La primera línea decía:
“Se solicita la disolución inmediata del matrimonio por ocultamiento financiero y disposición fraudulenta de bienes matrimoniales.”
Daniel dejó de respirar.
Porque yo no había descubierto solamente el trasplante.
Laura había seguido las transferencias.
El apartamento de Ava, sus tratamientos privados y parte de los gastos médicos habían sido pagados con dinero de nuestra cuenta conjunta y fondos de la empresa.
Daniel me llamó doce veces.
No respondí.
Entonces apareció Ava en su habitación.
—Danny, tranquilízate. Podemos resolverlo.
Él levantó los documentos.
—¡Elena congeló las cuentas!
Por primera vez, su “alma gemela” dejó de parecer agradecida.
—¿También la cuenta del apartamento?
Daniel la miró.
—¿Eso es lo que te preocupa?
Ava guardó silencio.
Dos días después recibí un mensaje de Daniel:
“Sacrifiqué parte de mí para salvar una vida. ¿Cómo puedes hacerme esto ahora?”
Respondí una sola vez:
“Puedes elegir a quién darle un riñón. No puedes elegir gastar mi dinero, mentirme y seguir esperando que sea tu esposa.”
Después lo bloqueé.
La investigación financiera hizo el resto.
Daniel había pasado años llamándome celosa mientras desviaba dinero para mantener otra vida.
Cuando Ava descubrió que el apartamento podía desaparecer y que Daniel ya no podía financiar sus gastos, aquella conexión “pura” comenzó a romperse rápidamente.
Tres meses después, Daniel me esperaba fuera del despacho de Laura.
Estaba más delgado.
—Ava se fue —dijo.
No respondí.
—Dijo que necesitaba empezar de nuevo.
Casi sentí pena.
Casi.
—Elena, cometí errores, pero todavía podemos salvar nuestro matrimonio.
Lo miré durante unos segundos.
—Daniel, le diste una parte de tu cuerpo a otra mujer sin siquiera decirle a tu esposa que entrarías a un quirófano.
Bajó la cabeza.
—Pensé que lo entenderías.
—Lo entendí perfectamente.
Le entregué la última copia del acuerdo.
—Por eso me fui.
Firmó semanas después.
Daniel había creído que su mayor sacrificio demostraría lo noble que era.
Para mí demostró algo diferente.
Durante años había sido capaz de entregar tiempo, dinero, protección e incluso una parte de sí mismo por Ava.
Mientras a mí solo me pedía paciencia.

Así que el día después de su operación finalmente hice lo que él llevaba años haciendo.
Elegí a otra persona antes que a nuestro matrimonio.
Me elegí a mí.