PARTE 2: EL PRECIO DE LA MENTIRA

Creí que todo había terminado cuando salí del comedor.

Me equivoqué.

Apenas llegué al ascensor, Lucas caminó detrás de mí.

—Sophie.

No me detuve.

—¿Qué?

—Ethan no solo protegía a Vanessa.

Giré lentamente.

Mi hermano levantó otra carpeta.

—Durante la auditoría preliminar encontramos pagos mensuales a una empresa fantasma vinculada a ella.

Sentí un frío seco en el pecho.

—¿Cuánto?

—Casi tres millones en dos años.

Volví al comedor.

Ethan seguía allí.

Esta vez ya no estaba de rodillas.

Pero cuando me vio regresar con la carpeta en la mano, comprendió inmediatamente.

—¿También pagabas sus gastos con dinero de la empresa?

Vanessa perdió el color.

—Sophie, escucha—

—No estoy hablando contigo.

Miré a Ethan.

Él tardó demasiado en responder.

—Era dinero para resolver algunos problemas.

—¿Qué problemas?

Vanessa comenzó a llorar.

—Tenía deudas.

—Entonces usaste recursos de una compañía que mi familia ayudó a financiar para mantener a tu amante.

—No era mi amante.

—¿Dormías con ella?

Silencio.

Eso bastó.

El presidente del consejo cerró los ojos.

Lucas soltó una risa amarga.

—Perfecto. Entonces además de la auditoría financiera tendremos que revisar conflicto de intereses y desvío de fondos.

Ethan se acercó.

—Sophie, no hagas esto.

Retrocedí.

—No estoy haciendo nada.

Señalé a Vanessa.

—Ella falsificó mi lugar.

Después lo señalé a él.

—Tú se lo permitiste.

Los policías se llevaron a Vanessa para declarar.

Antes de salir, ella miró a Ethan.

—Me prometiste que algún día todo esto sería mío.

El comedor quedó en silencio otra vez.

Yo sonreí sin humor.

—Ahí está.

Miré a mi exmarido.

—No querías proteger la empresa. Querías proteger la vida que estabas construyendo con ella.

Ethan no respondió.

Dos semanas después, la auditoría confirmó transferencias irregulares, contratos manipulados y gastos personales ocultos.

El consejo suspendió a Ethan.

Bennett Holdings retiró su apoyo ejecutivo y exigió una reestructuración completa.

Yo no destruí el Grupo Han.

Hice algo peor para él.

Lo salvé sin dejarle conservar el control.

Tres meses después, Ethan apareció frente a mi apartamento.

Parecía diez años mayor.

—Vanessa desapareció —dijo.

—No me importa.

—Se llevó dinero.

—Eso sí parece tu problema.

Me miró durante unos segundos.

—¿Alguna vez me amaste?

Lo observé.

—Lo suficiente como para hacerme pequeña para que tú pudieras sentirte grande.

Cerré la puerta.

Al día siguiente regresé a la empresa.

Esta vez no llevaba identificación de becaria.

Cuando entré, nadie me pidió que inclinara la cabeza.

El presidente del consejo me esperaba frente al ascensor.

—Señora Bennett, estamos listos.

Miré el mismo comedor donde Vanessa me había ordenado arrodillarme.

—Entonces empecemos.

Porque aquella semana había entrado fingiendo ser una empleada común para evaluar a mi esposo.

Al final descubrí algo mucho más importante.

No era la empresa la que necesitaba demostrarme su valor.

Era Ethan.

Y había fallado.

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