PARTE 2: CUANDO REGRESÓ, YA NO HABÍA BODA

Cuarenta y ocho horas después, mi teléfono dejó de tener señal.

El avión militar aterrizó en Xinjiang bajo un cielo gris y un viento que parecía cortar la piel.

Antes de apagarlo, vi siete mensajes de Adrián.

“Daniela ya está mejor.”

“Regreso mañana.”

“¿Llegaste a Yunnan?”

“¿Por qué no respondes?”

No contesté ninguno.

Durante los siguientes doce días, mi mundo cambió por completo.

Hospital.

Guardias.

Pacientes trasladados desde pueblos remotos.

Dormía poco, trabajaba demasiado y, por primera vez en años, nadie me pedía que entendiera a Daniela.

Mientras tanto, Adrián regresó a casa.

Más tarde mi madre me contó lo ocurrido.

Entró silbando, cargando una caja de joyería.

Esperaba encontrarme preparando nuevamente la boda.

Encontró armarios vacíos.

Mi vestido había desaparecido.

Las invitaciones estaban en la basura.

Y sobre la mesa solo quedaba su documento familiar.

Me llamó diecisiete veces.

Después llamó al hotel.

—¿A qué hora comienza el banquete del día ocho?

La encargada respondió:

—La doctora Song lo canceló hace casi dos semanas.

Adrián se quedó mudo.

Entonces comprendió que mientras él pelaba camarones para Daniela, yo estaba desmontando nuestra boda.

Fue a casa de mis padres.

Mi padre ni siquiera lo dejó entrar.

—Quiero hablar con Elena.

—Elena no quiere hablar contigo.

—Solo aplazamos la boda.

Mi padre soltó una risa seca.

—Tú la aplazaste. Mi hija la canceló.

Adrián palideció.

—¿Dónde está?

—Donde ya no tiene que competir con tu exnovia.

Daniela apareció esa misma tarde.

Según mi madre, llegó llorando.

—Tío, todo fue culpa mía. Adrián solo me cuidó porque yo estaba enferma.

Mi padre respondió:

—Entonces quédatelo.

Y cerró la puerta.

Tres semanas después, yo acababa de terminar una cirugía cuando una enfermera entró.

—Doctora Song, alguien la espera.

Adrián estaba en el pasillo.

Había volado miles de kilómetros.

Parecía agotado.

—Elena.

Seguí caminando.

Me bloqueó el paso.

—¿Por qué hiciste esto sin hablar conmigo?

Lo miré sorprendida.

—Tú cancelaste nuestro registro la noche anterior para dormir en casa de tu ex.

—¡No dormí con ella!

—Nunca dije que lo hicieras.

Aquello lo dejó callado.

—El problema —continué— es que durante años me enseñaste que cada vez que Daniela llamara, yo debía desaparecer.

Sacó la caja que había llevado hasta allí.

Dentro había un brazalete.

—Lo compré para ti.

Lo cerré.

—Dáselo a Daniela.

—Elena, podemos volver y celebrar la boda el próximo mes.

Negué.

—No existe próxima fecha.

Su expresión cambió.

—¿Estás terminando conmigo por una sola noche?

—No.

Lo miré directamente.

—Estoy terminando contigo por todas las noches anteriores que perdoné.

Entonces una voz femenina apareció detrás de él.

—Adrián.

Daniela.

También había viajado hasta allí.

Y en cuanto la vi comprendí algo que me hizo sonreír.

Ni siquiera después de perderme había sido capaz de venir solo.

Daniela corrió hacia él.

—Tu madre dijo que estabas aquí. Me preocupé.

Adrián cerró los ojos.

Por primera vez pareció comprender exactamente lo que yo había vivido durante años.

Cada momento nuestro tenía una tercera persona.

Le devolví el brazalete.

—Cuídala mucho, Adrián.

Repetí exactamente las palabras de mi último mensaje.

Después entré al quirófano.

Seis meses más tarde regresé a Shanghái.

No por Adrián.

Había sido nombrada subdirectora de un nuevo programa cardiovascular.

En la ceremonia de bienvenida lo vi entre los invitados.

Daniela ya no estaba a su lado.

Después supe que habían intentado volver.

Duraron menos de dos meses.

Cuando Daniela dejó de ser la mujer prohibida que necesitaba ser rescatada, Adrián descubrió que aquello que confundía con amor era dependencia.

Me esperó afuera.

—Elena, ahora sí corté completamente con ella.

Sonreí.

—Me alegro.

Sus ojos se iluminaron.

Entonces añadí:

—Pero eso ya no tiene ninguna relación conmigo.

Pasé junto a él.

Adrián había creído que nuestra boda podía guardarse en un cajón hasta que Daniela dejara de necesitarlo.

Lo que descubrió demasiado tarde fue mucho más sencillo:

una mujer puede esperar una fecha.

Puede perdonar un error.

Incluso puede soportar demasiadas decepciones.

Pero cuando finalmente deja de esperar al hombre…

ya no existe boda capaz de hacerla regresar.

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