Sophie se quedó inmóvil junto a la puerta trasera.
Nathan golpeó suavemente el volante.
—Victoria, basta.
—Este automóvil pertenece al Grupo Caldwell.
Lo miré.
—Yo decido quién sube.
Nathan palideció apenas.
Había olvidado ese detalle.
El Maybach había sido uno de los vehículos asignados a nuestro matrimonio por mi empresa.
Sophie retrocedió.
—Tomaré un taxi.
—Excelente idea.
Durante todo el trayecto Nathan permaneció en silencio.
Al llegar a casa de mis suegros, su madre, Eleanor Harrison, me abrazó inmediatamente.
Después miró detrás de nosotros.
—¿Dónde está Sophie?
Nathan frunció el ceño.
—¿También la invitaste?
Eleanor me soltó lentamente.
—Yo no.
Aquello me llamó la atención.
Durante la cena, Nathan apenas tocó la comida.
Finalmente Eleanor dejó los cubiertos.
—Victoria, necesito preguntarte algo.
Sacó una carpeta.
—¿Tú autorizaste esto?
Era una propuesta para transferir parte de Harrison Caldwell Technologies, nuestra empresa conjunta, a una nueva sociedad llamada Lane Strategic Holdings.
Lane.
Miré a Nathan.
—¿Sophie Lane?
Él se puso rígido.
—Es una reorganización corporativa.
Sonreí.
—Entonces explícame por qué necesitabas mi firma.
Nathan no respondió.
Porque yo poseía el 52% de aquella empresa.
Nathan controlaba el 28%.
El resto pertenecía a inversionistas privados.
Sin mi autorización, aquella transferencia era imposible.
Eleanor abrió otra página.
Allí estaba mi firma.
Perfectamente imitada.
—Yo nunca firmé esto.
El rostro de mi suegra cambió.
Nathan se levantó.
—Victoria, podemos hablar en privado.
—No.
Saqué mi teléfono y escribí a mi abogado.
“Congela cualquier operación relacionada con Lane Strategic Holdings.”
Nathan lo vio.
—No hagas ninguna estupidez.
—La estupidez ya la hiciste tú.
A la mañana siguiente comenzó la auditoría.
Y Sophie dejó de parecer una secretaria inocente.
Lane Strategic Holdings había sido creada nueve meses antes.
Había recibido pagos de tres subsidiarias Harrison.
También existían correos entre Nathan y Sophie discutiendo cómo reducir gradualmente mi participación después del divorcio.
Pero encontré algo todavía mejor.
El proyecto de Londres.
Nathan creía que yo había viajado allí únicamente para negociar una adquisición.
En realidad, durante la revisión previa nuestros auditores habían descubierto facturas infladas dentro de las empresas Harrison.
Más de cuarenta millones de dólares habían terminado en compañías intermediarias.
Una conducía directamente a Lane Strategic Holdings.
Cuando Nathan recibió los documentos de divorcio, apareció furioso en mi oficina.
—¿Estabas investigándome?
—No.
Deslicé una carpeta hacia él.
—Estaba investigando cuarenta y tres millones desaparecidos.
Abrió la primera página.
Su expresión se derrumbó.
—Sophie dijo que esas sociedades eran necesarias para reducir impuestos.
—Entonces deberías haber contratado mejores asesores.
—Ella manejaba los documentos.
—Y tú los firmabas.
Nathan guardó silencio.
Entonces comprendí algo.
—No sabes realmente quién es Sophie Lane.
Se rio.
—La conozco desde hace dos años.
—No pregunté cuánto tiempo llevas acostándote con ella.
Su rostro se endureció.
—Pregunté quién es.
Mi equipo había revisado su historial.
Sophie Lane no existía profesionalmente antes de cinco años atrás.
Su universidad no encontraba registros bajo ese nombre.
Dos empleadores anteriores negaban haberla contratado.
Incluso su número de identificación aparecía asociado a inconsistencias que requerían investigación.
Nathan tomó el teléfono.
Llamó.
Sophie no contestó.
Fue a su apartamento.
Vacío.
Su escritorio en Harrison Group también estaba vacío.
Aquella misma tarde, Eleanor me llamó.
—Victoria, ven inmediatamente.
Cuando llegué, mi suegra tenía una fotografía antigua sobre la mesa.
Mostraba a su difunto esposo, Charles Harrison, acompañado por una mujer joven.
Detrás aparecía una adolescente.
Reconocí aquellos ojos.
Sophie.
—¿Quiénes son?
Eleanor respondió:
—La mujer era Rebecca Lane.
Había trabajado durante años para Charles.
Después desapareció cuando una auditoría interna detectó dinero faltante.
Nathan entró detrás de mí.
Miró la fotografía.
—Eso es imposible.
Eleanor señaló a la adolescente.
—Sophie es su hija.
Entonces todo adquirió otra forma.
Sophie no había entrado en Harrison Group buscando simplemente a Nathan.
Había regresado a una familia con la que su madre tenía una historia financiera sin resolver.
Y Nathan, creyendo que había encontrado nuevamente el amor, le había entregado acceso a contratos, cuentas y sistemas internos.
Tres días después, mis abogados localizaron movimientos recientes vinculados a Lane Strategic Holdings.
Sophie había intentado retirar millones horas antes de desaparecer.
Pero una transferencia llamó especialmente mi atención.
No iba hacia una cuenta extranjera.
Iba hacia un fideicomiso creado dieciocho años antes.
Beneficiario:
Nathan Harrison.
Él me miró confundido.
—Nunca he visto ese fideicomiso.
Eleanor se quedó completamente blanca.
—Yo sí.
Nos volvimos hacia ella.
Mi suegra cerró los ojos.
—Charles lo creó después de que Rebecca quedó embarazada.
Silencio.
Nathan dejó caer los documentos.

Entonces comprendí por qué Eleanor había reconocido inmediatamente el nombre Lane.
Y por qué Sophie había elegido precisamente a Nathan.
Aquella mujer quizá no había regresado solamente para robar dinero o destruir nuestro matrimonio.
Había regresado para demostrar que el fundador del Grupo Harrison había dejado detrás un secreto que podía cambiar quién tenía realmente derecho a heredar todo el imperio.