PARTE 2: ESPECTRO HA VUELTO

Adrián permaneció inmóvil.

El combate seguía alrededor, pero sus ojos estaban clavados en mí.

—¿Espectro… eres tú?

No respondí.

—Equipo oeste, bloqueen la salida secundaria. Razor-Tres, localicen al segundo tirador. Nadie persigue sin mi orden.

—Recibido, comandante.

Isabel me observaba como si acabara de ver a otra persona ocupar mi cuerpo.

—Eso es imposible.

Un nuevo disparo golpeó el muro.

Me agaché.

—Puedes discutir mi identidad cuando salgamos vivos.

Quince minutos después, los atacantes habían perdido sus posiciones.

Los refuerzos de Razor entraron por el perímetro norte.

Un coronel veterano descendió del primer vehículo y, al verme, se cuadró inmediatamente.

—Comandante Espectro.

Todos los soldados alrededor hicieron lo mismo.

—Bienvenida de regreso.

Adrián palideció.

Cinco años.

Había dormido junto a mí durante cinco años.

Y nunca había sabido quién era.


La investigación confirmó que aquello no había sido una práctica infiltrada por casualidad.

El objetivo era Adrián.

Alguien conocía su itinerario.

Su horario.

Incluso la ruta que tomaría Isabel.

Mientras revisábamos la información en el centro de mando, Adrián no dejaba de mirarme.

Finalmente preguntó:

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Cerré el expediente.

—Nunca preguntaste quién era antes de convertirme en tu esposa.

—Eso no es justo.

Lo miré.

—¿No?

Adrián se quedó callado.

Isabel permanecía al otro extremo de la sala.

Toda su seguridad había desaparecido.

—Comandante —dijo finalmente—, lo de esta mañana…

—Olvídalo.

—Yo no sabía…

—Precisamente.

Me levanté.

—No sabías nada de mí y aun así decidiste quién era.

Isabel bajó la cabeza.

Adrián me siguió al pasillo.

—Elena.

No me detuve.

—Espectro.

Mis pasos sí se detuvieron entonces.

Él respiró hondo.

—Siempre quise conocerte.

Me volví.

—Ya me conocías.

Aquella respuesta pareció golpearlo.

—Durante cinco años.

Adrián apretó la mandíbula.

—Si hubiera sabido…

—¿Qué?

Me acerqué.

—¿Me habrías respetado más?

No respondió.

—Ese es exactamente el problema, Adrián.

—La mujer que cocinaba para ti también merecía respeto.

—La mujer que esperaba despierta cuando estabas herido también tenía valor.

—No necesitaba ser Espectro para merecer que mi esposo me eligiera.

Su rostro perdió color.

Entonces recordó algo.

—El documento de esta mañana.

—Sí.

—¿Qué firmé?

Saqué una copia de mi carpeta.

Se la entregué.

Adrián leyó la primera línea.

ACUERDO DE DIVORCIO.

Su expresión cambió por completo.

—No.

—Ya firmaste.

—No lo leí.

—Lo sé.

Tomé nuevamente el documento.

—Eso fue lo más apropiado de nuestro matrimonio.

—Nunca miraste lo que tenías delante.


Dos días después, la operación terminó.

La amenaza contra Adrián fue neutralizada y Razor recuperó el control del caso.

Mi regreso fue anunciado oficialmente.

Cuando entré al salón de mando con el uniforme de comandante, decenas de oficiales se pusieron de pie.

Entre ellos estaba Adrián.

Y también Isabel.

El hombre que una vez había dicho que jamás admiraría a una mujer como yo fue el primero en levantar la mano y saludar.

—Comandante Espectro.

Le devolví el saludo.

Profesional.

Nada más.

Después de la reunión, me alcanzó afuera.

Llevaba aquella vieja medalla de Isabel en la mano.

—La conservé demasiado tiempo.

La dejó sobre una mesa.

—Y comprendí demasiado tarde a quién debía haber valorado.

Lo miré sin emoción.

—No destruyas tus recuerdos para impresionarme.

—No lo hago por eso.

Adrián respiró profundamente.

—Quiero otra oportunidad.

Negué lentamente.

—Admiraste a Espectro sin conocerla.

—Y despreciaste a Elena después de vivir cinco años con ella.

Di un paso atrás.

—Yo soy ambas.

Sus ojos se humedecieron.

—Lo sé ahora.

—Exactamente.

Me puse la gorra.

—Ahora.

Afuera me esperaba el vehículo de Razor.

Mis antiguos compañeros estaban junto a él.

Ya no había delantal.

Ni cenas esperando sobre una mesa.

Ni una mujer reduciendo su propia vida para caber dentro de la indiferencia de un hombre.

Antes de subir, Adrián pronunció mi nombre.

—Elena.

Me volví una última vez.

—Siempre estaré orgulloso de haber sido tu esposo.

Sonreí ligeramente.

—Y yo estoy orgullosa de haber dejado de necesitar que lo estuvieras.

Subí al vehículo.

La puerta se cerró.

Por la ventana vi a Adrián quedarse atrás mientras el convoy comenzaba a avanzar.

Cinco años antes había abandonado a Espectro por amor.

Ahora recuperaba algo mucho más importante que un nombre.

Me recuperaba a mí misma.

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