PARTE 2: LA NOVIA EQUIVOCADA

La puerta se abrió.

Julian apareció al final del pasillo.

Serena venía detrás de él.

Cuando vio a Nikolai frente a mí, su expresión cambió.

—Evelyn, ¿qué haces aquí con mi hermano?

Nikolai bebió tranquilamente un sorbo de whisky.

—Acabo de pedirle que se case conmigo.

Julian se quedó inmóvil.

Serena soltó una pequeña risa.

—Qué gracioso.

—No estaba bromeando —respondió Nikolai.

El silencio fue inmediato.

Miré al hombre frente a mí.

—¿Y qué ganas tú?

—Evitar que Julian consiga el control de la familia.

Al menos no fingía romanticismo.

—Entonces quieres utilizarme.

—Quiero proponerte un acuerdo.

Nikolai dejó el vaso sobre una mesa.

—Un año de matrimonio. Mantienes tu independencia, tu patrimonio y tu carrera. Cuando termine el plazo, puedes marcharte con exactamente lo que tenías antes.

—¿Y tú?

—Obtengo los votos que necesito.

Julian soltó una carcajada.

—Evelyn jamás aceptaría algo así.

Me giré hacia él.

Seguía sosteniendo la mano de Serena.

Mi anillo continuaba en el dedo de mi hermana.

Y aun así hablaba como si todavía tuviera autoridad sobre mí.

—¿Por qué te importa?

Su sonrisa desapareció.

—Porque estás enfadada y estás a punto de cometer una estupidez.

—Tú acabas de comprometerte con mi hermana usando mi anillo.

—Eso es diferente.

Nikolai levantó una ceja.

—Magnífico argumento.

Serena intervino.

—Evelyn, por favor. No conviertas esto en una competencia.

La miré.

—Tienes razón.

Di un paso hacia Nikolai.

—No lo es.

Después extendí la mano.

—Acepto.

Julian palideció.

—¿Qué?

Nikolai no me tocó inmediatamente.

—Piénsalo bien.

Aquello me sorprendió.

El hombre al que todos temían acababa de darme una salida que mi propia familia nunca me había ofrecido.

—Ya lo hice.

Entonces tomó mi mano.

Regresamos juntos al salón.

Los murmullos comenzaron antes de que llegáramos al centro.

Mi madre se levantó.

—Evelyn, ¿qué estás haciendo?

—Resolviendo el problema.

Nikolai pidió una copa al camarero.

Luego miró a todos.

—Ya que estamos reunidos para celebrar un compromiso, no veo razón para desperdiciar la noche.

Julian avanzó.

—Nikolai.

Una sola mirada de su hermano lo detuvo.

Nikolai continuó:

—Evelyn Hart ha aceptado casarse conmigo.

El salón explotó.

Mi padre casi dejó caer su copa.

Serena perdió su sonrisa.

Pero Julian fue quien reaccionó peor.

—¡No puedes casarte con ella!

Nikolai ladeó la cabeza.

—Hace diez minutos dijiste públicamente que elegías a Serena.

—¡Eso no significa que Evelyn pueda casarse contigo!

Lo miré.

Y finalmente comprendí algo.

Julian nunca había pensado que perderme fuera una posibilidad.

Quería humillarme.

Quería escoger a Serena.

Pero también esperaba que yo permaneciera disponible.

La hermana sensata.

La mujer correcta.

La opción de respaldo.

Nikolai también lo comprendió.

—Ah —murmuró—. Ahora entiendo.

Miró a Julian con desprecio.

—Querías las dos.

Serena soltó su mano.

—¿Qué significa eso?

Julian ignoró la pregunta.

Sus ojos permanecieron clavados en mí.

—Evelyn, termina con esta estupidez.

Me quité del cuello la cadena que él me había regalado durante nuestro primer aniversario.

La dejé sobre una mesa.

—Ya terminé.

Tres semanas después llegó la votación del consejo Moretti.

Julian entró convencido de que todavía tenía posibilidades.

No las tenía.

Su escándalo público había circulado entre todas las familias importantes de Chicago.

Pero había algo que él desconocía.

Mi padre poseía participaciones en tres empresas que sostenían parte de los negocios legales de los Moretti.

Durante años había delegado sus votos.

Aquella mañana decidió delegarlos nuevamente.

En mí.

Cuando entré en la reunión junto a Nikolai, Julian entendió demasiado tarde por qué su hermano me había llamado “la hermana correcta”.

Yo no era simplemente una prometida respetable.

Tenía votos.

Contactos.

Y una reputación que Julian acababa de destruir para sí mismo.

El resultado fue contundente.

Nikolai obtuvo el control.

Julian perdió su puesto ejecutivo.

Después de la reunión me alcanzó en el pasillo.

—¿Estás satisfecha?

—No especialmente.

—Me quitaste todo por Serena.

Negué lentamente.

—Tú apostaste todo por Serena.

—Yo simplemente dejé que perdieras.

Su rostro se endureció.

—Nikolai te abandonará cuando deje de necesitarte.

Antes de que pudiera responder, escuchamos una voz detrás.

—Entonces tendrá derecho a marcharse.

Nikolai.

Se acercó y me entregó una carpeta.

Era nuestro acuerdo matrimonial.

Había añadido una cláusula.

Podía terminar el matrimonio cuando quisiera.

Sin penalización.

Sin condiciones.

Lo miré sorprendida.

—¿Por qué?

—Porque después de lo que ocurrió aquella noche, lo último que necesitas es otro hombre decidiendo por ti.

Por primera vez desde mi fiesta de compromiso, no supe qué decir.

Julian sí.

—Estás enamorado de ella.

Nikolai lo miró.

—Eso ya no es asunto tuyo.

Meses después, Serena descubrió que conseguir a Julian había sido mucho más fácil que conservarlo.

Sin la presidencia de la familia, sin el prestigio que esperaba obtener y consumido por el resentimiento, Julian dejó de parecerle el premio que había imaginado.

Mi familia intentó reconciliarse conmigo.

No tuve prisa.

Y Nikolai cumplió exactamente cada condición de nuestro acuerdo.

Nunca me exigió afecto.

Nunca utilizó su poder para controlarme.

Nunca volvió a mencionar aquella noche para cobrarme una deuda.

Un año después puse nuestro contrato sobre su escritorio.

El plazo había terminado.

Nikolai lo observó.

—Eres libre.

—Lo sé.

—¿Quieres el divorcio?

Miré al hombre que, paradójicamente, había sido el único dispuesto a dejarme elegir desde el principio.

Tomé el contrato.

Lo rompí por la mitad.

—No.

Nikolai levantó la mirada.

Y esta vez fui yo quien sonrió.

Julian había entrado en nuestra fiesta creyendo que humillarme delante de Chicago demostraría que había elegido a la hermana correcta.

Solo consiguió demostrar algo muy distinto.

Había entregado voluntariamente a la mujer que nunca valoró…

al único hombre que sí supo hacerlo.

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