Noah tardó tres segundos en desobedecer a Adrian.
—Con todo respeto, capitán, si alguien está atrapado, voy a subir.
La radio quedó en silencio.
Yo sonreí entre el humo.
Qué extraño.
Un hombre que apenas me conocía estaba dispuesto a arriesgarse para comprobar si seguía viva.
El hombre al que había amado durante tres años ni siquiera quería comprobarlo.
—Sistema —murmuré—. ¿Cuánto falta?
—Proceso de salida iniciado. Treinta y dos minutos.
—Perfecto.
No quería morir.
Eso era lo más absurdo.
El sistema no me estaba ofreciendo la muerte, sino regresar al mundo del que había llegado tres años atrás. Mi misión había terminado en fracaso y, con ella, también mi permanencia allí.
Pero antes de irme quería dejar una cosa clara.
La verdad.
La cámara había grabado a Adrian entregándole la única manta ignífuga a Chloe.
Había grabado cómo cerró la puerta.
La radio había registrado cada palabra.
«Esta frecuencia es para emergencias reales».
«No hagas una escena de celos».
«No suban por ella».
El sistema empezó a copiarlo todo.
Central de bomberos.
Comisión de investigación.
Servidor municipal.
Correos de los supervisores.
Incluso el teléfono de Adrian.
Entonces escuché golpes.
—¡Lena!
Era Noah.
—¡Estoy aquí!
—¡Apártate de la puerta!
Me arrastré como pude.
Segundos después, varios rescatistas consiguieron forzar parcialmente el mecanismo.
Noah apareció entre el humo.
Al verme bajo la estantería, su expresión cambió.
—Dios mío…
Se arrodilló inmediatamente.
—¡Necesitamos extracción! ¡Está realmente atrapada!
La radio respondió.
Era Adrian.
—Carter, Chloe está teniendo otra crisis. Necesito personal abajo.
Noah levantó lentamente la radio.
—¿Quiere que abandone a una víctima atrapada?
—Es una orden.
Noah miró mi pierna.
Después miró las llamas.
—Entonces tendrá que sancionarme mañana.
Arrojó la radio.
Y empezó a liberarme.
Pero el edificio crujió.
Una parte del techo cayó entre nosotros y la salida.
El sistema habló.
—Quince minutos.
Noah consiguió sacar mi pierna, me levantó y avanzamos hacia la escalera.
Fue entonces cuando Adrian apareció.
Había dejado a Chloe abajo después de que otro paramédico confirmara que estaba estable.
Al verme en brazos de Noah, palideció.
—Lena…
Extendió las manos.
—Dámela.
Me aferré al uniforme de Noah.
—No.
Adrian quedó inmóvil.
—¿Qué?
—No quiero que me toques.
Por primera vez vi miedo verdadero en sus ojos.
—Lena, pensé que aquella sala era segura.
—Te lo expliqué.
—No te escuché bien.
—Te lo repetí por radio.
Abrió la boca.
No salió nada.
Entonces todos nuestros teléfonos comenzaron a vibrar.
El sistema había enviado los archivos.
Noah miró el suyo.
Los demás bomberos también.
Y Adrian escuchó su propia voz reproducirse desde varias pantallas:
«No suban por ella. Lena solo está intentando llamar mi atención».
Su rostro perdió todo el color.
—Lena… yo…
—Ahora sí me crees porque puedes escucharte a ti mismo.
Abajo, los investigadores ya estaban esperando.
Chloe intentó acercarse.
—Todo esto es un malentendido…
Un paramédico la interrumpió:
—Sus niveles de oxígeno son normales. No presenta una crisis respiratoria grave.
Adrian la miró.
Chloe retrocedió.
Pero ya no me importaba.
El sistema habló por última vez.
—Treinta segundos.
Adrian se acercó desesperado.
—Podemos arreglarlo.
Negué.
—Ese fue siempre tu problema.
—¿Cuál?
—Creías que podías abandonarme y después encontrarme exactamente donde me habías dejado.
Diez segundos.
Adrian intentó tomar mi mano.
La retiré.
Cinco.
Cuatro.
Tres.
Lo último que vi fue su rostro comprendiendo que, por primera vez, no podía elegir a Chloe primero y regresar por mí después.
Después todo desapareció.
Abrí los ojos en una habitación blanca.
No había fuego.
No había humo.
No había sistema.
Sobre la mesa estaba el teléfono que había tenido antes de llegar a aquel mundo.
Solo habían transcurrido tres minutos.
Me eché a llorar.
Pero eran lágrimas de alguien que había vuelto a casa.
En el otro mundo, Adrian sobrevivió.
También tuvo que vivir con las consecuencias.
La investigación concluyó que había ignorado deliberadamente una petición de auxilio y ordenado impedir un rescate. Fue apartado del mando mientras se revisaba su conducta.
Chloe dejó de ser la mujer indefensa que todos protegían cuando las grabaciones revelaron cuánto había alimentado aquella situación.

Y Adrian hizo algo durante meses.
Buscarme.
Revisó hospitales.
Registros.
Cámaras.
Preguntó a Noah una y otra vez adónde había ido.
Nunca encontró una respuesta.
Porque yo ya no pertenecía a su mundo.
Tres años me habían pedido enseñarle a elegir correctamente.
Al final comprendí que aquella nunca debió ser mi misión.
No necesitaba enseñarle a elegirme.
Necesitaba aprender a elegirme yo.