PARTE 2: CUANDO DAMIAN LLEGÓ, YA HABÍA PERDIDO A LA ESPOSA Y AL HIJO QUE CREÍA QUE SIEMPRE LO ESPERARÍAN

Cuando Damian encontró la camioneta abandonada, yo apenas estaba consciente.

Lo último que recuerdo fue su voz gritando mi nombre y después el techo blanco de una ambulancia.

Desperté en el hospital horas más tarde.

Damian estaba sentado junto a mi cama.

Tenía la camisa manchada, los ojos rojos y las manos temblando.

—Isabella…

Intentó tocarme.

Aparté la mano.

—¿Dónde está mi hijo?

Su rostro se quebró.

No respondió.

No hacía falta.

Cerré los ojos.

Damian cayó de rodillas junto a la cama.

—Pensé que mentías. Pensé que querías obligarme a elegir por Elena.

Lo miré.

—Y elegiste.

—No sabía que era real.

—Pero sabías que podía serlo.

Aquello lo dejó sin palabras.

Entonces la puerta se abrió.

Elena estaba allí.

Había subido a la montaña con él y ahora permanecía en el pasillo, pálida.

—Damian…

Él se levantó automáticamente.

Ese pequeño movimiento terminó de destruir lo poco que quedaba entre nosotros.

Incluso entonces.

Incluso frente a la cama donde acabábamos de perder a nuestro hijo.

Su cuerpo seguía reaccionando primero a ella.

Sonreí con lágrimas en los ojos.

—Vete con Elena.

—Isabella, no.

—Tú mismo me explicaste las reglas.

Respiré con dificultad.

—Bajo tierra eres Adrian y la amas a ella. En la superficie eres Damian y me amas a mí.

Lo miré directamente.

—Pues Isabella ya no existe para ninguno de los dos.

Tres días después, mientras Damian perseguía a los responsables del secuestro, mi abogado llegó al hospital.

Firmé el divorcio.

Renuncié a todo lo que pudiera obligarme a mantener contacto con él.

Después desaparecí.

Cuando Damian regresó, encontró una habitación vacía.

Sobre la almohada había dejado únicamente mi anillo.

Durante meses utilizó cada contacto que tenía para buscarme.

Nada.

Entonces descubrió algo todavía peor.

El secuestro no había sido casual.

Uno de sus propios hombres había filtrado mis movimientos.

¿Y quién había tenido acceso indirecto a aquella información?

El administrador de la iglesia de Elena.

El terreno que Damian había comprado para protegerla estaba siendo utilizado por una organización rival para mover dinero sin levantar sospechas.

Elena no conocía toda la operación.

Pero sí sabía que ciertas personas peligrosas utilizaban la propiedad.

Y había guardado silencio porque temía perder la iglesia.

Cuando Damian lo descubrió, la miró durante mucho tiempo.

—¿Sabías que podían llegar hasta Isabella?

Elena comenzó a llorar.

—No pensé que fueran a hacerle daño.

Damian soltó una risa vacía.

Era exactamente la clase de explicación que él mismo había utilizado toda su vida.

No pensé.

No sabía.

No era mi intención.

Pero las consecuencias seguían existiendo.

El imperio que había construido empezó a desmoronarse después de aquello.

Damian abandonó el mundo clandestino, entregó información sobre varios negocios ilegales y vendió gran parte de sus propiedades.

Nunca volvió con Elena.

Pero tampoco volvió conmigo.

Cinco años después me vio por casualidad en Florencia.

Yo salía de una pequeña librería.

Tenía otro apellido.

Otra vida.

Y caminaba de la mano de una niña pequeña a la que había adoptado años después.

Damian se quedó inmóvil al otro lado de la calle.

Nuestros ojos se encontraron.

No cruzó.

Sabía que no debía hacerlo.

Yo tampoco me detuve.

Aquella mañana en nuestra boda le había advertido:

Si algún día me traicionas, te devolveré el golpe desapareciendo de tu vida.

Damian creyó durante años que aquello había sido una broma.

Hasta que finalmente comprendió mi castigo.

No era que yo lo odiara.

Era mucho peor.

Había aprendido a vivir como si Damian Moretti nunca hubiera existido.

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