PARTE 2: ESTA VEZ, EL SISTEMA NO ME DEVOLVIÓ A ADRIAN

Pensé que mi castigo sería permanecer junto a Adrian para siempre.

Me equivoqué.

Cuando cayó de rodillas y gritó mi nombre, apareció frente a mí una línea de luz que solo yo podía ver.

—Anfitriona —dijo el sistema—. Se ha detectado una anomalía.

—¿Qué anomalía?

—El objetivo ha desarrollado arrepentimiento extremo después del fracaso de la misión.

Solté una risa amarga.

—Qué conveniente.

Adrian apretaba entre las manos la nota que yo había dejado.

—Sofía…

Por primera vez parecía comprender que no podía ordenar que regresara.

No podía mandar un automóvil.

No podía utilizar médicos.

No podía decidir por mí.

—¿Eso significa que gané? —pregunté.

—No.

La respuesta del sistema fue inmediata.

—La misión consistía en conseguir su amor.

Miré a Adrian.

—Entonces perdí hace mucho tiempo.

Hubo un silencio.

Después apareció una segunda notificación.

CONDICIÓN OCULTA COMPLETADA: RENUNCIA VOLUNTARIA AL OBJETIVO.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué significa?

—Nunca existieron siete oportunidades para conseguir que Adrian te eligiera.

La voz perdió su tono mecánico.

—Existieron siete oportunidades para que tú dejaras de elegirlo a él.

Todo dentro de mí se detuvo.

Siete vidas.

Siete veces persiguiendo al mismo hombre.

Siete veces creyendo que el fracaso consistía en no ser amada.

Y el verdadero objetivo siempre había sido marcharme.

Miré alrededor.

—¿Y Luna?

Por primera vez, el sistema tardó en responder.

—Luna no está ligada a esta misión.

Sentí algo parecido a esperanza.

—¿Está aquí?

—No.

—Entonces ¿dónde?

Una luz cálida apareció frente a mí.

No vi sufrimiento.

No vi hospitales.

Solo escuché una pequeña risa que reconocería entre millones.

—Mamá.

Me giré.

Y allí estaba Luna.

No como la última vez que la había visto.

Sino sonriente.

Extendiendo sus pequeños brazos hacia mí.

Corrí hacia ella.

En cuanto la abracé, la cadena invisible que me mantenía junto a Adrian desapareció.

Abajo, Adrian seguía llamándome.

Pero su voz empezó a alejarse.

—¿Qué pasará con él? —pregunté.

—Vivirá con sus decisiones.

No hubo castigo sobrenatural.

No perdió mágicamente su fortuna.

No apareció ningún rayo para destruir su nueva vida.

Hubo algo mucho más sencillo.

Verdad.

La investigación sobre las decisiones médicas relacionadas con Luna fue revisada por profesionales independientes.

Adrian tuvo que responder preguntas que antes había evitado.

Valeria descubrió cuánto había ignorado para proteger la vida que quería construir.

Y la boda nunca continuó aquel día.

Adrian pasó mucho tiempo intentando encontrar una explicación que pudiera absolverlo.

No existía.

Años después volvió solo al lugar donde descansaban los recuerdos de Luna.

Dejó dos flores.

Una para ella.

Otra para mí.

—Lo siento —susurró.

Yo ya no estaba allí para escucharlo.

Eso era lo importante.

Porque durante siete vidas había esperado que Adrian finalmente pronunciara las palabras correctas.

Cuando por fin lo hizo, ya no eran necesarias.

Tomé la mano de Luna.

Frente a nosotras apareció una puerta.

—¿Qué hay detrás? —pregunté.

El sistema respondió por última vez:

—Una vida que no depende de que alguien te elija.

Miré a Luna.

Ella sonrió.

Y crucé.

Durante siete vidas creí que mi misión era conseguir el amor de Adrian.

Solo en la última comprendí que mi verdadera misión siempre había sido dejar de necesitarlo.

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