Cuando regresé de Hong Kong dos días después, Daniel estaba esperándome en casa.
Mi identificación apareció milagrosamente sobre la mesa.
—¿Dónde estaba? —pregunté.
—La encontré detrás del sofá.
Mentía.
La guardé sin discutir.
—Perfecto. Ahora vamos al 2108.
Daniel palideció.
—Lucía, estás obsesionada con una llave que ni siquiera era mía.
Saqué el teléfono.
—Entonces no tendrás problema si averiguo a quién pertenece.
Fue suficiente.
—¡Está bien! —explotó—. Es el apartamento de Vanessa.
Vanessa Liu.
Su compañera del departamento financiero.
La mujer que siempre reaccionaba con corazones a las fotografías de Daniel.
—¿Desde cuándo?
—No es lo que piensas.
Solté una risa.
—Nunca lo es.
Daniel empezó a justificarse, pero entonces dijo algo que me hizo detenerme.
—Además, ¿qué derecho tienes a juzgarme después de subirte al avión privado de Gabriel?
Ahí lo entendí.
No había escondido mi identificación solamente para arruinar mi viaje.
Tenía miedo de Gabriel.
—¿Por qué te preocupa tanto que hable con tu jefe?
Daniel dejó de respirar durante un segundo.
Y esa pequeña reacción me dio la respuesta.
Aquella tarde llamé a Gabriel.
No le hablé de la infidelidad. Solo le pregunté si había algún problema con Daniel dentro de Tengyao.
Hubo un silencio.
—Lucía, ¿por qué preguntas?
—Porque creo que intentó impedir que llegara a Hong Kong deliberadamente.
Gabriel cambió de tono.
—¿Tienes acceso a su computadora?
—No.
—No toques nada. Mañana hablamos.
A la mañana siguiente me esperaba en su oficina.
Sobre la mesa había varios documentos.
—El cliente que fuiste a ver en Hong Kong detectó pagos irregulares en un proyecto —explicó—. Alguien dentro de Tengyao estaba desviando comisiones mediante proveedores falsos.
Sentí frío.
Gabriel deslizó una hoja hacia mí.
Responsable de aprobación:
Daniel Chen.
Pero había algo peor.
—Daniel sabía que tú participarías en la auditoría —continuó Gabriel—. Tu ascenso te daba acceso a documentos que podían exponerlo.
De pronto todo encajó.
Mi identificación.
Mi viaje.
Su desesperación.
El apartamento 2108 no era solo el lugar donde veía a Vanessa.
Era donde guardaban documentación relacionada con las empresas fantasma.
Daniel no había intentado mantener a su esposa en casa por celos.
Había intentado mantener a una auditora lejos de Hong Kong.
Esa noche no regresé a nuestro apartamento.
Mi abogado presentó la solicitud de divorcio.
Tengyao abrió una investigación interna y entregó sus hallazgos a las autoridades correspondientes. Vanessa fue suspendida junto con Daniel mientras se investigaban las transferencias.
Tres semanas después, Daniel me esperó afuera de la oficina.
Ya no parecía arrogante.
—Lucía, perdí mi trabajo.
Lo miré tranquilamente.
—No. Perdiste mucho antes.
—Podemos arreglar nuestro matrimonio.
Negué con la cabeza.
—Escondiste mi identificación porque pensaste que podías decidir hasta dónde podía llegar.
Pasé junto a él.
—Solo olvidaste algo.
Daniel se volvió.

—¿Qué?
Sonreí.
—Que yo nunca necesité tu permiso para despegar.