PARTE 2: LA MUJER QUE ECHARON DE CASA ERA QUIEN MANTENÍA VIVA SU EMPRESA

A las ocho de la mañana siguiente, Zhu Hao recibió una llamada que le borró de golpe la satisfacción de la noche anterior.

—Señor Zhu, venga inmediatamente a la empresa.

—¿Qué pasó?

—El Grupo Jiang canceló todos los contratos de suministro.

Zhu Hao se incorporó en la cama.

—¿Todos?

—Todos. Y tres bancos suspendieron nuestras líneas de crédito. La junta está reunida de emergencia.

Cuando llegó, encontró empleados formando filas frente a Recursos Humanos.

Despidos.

Departamentos completos estaban siendo cerrados.

Zhu Hao irrumpió en la oficina del director financiero.

—¿Qué demonios está pasando?

El hombre arrojó una carpeta sobre la mesa.

—Durante tres años sobrevivimos gracias a condiciones preferenciales del Grupo Jiang. Créditos, proveedores, anticipos y contratos.

Zhu Hao palideció.

—¿Qué tiene eso que ver conmigo?

El director financiero lo miró extrañado.

—¿Nunca supiste quién consiguió esas condiciones?

Sacó un documento.

En la última página aparecía una firma.

Jiang Ning.

Zhu Hao dejó de respirar.

Mientras tanto, yo estaba sentada frente a una enorme ventana en el piso cuarenta y seis de la sede del Grupo Jiang.

Ya no llevaba aquel pijama desgastado.

Vestía un traje blanco y, frente a mí, había informes financieros que no había tocado durante tres años.

Mi padre entró sin llamar.

Me observó unos segundos.

—¿Terminaste de jugar a ser una esposa pobre?

Sonreí amargamente.

Tres años antes había rechazado un puesto directivo en la empresa familiar porque quería demostrar que podía construir un matrimonio sin depender de mi apellido.

Incluso pedí que nadie revelara mi identidad.

Cuando el pequeño negocio de Zhu Hao estuvo al borde de la quiebra, fui yo quien consiguió discretamente contratos para salvarlo.

Él creyó que había sido su talento.

Su madre creyó que su hijo mantenía a una esposa inútil.

Yo permití que ambos lo creyeran.

Hasta aquella bofetada.

—Se acabó —respondí.

Mi padre dejó otro documento frente a mí.

—Entonces firma.

Era mi nombramiento como vicepresidenta del Grupo Jiang.

Firmé.

Ese mismo día, Zhu Hao apareció en recepción.

Había llamado treinta y siete veces.

No respondí ninguna.

Cuando intentó subir, seguridad lo detuvo.

—Necesito ver a Jiang Ning. ¡Soy su esposo!

La recepcionista consultó la pantalla.

—La vicepresidenta Jiang está ocupada.

Zhu Hao se quedó inmóvil.

—¿Vice… qué?

En ese instante se abrieron los ascensores.

Salí acompañada por varios ejecutivos.

Cuando me vio, parecía estar mirando a una desconocida.

—Ning…

Me detuve.

—¿Qué haces aquí?

—Los contratos… ¿fuiste tú?

—Sí.

Su rostro se descompuso.

—¿Por qué?

Lo miré con tranquilidad.

—Porque eran míos.

—¡Pero mi empresa depende de ellos!

—Ese ya no es mi problema.

Entonces intentó tomarme del brazo.

Seguridad se interpuso.

—Espera. Anoche estaba borracho. Mi madre me presionó. Podemos romper el acuerdo de divorcio.

Casi me hizo reír.

—¿Recuerdas los mil yuanes?

Calló.

—Tu madre dijo que hasta el dinero que yo ganaba le pertenecía a la familia Zhu.

Di un paso hacia él.

—Entonces pensé que quizá debía enseñaros qué parte de vuestra vida sí provenía realmente de mí.

Su cara quedó completamente blanca.

Pero aquello todavía no era lo peor.

La auditoría reveló después que Zhu Hao había utilizado algunos de los contratos respaldados por mi familia para obtener financiación adicional sin informarme.

La empresa terminó reestructurada y él perdió su puesto.

Qian Yumei apareció varias veces frente a la sede.

La primera llegó gritando.

La segunda llorando.

La tercera trajo incluso la ropa de mil yuanes que había provocado todo.

—Ning, mamá se equivocó. Regresa a casa.

Miré aquella bolsa durante unos segundos.

—Usted nunca fue mi madre.

Cerré la puerta.

Meses después finalizó el divorcio.

No acepté volver con Zhu Hao.

Tampoco necesité destruirlo.

Simplemente retiré todo aquello que yo había aportado silenciosamente y dejé que él sostuviera su propia vida por primera vez.

No pudo.

Una tarde compré otro conjunto para mi madre.

Esta vez costaba mucho más de mil yuanes.

Cuando vio la etiqueta, protestó:

—¡Ning! ¿Para qué gastas tanto conmigo?

La abracé.

—Porque puedo.

Mi madre sonrió.

Y entonces comprendí la diferencia.

Hay personas que reciben tu amor y creen que les pertenece.

Y hay personas que lo reciben como un regalo.

Zhu Hao necesitó perder su empresa, su matrimonio y la comodidad que yo había construido para comprenderlo.

Pero ya era demasiado tarde.

La noche que me echó de casa creyó que se estaba librando de una esposa inútil.

A la mañana siguiente descubrió que acababa de echar a la mujer que llevaba tres años evitando que todo su mundo se derrumbara.

Related Posts

PARTE 2: CINCO AÑOS DESPUÉS, JULIÁN VOLVIÓ CON LA MUJER QUE ME HABÍA ECHADO DE SU CASA

Diez días después nació Mateo. Julián no estuvo allí. Tampoco llamó. Más tarde descubrí por qué. La mujer se llamaba Natalia Ríos. Había trabajado con él durante…

PARTE 2: LA NOCHE DE MI OPERACIÓN ESCONDÍA LA TRAICIÓN QUE GABRIEL JAMÁS QUISO QUE DESCUBRIERA

Miré la fotografía hasta que me dolieron los ojos. Yo estaba inconsciente. Gabriel estaba junto a mi cama. Y frente a él había un médico que reconocí…

PARTE 2: CUANDO DEJARON DE TENERME GRATIS

Daniel cerró la carpeta de golpe. —No vas a ir. Lo dijo con tanta seguridad que durante un segundo casi me hizo gracia. —El contrato ya está…

PARTE 2: LA FIRMA QUE IBA A ROBARLE TODO

La puerta del armario se abrió. Daniel se quedó petrificado. —¿Rosa? Salí lentamente, todavía con el teléfono en la mano. Laura retrocedió como si hubiera visto un…

PARTE 2: LA PRUEBA QUE MI FAMILIA JAMÁS ESPERÓ

El abogado Collins colocó sobre la mesa una fotografía ampliada. —Señoría, antes de discutir quién conducía aquella noche, debemos aclarar algo mucho más grave. Ethan se levantó….

PARTE 2: SI LA HERENCIA ES DE ÉL, LOS CUIDADOS TAMBIÉN

—Papá, puedo cuidar de ella. Mi suegro relajó inmediatamente el rostro. Jiang Wen incluso sonrió. Creyeron que había cedido. Entonces terminé la frase: —Pero primero haga que…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *