Gu Changfeng abrió la carpeta.
—Empecemos por el ocho por ciento de las acciones de Wan Ning.
Mi suegro intentó sonreír.
—Presidente Gu, esto es un asunto familiar.
—Entonces será fácil explicarlo.
Uno de sus abogados colocó varias copias certificadas sobre la mesa.
El abuelo de Cang Shen me había transferido aquellas acciones legalmente después de nuestra boda. No eran simbólicas. Tampoco desaparecían con el divorcio.
Mi suegra palideció.
Cang Shen me miró.
—¿Llamaste a Gu Changfeng por dinero?
Antes habría intentado explicarme.
Aquella mañana no.
—Lo llamé porque mi madre me dejó su número.
Gu Changfeng añadió:
—Y llegó el momento de que conozcas el motivo.
Sacó una fotografía antigua.
Mi madre aparecía mucho más joven junto a él.
Treinta años atrás, Changfeng todavía no era un poderoso empresario. Durante una crisis que casi acabó con su primera compañía, mi madre lo ayudó cuando nadie más quiso hacerlo.
Pero eso no era todo.
—Tu madre rechazó durante toda su vida cualquier recompensa —me explicó—. Cuando enfermó, intenté ayudarla otra vez. Volvió a negarse.
Me entregó una carta.
Reconocí inmediatamente la letra de mamá.
Había una frase que me hizo llorar:
“Si Wan Ning vive feliz, nunca la busques. Si algún día queda completamente sola, entonces ayúdala a recordar que todavía tiene una salida.”
Cerré los ojos.
Incluso sabiendo que iba a morir, mamá había estado pensando en mí.
Entonces Ruoxi habló:
—Esto no cambia que Cang Shen quiera divorciarse.
La miré.
—Tienes razón.
Todos quedaron sorprendidos.
Tomé el bolígrafo.
—Acepto el divorcio.
Cang Shen pareció relajarse.
Pero aparté el documento que ellos habían preparado.
—No aceptaré este acuerdo.
Mi abogado presentó otro.
Conservaba mis bienes personales y mis derechos sobre las acciones que legalmente me correspondían. Además, cualquier cuestión financiera pendiente tendría que revisarse correctamente antes de cerrar la separación.
Mi suegra explotó.
—¡Entraste en nuestra familia sin nada!
Gu Changfeng la miró.
—¿Está segura?
El abogado abrió una segunda carpeta.
Durante los últimos meses de vida de mi madre, ella había organizado cuidadosamente los documentos relacionados con sus bienes.
No era una fortuna gigantesca.
Pero tampoco era la mujer completamente indefensa que los Lu habían imaginado.
Había conservado inversiones antiguas y, sobre todo, documentación que demostraba algo mucho más incómodo para ellos.
Años atrás, cuando Lu Corporation atravesó una grave crisis, una sociedad vinculada a mi madre había participado en una financiación que ayudó a mantenerla a flote.
Mi suegro reconoció inmediatamente el nombre.
Se dejó caer lentamente en la silla.
—Su Meilan…
Gu Changfeng asintió.
—Ahora empieza a recordar.
Cang Shen me miró como si acabara de conocerme.
—¿Tú sabías esto?
—No.
Y esa era precisamente la diferencia entre nosotros.
Yo había pasado siete años sin investigar cuánto podía obtener de su familia.
Él había pasado los últimos meses calculando cuánto podía quitarme.
Entonces Ruoxi se llevó una mano al vientre.
—Cang Shen, vámonos.
Pero él no se movió.
—¿El niño es mío?
La pregunta nos sorprendió a todos.
Ruoxi quedó blanca.
—¿Cómo puedes preguntarme eso?
Gu Changfeng cerró la carpeta.
—Eso ya no concierne a Wan Ning.
Lo miré agradecida.
Tenía razón.
Por primera vez comprendí que no necesitaba conocer cada secreto para marcharme.
Si el bebé era de Cang Shen, ya no era mi problema.
Si no lo era, tampoco.
Me levanté.
—Firmaré el divorcio cuando el acuerdo respete lo que legalmente me corresponde.
Cang Shen intentó detenerme.
—Wan Ning.
Me giré.
—Ayer enterré a mi madre sola porque tú tenías algo “más importante” que hacer.
Su rostro cambió.
—Yo no sabía que estaba tan grave.
—Te llamé diecisiete veces.
No respondió.
—No te estoy dejando por Ruoxi —continué—. Te dejo porque cuando más te necesité, me enseñaste exactamente cuánto valía para ti.
Salí de aquella sala junto a Gu Changfeng.
Tres meses después, el divorcio quedó terminado.
Conservé mis acciones.
No porque quisiera seguir vinculada emocionalmente a los Lu, sino porque eran legalmente mías.
Más adelante dispuse de ellas según mis propios intereses y utilicé parte de lo recibido para empezar de nuevo.
Gu Changfeng me ofreció un puesto en Changhong.
Lo rechacé inicialmente.
—No quiero vivir de la deuda que siente hacia mi madre.
Él sonrió.
—Entonces entra por tus capacidades y deja que Recursos Humanos decida si te quedas.
Acepté esas condiciones.
Por primera vez en años, volví a trabajar pensando en mi propio futuro.
Cang Shen intentó buscarme varias veces.
Nunca respondí.
Hasta el primer aniversario de la muerte de mamá.
Lo encontré esperando fuera del cementerio.
Parecía haber envejecido.
—Wan Ning, lo perdí todo.
—No.
Lo miré tranquilamente.
—Perdiste cosas que creías garantizadas.
Bajó la cabeza.
—Quiero pedirte perdón.
—Te perdono.
Me miró sorprendido.
—¿Entonces…?
—Perdonarte no significa regresar.

Dejé unas flores frente a la tumba de mi madre.
Antes de marcharme, acaricié suavemente su fotografía.
Durante años pensé que mi mayor seguridad era pertenecer a una familia poderosa.
Mamá había entendido algo que yo tardé demasiado en aprender.
La verdadera salida nunca había sido Gu Changfeng.
Ni las acciones.
Ni el dinero.
Era saber que podía levantarme de aquella mesa, rechazar lo que intentaban imponerme y empezar otra vez.
Mi madre me había dejado un número para cuando me quedara sin salida.
Pero su último regalo fue enseñarme que ninguna puerta cerrada por la familia Lu podía convertirme en prisionera.