PARTE 2: EL ANILLO QUE ESCONDÍA LA VERDAD

Durante todo el trayecto a la funeraria, Adrián no dejó de mirarme por el espejo retrovisor.

Yo miré por la ventana.

No quería saber si había cambiado.

No quería preguntarle por Valeria.

Y, sobre todo, no quería saber si era feliz con ella.

En la funeraria, mi madre estaba sentada frente a una caja con las pertenencias recuperadas de Gabriel.

Un reloj destruido.

Su cartera.

Las llaves del coche.

Una cadena que yo le había regalado.

Y un teléfono ennegrecido por la humedad.

Mi madre rompió a llorar.

Yo permanecí de pie.

Hasta que el encargado colocó sobre la mesa una pequeña bolsa transparente.

—Esto estaba dentro del bolsillo interior de su chaqueta.

Había un anillo.

Adrián se quedó inmóvil.

Lo reconocí inmediatamente.

Gabriel lo había comprado para Valeria semanas antes de desaparecer.

—Pensaba pedírselo durante el viaje —susurré.

Entonces vi algo más dentro de la bolsa.

Una memoria USB.

El encargado explicó que había sido protegida dentro de una pequeña funda impermeable.

Adrián la tomó demasiado rápido.

—Yo revisaré esto.

Puse mi mano encima de la suya.

—No.

Nuestros ojos se encontraron.

—Pertenece a Gabriel.

—Isabel…

—Y yo soy su hermana.

Por primera vez, Adrián retiró la mano.

Esa noche conecté la memoria al ordenador de mi padre.

Había fotografías, documentos y varios videos del viaje.

El último archivo tenía fecha del día del accidente.

Gabriel aparecía sentado dentro del coche.

Parecía nervioso.

“Si estás viendo esto, probablemente no tuve oportunidad de explicarlo.”

Sentí que se me helaban las manos.

Gabriel continuó.

Había descubierto algo sobre Valeria.

Algo suficientemente grave para cancelar la propuesta.

Pero antes de decir exactamente qué, el video terminó abruptamente.

Solo quedaba un archivo de audio dañado.

Entonces escuché una puerta abrirse detrás de mí.

Era Adrián.

—No deberías verlo sola.

Cerré el portátil.

—¿Valeria sabe que encontraron esto?

Su silencio respondió antes que él.

Me levanté.

—¿Qué sabes?

Adrián apretó la mandíbula.

—Más de lo que debería haber ocultado.

Sentí un escalofrío.

—¿Te casaste con ella sabiendo que Gabriel quería dejarla?

Adrián levantó la mirada.

—Isabel, mi matrimonio con Valeria no es lo que crees.

Miré su anillo.

—Parece bastante real.

Entonces hizo algo inesperado.

Se quitó el anillo y lo dejó sobre la mesa.

—Nunca hubo una boda.

Me quedé paralizada.

Adrián respiró profundamente.

—Hace tres años necesitaba que Valeria creyera que había ganado. Necesitaba mantenerla cerca hasta descubrir qué ocurrió realmente aquella noche.

—¿Durante tres años?

—Sí.

—¿Y esperabas que yo entendiera eso después de dejarme marchar creyendo que habías elegido a la novia de mi hermano?

Su rostro se endureció de dolor.

—No esperaba que te fueras.

Solté una risa amarga.

—Me dijiste que ella te necesitaba y yo podía cuidarme sola.

Adrián bajó los ojos.

—Fue el error más cruel que he cometido.

Antes de que pudiera responder, el portátil emitió un sonido.

El programa había conseguido recuperar parte del audio dañado.

La voz de Gabriel llenó la habitación:

“Adrián, si algo me ocurre, no confíes en Valeria. Ella sabe que descubrí quién manipuló mi coche.”

Adrián y yo nos miramos.

Entonces escuchamos otra voz en la grabación.

Una voz masculina.

Conocida.

Mi padre apareció en la puerta.

Y al escucharla, perdió todo el color del rostro.

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