La ceremonia continuó.
Solo que ahora Dylan parecía haber olvidado cómo respirar.
Cuando llegó el momento de intercambiar anillos, tomó mi mano con tanta solemnidad que su padre murmuró:
—Hace una hora querías escapar por la ventana.
Dylan fingió no escucharlo.
Después de la ceremonia, mientras ambas familias celebraban haber evitado el escándalo, recibí un mensaje.
Nathan.
El novio que había desaparecido.
“Helena, lo siento. No podía casarme contigo. La mujer que realmente amo regresó. Espero que podamos seguir siendo amigos.”
Se lo mostré a Dylan.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Quieres que lo encuentre?
—No.
—Puedo romperle…
—Dylan.
Se calló.
Guardé el teléfono.
—Tu hermano tomó su decisión. Yo también.
Aquella noche llegamos a la residencia que la familia Xie nos había preparado.
Apenas entramos, Dylan señaló el dormitorio.
—Puedes quedarte con la habitación principal. Yo dormiré en el sofá.
Lo miré.
—¿No dijiste que llevabas años enamorado de mí?
Se puso rígido.
—Precisamente por eso.
Aquello me sorprendió.
Dylan respiró hondo.
—Guardar una fotografía tuya no significa que tenga derecho a aprovecharme de esta situación. Esta mañana ibas a casarte con mi hermano.
Por primera vez desde que lo conocía, dejó de parecer infantil.
—Cuando quieras que este matrimonio sea real, me lo dices tú.
Y cumplió.
Durante las semanas siguientes no intentó impresionarme con regalos ni discursos.
Simplemente estuvo.
Me esperaba cuando trabajaba hasta tarde.
Aprendió qué café tomaba.
Y en las reuniones familiares, cuando alguien insinuaba que yo había cambiado rápidamente de hermano para conservar la alianza, Dylan respondía antes que yo.
—Helena no fue abandonada por los Xie. Mi hermano perdió la oportunidad y yo tuve suerte.
Entonces Nathan regresó.
No solo.
La mujer por la que había huido lo había dejado apenas tres semanas después.
Entró en una cena familiar y me miró como si todavía tuviera algún derecho sobre mí.
—Helena, cometí un error.
Dylan dejó lentamente los cubiertos.
Nathan continuó:
—Lo nuestro estaba decidido desde hace años. Podemos corregirlo.
Levanté la mano.
Mi alianza brilló bajo la lámpara.
—Ya está corregido.
Nathan palideció.
—¿De verdad vas a quedarte con Dylan?
Antes de que mi esposo pudiera responder, tomé su mano.
—Sí.
Dylan me miró sorprendido.
Nathan soltó una risa amarga.
—¿Solo porque ahora posee el diez por ciento?
Sonreí.
—Te falta información.
Saqué una carpeta.
La transferencia matrimonial ya estaba completada.
Pero durante aquellas semanas Dylan también había votado voluntariamente para respaldar mi entrada al consejo del Grupo Xie.
No necesitaba utilizarlo para conseguir poder.
Él había decidido compartirlo conmigo.
Nathan miró a su hermano.
—¿Harías eso por ella?
Dylan respondió sin vacilar:
—Llevo años queriendo estar a su lado. No delante de ella.
Esa noche, cuando regresamos a casa, encontré su almohada preparada nuevamente en el sofá.
La recogí.
Dylan me observó confundido.
—¿Qué haces?
Caminé hacia el dormitorio y dejé la almohada junto a la mía.
—Dijiste que esperabas hasta que yo decidiera que este matrimonio fuera real.
Se quedó completamente inmóvil.
Sonreí.

—Ya decidí.
Y así descubrí que el hombre que aquella mañana había gritado que jamás aceptaría ser mi novio sustituto terminó siendo el único miembro de la familia Xie que nunca me trató como una sustituta.