PARTE 2: LA TRAMPA ERA PARA MARIANA

Daniela tuvo menos de treinta minutos para decidir qué hacer.

No llamó a su padre.

No enfrentó a Leticia.

Y, sobre todo, no tocó la pulsera.

Envió el video, las fotografías y la noticia a su correo y a dos contactos de confianza. Después llamó a seguridad de Plaza Altavista.

—Necesito hablar con la persona encargada del robo de anoche.

Cuando explicó lo ocurrido, la voz del otro lado cambió inmediatamente.

—No toque la pieza. No confronte a nadie.

A las 3:58 escuchó una llave.

Daniela dejó el teléfono grabando dentro de su habitación.

Óscar entró primero.

Mariana venía detrás.

—¿Dani? —llamó ella.

Antes de que Daniela respondiera, Óscar señaló el bolso.

—¿Ese es el tuyo, Mariana?

Ella frunció el ceño.

—Sí. ¿Por qué?

Daniela apareció en el pasillo.

Su padre la vio y palideció.

—¿No tenías examen?

Aquella pregunta confirmó que no esperaba encontrarla allí.

—Me sentía mal.

Óscar permaneció inmóvil unos segundos.

Después sonrió.

—Bueno. Mejor estamos todos.

Su teléfono vibró.

Miró la pantalla.

Y Daniela vio cómo sus hombros se relajaban.

Probablemente creyó que la denuncia ya estaba hecha.

Cinco minutos después llamaron a la puerta.

Óscar abrió demasiado rápido.

Dos agentes estaban afuera acompañados por personal de seguridad del centro comercial.

—Recibimos información relacionada con las joyas robadas anoche.

Mariana retrocedió.

—¿Aquí?

Óscar adoptó inmediatamente una expresión horrorizada.

—Oficiales, mi esposa trabaja allí. Quizá deberían revisar sus pertenencias.

Daniela sintió náuseas.

Ni siquiera había dudado.

Uno de los agentes se acercó al bolso.

—Señora Mariana, ¿nos autoriza a revisar esto?

—Sí.

Encontraron la bolsa blanca.

Luego la pulsera.

Mariana perdió el color.

—Eso no es mío.

Óscar se llevó una mano a la boca.

—Dios mío, Mariana…

—¡Yo nunca había visto eso!

Él negó lentamente con la cabeza, interpretando perfectamente su papel.

—¿Qué hiciste?

Entonces Daniela habló.

—Ella no hizo nada.

Óscar giró.

—Daniela, no te metas.

—Tengo un video.

El silencio fue absoluto.

Saqué mi teléfono.

La voz de Leticia llenó la sala:

—La pulsera ya está dentro; que la detengan esta noche.

Mariana miró a su exmarido.

Después llegó la segunda frase.

—Óscar, yo ya cumplí.

Su rostro se derrumbó.

Óscar corrió hacia Daniela para quitarle el teléfono, pero uno de los agentes se interpuso.

—Señor, atrás.

—¡Está manipulando todo!

Daniela abrió las fotografías.

Hora.

Bolso.

Pulsera.

Noticia.

Todo documentado antes de que Mariana regresara.

Pero entonces uno de los investigadores hizo una pregunta inesperada:

—¿Por qué elegir precisamente esta pieza?

Daniela no sabía responder.

Óscar sí.

Lo supieron porque bajó la mirada.

La investigación posterior reveló algo mucho mayor.

Óscar tenía deudas importantes. Había proporcionado información sobre los horarios de Mariana y las zonas del centro comercial a personas relacionadas con el robo.

Pero necesitaba una salida.

Si una parte del botín aparecía entre las pertenencias de Mariana, las sospechas podían dirigirse hacia la empleada con acceso interno.

Leticia había aceptado ayudarlo porque él le prometió que, después de que Mariana fuera culpada, empezarían juntos una nueva vida.

No ocurrió.

Las comunicaciones recuperadas mostraron que Óscar también planeaba abandonar a Leticia en cuanto ella cumpliera su función.

El caso de Mariana se vino abajo antes siquiera de construirse.

Óscar y Leticia terminaron enfrentando una investigación por su participación en el montaje y por su posible relación con el robo.

Esa noche, después de que todos se marcharan, Mariana se sentó en el suelo de la cocina.

No lloró por las joyas.

Lloró mirando a su hija.

—Si hubieras ido a ese examen…

Daniela terminó la frase.

—No habría visto a la tía Leticia.

Mariana la abrazó.

Daniela había pasado toda la mañana sintiéndose culpable por fingir que estaba enferma.

Ahora comprendía la ironía.

Una mentira pequeña había permitido descubrir una muchísimo mayor.

Y la pulsera de casi novecientos mil pesos que debía mandar a Mariana a prisión terminó haciendo exactamente lo contrario:

expuso al hombre que llevaba meses preparando su caída.

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