La ceremonia estaba a punto de comenzar cuando el asistente de Adrian entró corriendo.
—Señor Lancaster… encontraron a Emma.
Adrian sonrió con impaciencia.
—Entonces tráela.
El hombre no se movió.
—No puede venir.
La expresión de Adrian cambió.
Minutos después recibió la noticia de que Emma había muerto.
Por primera vez, dejó de mirar a Olivia.
—¿Y Luna?
Nadie respondió.
Yo permanecía a su lado, invisible.
Adrian todavía no sabía que Luna también había muerto.
Entonces apareció la doctora que había atendido a nuestra hija.
Llevaba una carpeta.
—Señor Lancaster, Emma dejó instrucciones para que estos documentos fueran entregados si algo le ocurría.
Adrian abrió la carpeta.
Informes médicos.
Autorizaciones.
Mensajes.
Y una grabación.
Mi voz llenó aquella habitación.
—Adrian, te dije que Luna estaba demasiado débil. Te supliqué que buscaras otra opción.
El rostro de Olivia perdió el color.
La doctora continuó:
—Había alternativas para tratar a mi paciente. Emma pidió tiempo para obtener otra opinión.
Adrian miró a Olivia.
—Tú dijiste que no había tiempo.
Ella retrocedió.
—Yo estaba intentando salvar a mi hijo.
—¿Y mi hija?
Silencio.
Adrian siguió pasando páginas hasta encontrar el certificado de Luna.
Sus manos comenzaron a temblar.
—No.
Finalmente comprendió que mientras preparaba una boda y llamaba a Emma para obligarla a contemplar su felicidad, ella estaba enfrentándose sola a la pérdida de su hija.
La ceremonia nunca ocurrió.
Olivia intentó acercarse.
Adrian retrocedió.
—No me toques.
Pero tampoco podía culparla de todo.
Él había firmado.
Él había ignorado mis súplicas.
Él había elegido no escuchar.
Durante semanas buscó mensajes antiguos, fotografías y videos de Luna.
En uno, nuestra hija reía mientras yo intentaba ponerle un pequeño gorro.
Adrian lo vio tantas veces que terminó sabiendo cada segundo de memoria.
—Emma —susurró una noche—, si puedes escucharme…
Yo estaba frente a él.
Podía escucharlo perfectamente.
—Lo siento.
Pero él nunca escucharía mi respuesta.
Entonces apareció el sistema.
—Anfitriona, la misión ha terminado. El vínculo será eliminado.
Miré a Adrian por última vez.
Ya no sentía amor.
Tampoco quería venganza.
Solo quería dejar de pertenecer a aquella historia.
—¿Qué ocurrirá con él?
—Vivirá con las consecuencias de sus decisiones.
Asentí.
Era suficiente.
Mientras mi figura comenzaba a desaparecer, Adrian levantó repentinamente la cabeza, como si hubiera sentido algo.
—Emma…
Por primera vez en siete vidas, no corrí hacia él.
No intenté conseguir que me eligiera.
Simplemente me marché.
Adrian había tardado siete vidas en comprender cuánto había perdido.
Yo necesité esas mismas siete para comprender algo mucho más importante:
mi libertad nunca había dependido de que él me amara.