PARTE 2: LA NOVIA DESAPARECIÓ

Cuando el médico entró en la habitación, volví a cerrar los ojos.

—Señor Xiao, la paciente necesita descansar. Sería mejor que saliera un momento.

Xiao Yichen se inclinó y acarició suavemente mi cabello.

—A Yan, volveré pronto.

La puerta se cerró.

Abrí los ojos.

—Doctor…

Mi voz era apenas un susurro.

El médico se acercó inmediatamente.

—¿Está despierta? Avisaré al señor Xiao.

—¡No!

Lo sujeté de la manga.

—Por favor. Necesito hacer una llamada sin que él lo sepa.

El médico dudó, pero finalmente me entregó su teléfono.

Solo marqué un número.

—Papá.

Al escuchar mi voz, el hombre al otro lado guardó silencio.

Hacía cinco años que casi no hablábamos.

Mi padre nunca había aceptado a Xiao Yichen. Yo, convencida de que estaba defendiendo el amor de mi vida, me había alejado de mi propia familia por él.

—Yan Yan, ¿qué ocurrió?

Mis lágrimas comenzaron a caer.

—Quiero volver a casa.

Su respuesta llegó inmediatamente.

—Voy por ti.

Aquellas cuatro palabras destruyeron la última barrera que me quedaba.

Dos días después, Xiao Yichen recibió una llamada urgente relacionada con su trabajo.

En cuanto salió del hospital, mi padre llegó.

No vino solo.

Lo acompañaban un abogado, dos guardaespaldas y un especialista médico.

Cuando me vio, sus ojos se enrojecieron.

Pero no preguntó nada.

Simplemente se quitó el abrigo y lo colocó sobre mis hombros.

—Vámonos a casa.

Antes de marcharme, dejé mi anillo de compromiso sobre la almohada.

Debajo había una sola nota.

«Xiao Yichen, se acabó».


Esa misma noche, Xiao Yichen regresó al hospital llevando mi postre favorito.

Al abrir la puerta, sonrió.

—A Yan, mira lo que…

Su voz se detuvo.

La cama estaba vacía.

La bolsa cayó de su mano.

—¿A Yan?

Entró rápidamente al baño.

Vacío.

Abrió el armario.

También vacío.

Entonces vio el anillo.

Su rostro perdió todo el color.

—¡Mánager Zhou!

El mánager entró corriendo.

—¿Dónde está Jiang Yan?

—¿Qué?

Xiao Yichen agarró la nota con dedos temblorosos.

—¡Encuéntrala!

Por primera vez, el mánager no obedeció inmediatamente.

Miró aquella cama vacía y luego a Xiao Yichen.

—Quizá lo escuchó.

Xiao Yichen se quedó rígido.

—¿Qué quieres decir?

—Lo que dijimos cuando creíamos que estaba inconsciente.

—Imposible.

—¿Y si no lo estaba?

La habitación quedó en silencio.

Xiao Yichen miró lentamente el anillo.

Entonces pareció recordar mis lágrimas mientras fingía dormir.

—No…

Retrocedió un paso.

—No puede saberlo.

Sacó su teléfono y comenzó a llamarme.

Una vez.

Diez veces.

Cincuenta veces.

Nunca respondí.


Mientras tanto, yo ya estaba en un avión privado rumbo al extranjero.

Mi padre estaba sentado frente a mí.

—He contratado a un equipo médico. Nos centraremos primero en tu recuperación.

Asentí.

—Hay otra cosa.

Lo miré.

—Quiero investigar todos mis historiales médicos de estos últimos cinco años.

Mi padre frunció el ceño.

—¿Por qué?

Recordé aquellas palabras.

“Durante estos años hice deliberadamente que sufriera varios abortos…”

Durante mucho tiempo había creído que mis pérdidas habían sido una terrible casualidad.

Ahora sabía que quizá nada había sido casual.

—Porque Xiao Yichen podría haberme estado engañando desde mucho antes de lo que imaginamos.

La expresión de mi padre se volvió helada.

—Entonces lo averiguaremos todo.


Tres meses después, recibimos el informe.

Lo leí en silencio.

Había irregularidades suficientes para iniciar una investigación formal.

También conseguimos información sobre la persona responsable del ataque y movimientos de dinero vinculados a alguien del entorno profesional de Xiao Yichen.

Mi abogado levantó la mirada.

—Con esto podemos empezar.

Cerré la carpeta.

—Todavía no.

—¿Por qué?

Miré por la ventana.

—Porque dentro de una semana es la boda.

Sí.

Xiao Yichen no había cancelado la ceremonia.

Después de mi desaparición, su equipo había comunicado públicamente que yo estaba recuperándome en privado y que la boda seguía adelante.

Probablemente todavía creía que regresaría.

O quizá planeaba cumplir finalmente el sueño de Bai Jing.

Sonreí.

—Si ellos querían tanto una boda, dejemos que la tengan.


Llegó el día.

El lugar estaba lleno de celebridades, empresarios y medios de comunicación.

Pero cuando las puertas se abrieron, la mujer que apareció vestida de novia no fui yo.

Fue Bai Jing.

Los invitados comenzaron a murmurar.

Ella caminó hacia Xiao Yichen con lágrimas de felicidad.

—Yichen, finalmente podemos estar juntos.

Él, sin embargo, no sonrió.

Durante tres meses había buscado desesperadamente cualquier rastro mío.

No había encontrado nada.

Bai Jing extendió la mano.

—Yichen.

Justo cuando él iba a tomarla, las enormes pantallas detrás del escenario se encendieron.

La música se detuvo.

Apareció una fotografía mía.

Después, una línea de texto:

«Señor Xiao, felicidades por conseguir finalmente la boda que deseaba».

Xiao Yichen se volvió bruscamente.

—¡A Yan!

Entonces aparecieron documentos.

Transferencias.

Registros.

Pruebas relacionadas con el ataque.

Los periodistas se levantaron de golpe.

Bai Jing palideció.

—¡Apaguen eso!

Pero ya era demasiado tarde.

Las puertas del salón volvieron a abrirse.

Entraron varios abogados.

Y detrás de ellos aparecí yo.

No llevaba vestido de novia.

Vestía un sencillo traje y parte de mi rostro seguía cubierta mientras continuaba mi recuperación.

Xiao Yichen me miró como si hubiera visto regresar a alguien de entre los muertos.

—A Yan…

Corrió hacia mí.

Retrocedí.

—No me toques.

Se quedó paralizado.

—Puedo explicarlo.

—Ya te escuché explicarlo aquella noche.

Su rostro se volvió blanco.

Bai Jing comenzó a retroceder.

La miré.

—¿Adónde vas?

En ese momento, varias personas encargadas de la investigación entraron detrás de mis abogados.

El caos estalló.

Xiao Yichen apenas parecía verlo.

Solo me miraba a mí.

—A Yan, dame otra oportunidad.

Durante cinco años había esperado escuchar aquellas palabras cada vez que él me hacía daño.

Ahora ya no significaban nada.

—Xiao Yichen, dijiste que, después de destruir mi rostro y mi futuro, mientras tú no me abandonaras, yo estaría agradecida.

Sus ojos se llenaron de desesperación.

Negó con la cabeza.

—Estaba equivocado.

—Sí.

Me quité lentamente el anillo que alguna vez había prometido conservar toda la vida y lo dejé sobre la mesa.

—Pero cometiste un error todavía mayor.

—¿Cuál?

Lo miré por última vez.

—Creíste que, después de descubrir la verdad, seguiría amándote.

Me di la vuelta.

Detrás de mí, Xiao Yichen gritó mi nombre.

No regresé.

Meses después, continué mi recuperación lejos de él y retomé la vida que había abandonado por aquella relación.

El caso relacionado con el ataque siguió su curso y la imagen perfecta que Xiao Yichen había construido durante años comenzó a derrumbarse.

Pero ya no necesitaba verlo caer.

Durante cinco años fui el escudo que protegió su verdadero amor.

El día que dejé de serlo, finalmente entendí algo:

Perder a Xiao Yichen no había sido el final de mi vida.

Había sido el momento exacto en que conseguí recuperarla.

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