PARTE 2: CUANDO ADRIAN DESCUBRIÓ POR QUÉ ELENA REGRESÓ A GRAYHAVEN

Adrian tardó varios segundos en hablar.

—¿Grayhaven?

—Sí.

—Dijiste que jamás regresarías.

—También pensé que jamás dejaría esta casa.

No esperé su respuesta.

Aquella misma tarde regresé con los Bennett.

Mis maletas ya estaban junto a la puerta, exactamente como Adrian había dicho.

Mi padre ni siquiera fingió sorpresa.

—Lily recuperó lo que era suyo. No hagas una escena.

—No pienso hacerla.

—Bien. Dentro de unas semanas encontraremos otro matrimonio conveniente.

Lo miré.

Cinco años atrás aquellas palabras habrían bastado para controlarme.

Esta vez no.

—No necesitarás encontrarme ninguno.

Subí a mi habitación y saqué del fondo de un cajón una pequeña caja de madera.

Dentro seguía la carta que nunca me atreví a contestar.

La última que Noah Callahan me había enviado desde Grayhaven.

“Si algún día puedes elegir por ti misma, vuelve.”

Cinco años.

Quizá él ya estuviera casado.

Quizá tuviera hijos.

Quizá ni siquiera quisiera verme.

Pero por primera vez iba a averiguarlo.

A la mañana siguiente compré un billete.

Solo de ida.

Lo que no sabía era que Adrian había llegado a casa de los Bennett veinte minutos después de mi partida.

Traía mi oso de peluche.

—Elena lo olvidó.

Mi padre soltó una carcajada.

—Puede tirarlo. Esa chica se fue a Grayhaven persiguiendo a aquel hombre otra vez.

Adrian dejó de moverse.

—¿Qué hombre?

Fue mi madrastra quien respondió.

—Noah Callahan. Su novio de juventud.

La expresión de Adrian cambió.

—Elena nunca tuvo novio.

—Claro que sí. Iban a casarse.

Mi padre parecía divertido.

—Hasta que Lily huyó y necesitábamos reemplazarla. Elena rompió con él para ocupar el compromiso contigo.

Adrian miró el oso entre sus manos.

Por primera vez entendió algo que jamás se había molestado en preguntar.

Yo tampoco lo había elegido.

Mientras él pasaba cinco años pensando en Lily…

yo había pasado cinco intentando olvidar a Noah.

—¿Dónde está ahora? —preguntó.

—Grayhaven.

Adrian salió sin despedirse.

Pero llegó tarde.

Cuando mi tren entró en Grayhaven, empezó a nevar.

Encontré la vieja librería de los Callahan todavía abierta.

Empujé la puerta.

Una campanilla sonó.

El hombre detrás del mostrador levantó la cabeza.

Noah.

Más alto.

Más serio.

Una cicatriz pequeña junto a la ceja.

Pero los mismos ojos.

Nos miramos durante un silencio interminable.

—Hola, Noah.

Él dejó lentamente el libro que sostenía.

—Cinco años, Elena.

—Lo sé.

—¿Por qué has vuelto?

Saqué su vieja carta.

—Porque finalmente puedo elegir.

Noah miró el papel.

Después mi mano.

—¿Y el general Pierce?

—Va a casarse con Lily.

Algo parecido al dolor cruzó su rostro.

—Entonces soy tu segunda opción.

Negué.

—No.

Me acerqué.

—Tú fuiste la primera persona que elegí. Adrian fue la persona que eligieron por mí.

Noah no respondió inmediatamente.

Y agradecí que no lo hiciera.

No quería un perdón fácil.

—No te estoy pidiendo que me aceptes —continué—. Solo necesitaba dejar de vivir una vida decidida por otros.

Entonces escuchamos un vehículo detenerse afuera.

La puerta se abrió.

Adrian entró todavía vestido con uniforme.

Tenía nieve sobre los hombros y mi viejo oso de peluche en la mano.

Sus ojos fueron directamente hacia Noah.

Después hacia mí.

—Elena, vuelve conmigo.

Lo miré sorprendida.

—Tu boda es pasado mañana.

—La cancelé.

Aquello sí consiguió dejarme sin palabras.

Adrian avanzó.

—Cuando dijiste Grayhaven entendí que algo estaba mal. Ahora sé quién es él.

Miró a Noah.

—Y sé que estabas comprometida con él antes que conmigo.

—Entonces también sabes que nunca te engañé.

—Lo sé.

Su voz bajó.

—Pero no sabía que podía perderte.

Por primera vez casi sentí pena por él.

—Adrian, me perdiste antes de saber que querías conservarme.

Su mandíbula se tensó.

—Te di cinco años.

—No.

Negué lentamente.

—Me permitiste permanecer cinco años mientras esperabas a Lily.

El silencio fue brutal.

—Ahora ella regresó y me expulsaste de tu vida en el mismo día en que alcanzaste el rango que siempre soñaste.

Miré el oso entre sus manos.

—No puedes cancelar una boda porque descubriste que tu sustituta también tenía una puerta por la que marcharse.

Adrian palideció.

Noah no intervino.

Aquella decisión no pertenecía a ninguno de los dos hombres.

Era mía.

Tomé el oso de las manos de Adrian.

—Gracias por traerlo.

Después abrí la puerta.

Adrian comprendió.

—¿De verdad termina así?

—No.

Lo miré por última vez.

—Así empieza mi vida.

Adrian regresó solo.

Yo me quedé en Grayhaven.

Noah y yo no retomamos nuestra relación inmediatamente. Cinco años no desaparecen con una conversación.

Empezamos otra vez.

Despacio.

Sin promesas prestadas.

Sin familias decidiendo.

Sin sustitutos.

Meses después supe que Lily también abandonó a Adrian cuando comprendió que él había cancelado su boda para perseguirme.

La ironía fue perfecta.

Durante cinco años Adrian creyó que yo esperaba ser elegida.

Al final descubrió demasiado tarde que nunca necesité que me eligiera.

Solo necesitaba recuperar el derecho de elegir yo.

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