que mi hija tuvo que competir por ser amada.”
Adrian cerró los ojos.
Por primera vez entendió que Sofía no había intentado castigarlo.
Simplemente había dejado de esperarlo.
Entonces su teléfono vibró.
Un mensaje.
Solo decía:
“Adrian, no me busques.”
Él respondió inmediatamente.
“Por favor, déjame explicarte.”
Los tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Finalmente llegó una respuesta.
“No quiero explicaciones.”
Adrian se quedó mirando la pantalla.
Luego llegó otro mensaje.
“Pero hay algo que debes saber.”
Su corazón se aceleró.
“Luna no murió por la razón que te dijeron.”
Adrian levantó la cabeza.
El abogado también había recibido el mensaje.
—¿Qué significa eso? —preguntó Adrian.
El hombre cerró lentamente su carpeta.
—Significa que alguien falsificó parte del expediente médico de su hija.
Adrian quedó completamente inmóvil.
Y entonces comprendió que la tragedia de Luna quizá no había sido un accidente.
Alguien había manipulado los documentos.

Alguien había querido que Sofía creyera que Adrian había elegido voluntariamente a Valeria.
Y ahora esa persona tenía un problema.
Porque Sofía había guardado una copia de todo.