PARTE 2: EL PRECIO DE DIEZ BOFETADAS

Gu Yan tardó varios segundos en reaccionar.

—¿Propietaria… real?

El presidente del banco respondió desde el teléfono:

—El Fondo Shen controla las garantías que permitieron al Grupo Gu financiar casi toda su expansión de los últimos tres años.

Gu Yan giró lentamente hacia mí.

Por primera vez, vi miedo en sus ojos.

Bai Xue palideció.

—Eso es imposible. Ella… ella no es nadie.

Sonreí.

—Eso mismo pensabas hace diez minutos.

El teléfono de Gu Yan volvió a sonar.

Esta vez era su padre.

—¡¿Qué hiciste?! —rugió el anciano—. ¡El Fondo Shen acaba de convocar una reunión extraordinaria con nuestros acreedores!

Gu Yan apretó el teléfono.

—Papá, puedo explicarlo.

—¡Entonces explícame por qué Shen Yue figura como beneficiaria final del fondo!

Silencio.

La mirada de Gu Yan cayó sobre mí.

Tres años atrás, antes de casarme, mi padre me había dado dos opciones.

Entrar públicamente al Grupo Shen.

O mantener mis participaciones bajo una estructura privada mientras comprobaba si Gu Yan realmente me amaba sin conocer mi apellido ni mi fortuna.

Elegí la segunda.

Y cometí otro error.

Cuando el Grupo Gu comenzó a crecer, permití que el Fondo Shen respaldara silenciosamente varios de sus proyectos.

Gu Yan creyó que su éxito era completamente suyo.

Yo nunca se lo discutí.

Hasta aquella noche.

Me quité lentamente el anillo de bodas.

Lo dejé sobre su escritorio.

—Feliz aniversario.

Su rostro se endureció.

—Shen Yue, podemos hablar.

—Hace diez bofetadas querías enseñarme cuál era mi lugar.

Miré a Bai Xue.

—Ahora ya lo aprendí.

—Mi lugar no está aquí.

Caminé hacia el elevador.

Gu Yan corrió detrás de mí.

—¡Espera!

Las puertas se abrieron.

Dentro estaba el tío Wang acompañado por dos abogados.

Al verme, su expresión cambió.

—Señorita…

Sus ojos se detuvieron en mi rostro.

—¿Quién hizo esto?

Nadie respondió.

No necesitaban hacerlo.

Uno de los abogados abrió una carpeta.

—Señor Gu, representamos a la señora Shen. Desde este momento se suspende cualquier garantía voluntaria vinculada a los proyectos del Grupo Gu conforme a las condiciones contractuales aplicables.

Entregó otro documento.

—Y esto corresponde al divorcio.

Gu Yan no tomó los papeles.

Me miró fijamente.

—¿Vas a destruir tres años de matrimonio por una secretaria?

Negué.

—No.

Toqué suavemente mi mejilla hinchada.

—Tú destruiste el matrimonio cuando ordenaste que me castigaran sin siquiera escucharme.

Bai Xue comenzó a llorar.

—¡Todo fue un malentendido!

La miré.

—Perfecto.

Saqué mi teléfono.

—Entonces revisemos las cámaras.

Su llanto se detuvo.

Gu Yan frunció el ceño.

—¿Qué cámaras?

El tío Wang respondió:

—Las de esta oficina.

Quince minutos después, seguridad recuperó la grabación.

Todos vimos a Bai Xue entrar sola antes que yo.

La vimos tirar documentos al suelo.

Desordenarse deliberadamente la ropa.

Y cuando escuchó mis pasos en el pasillo…

se golpeó ella misma antes de empezar a llorar.

Gu Yan quedó inmóvil.

Bai Xue retrocedió.

—Puedo explicarlo.

—Hazlo —dijo él.

Ella no pudo.

Pero ya no me importaba.

Gu Yan podía descubrir cien mentiras de Bai Xue.

Eso no borraría su propia decisión.

Él había ordenado aquellas bofetadas.

Nadie lo obligó.


A las tres de la madrugada, el consejo del Grupo Gu celebró una reunión de emergencia.

A las cuatro, dos proyectos quedaron suspendidos.

A las cinco, varios acreedores exigían nuevas garantías.

Y antes del amanecer, Gu Yan apareció frente a la residencia Shen.

Había perdido la chaqueta.

La corbata estaba torcida.

Parecía haber envejecido diez años.

—Yue, necesito hablar contigo.

Permanecí detrás de la reja.

—Habla.

—Bai Xue fue despedida.

No respondí.

—Presentaré pruebas contra ella si es necesario.

Silencio.

Finalmente bajó la voz.

—También despedí a los guardaespaldas.

Lo miré.

—¿Y quién te despide a ti?

Su rostro se quebró.

—Me equivoqué.

—No.

Negué lentamente.

—Un error es olvidar nuestro aniversario.

—Lo que hiciste fue una elección.

Gu Yan se acercó a la reja.

—Entonces castígame a mí. Pero no destruyas el Grupo Gu. Miles de empleados dependen de nosotros.

Aquello sí me hizo detenerme.

—Nunca ordené destruir sus empleos.

El tío Wang apareció detrás de mí con una carpeta.

—El plan B no consiste en incendiar empresas —dijo—. Consiste en retirar el dinero de la familia Shen y separar los activos viables del control de los Gu.

Gu Yan comprendió finalmente.

Yo no quería dejar cincuenta mil millones convertidos en cenizas.

Quería impedir que siguiera utilizando mi patrimonio como si fuera suyo.

—Los proyectos solventes continuarán —dije—. Los trabajadores cobrarán.

Hice una pausa.

—Lo que desaparece es tu capacidad de construir un imperio con mi respaldo mientras me humillas dentro de él.

Gu Yan cerró los ojos.

Ya no tenía nada que responder.


Meses después firmamos el divorcio.

El Grupo Gu sobrevivió.

Pero perdió la expansión que había presumido como prueba del talento de Gu Yan.

Bai Xue desapareció de su círculo.

Y yo regresé públicamente al Grupo Shen.

El día de mi primera reunión como presidenta, un periodista me preguntó:

—¿Es verdad que una sola llamada suya hizo tambalear al Grupo Gu?

Pensé en aquella oficina.

En el aniversario olvidado.

En el anillo sobre el escritorio.

Y en el momento exacto en que dejé de esperar que Gu Yan me defendiera.

—No —respondí.

—Una llamada no derrumbó su imperio.

Sonreí.

—Solo retiró lo único que lo había mantenido en pie todo este tiempo.

Mi respaldo.

Related Posts

PARTE 2: LO QUE MAYA VIO

—Papá, por favor no mires. La voz de Maya era apenas un susurro. Seguí la dirección de sus ojos. La piscina. Debajo del agua verdosa distinguí varias…

PARTE 2: LA ÚLTIMA ORDEN

Cuando llegué a la mansión Blake, la ceremonia ya había comenzado. Tres generaciones de militares ocupaban el gran salón. Generales retirados. Oficiales en activo. Mi padre estaba…

PARTE 2: DEMASIADO TARDE

Cuando Sebastian comprendió que yo no iba a aparecer, llevaba cuarenta minutos esperándome frente a trescientos invitados. Su madre fue la primera en perder la paciencia. —Seguro…

PARTE 2: LA VERDADERA DUEÑA

A las nueve menos cinco entré en la sala de juntas de Aurora Furniture. Ethan ya estaba sentado en la cabecera. Ava ocupaba la silla a su…

PARTE 2: MI VERDADERO APELLIDO

A las ocho de la noche, una fila de autos de lujo rodeaba la entrada del Grand Pinnacle. Spencer llegó primero con Cassandra del brazo. Ella llevaba…

PARTE 2: LA SEGUNDA TRAICIÓN

Llegué al despacho de mi abogado veinte minutos después. Daniel no me ofreció café. Ni siquiera me pidió que me sentara. Simplemente giró su computadora hacia mí….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *