Gu Changfeng abrió la carpeta y deslizó varios documentos sobre la mesa.
—Señor Lu, antes de hablar del divorcio, hablemos de estas acciones.
Mi suegro palideció.
El equipo legal de Gu Changfeng había investigado durante la noche. El ocho por ciento que el abuelo Lu me había entregado años atrás era completamente mío. Nadie podía recuperarlo por el simple hecho de que mi matrimonio terminara.
Pero aquello no era lo peor.
Uno de los abogados señaló varias páginas.
—También hemos encontrado intentos recientes de transferir activos vinculados a la señora Wan Ning sin su autorización.
Cang Shen se volvió hacia su padre.
—Papá, ¿qué significa esto?
Mi suegra intervino rápidamente.
—¡No tiene nada que ver contigo! Son asuntos de la familia.
Gu Changfeng soltó una risa fría.
—Curioso. Cuando quieren quitarle sus bienes, es un asunto familiar. Cuando ella exige lo que legalmente le pertenece, la llaman desagradecida.
Cheng Ruoxi bajó la mirada y acarició nerviosamente su vientre.
Yo permanecí en silencio.
Después de siete años soportando aquella familia, por primera vez los veía perder el control.
Cang Shen me miró.
—Wan Ning, podemos discutirlo en privado.
—No.
Mi voz salió sorprendentemente tranquila.
—Ayer enterré a mi madre sola porque dijiste que tenías algo más importante que hacer.
Miré a Ruoxi.
Cang Shen apartó la mirada.
—Hoy ya no tenemos nada que discutir en privado.
Tomé los documentos del divorcio y los empujé hacia él.
—Acepto divorciarme.
Sus ojos mostraron un instante de alivio.
Hasta que terminé:
—Pero quiero todo lo que legalmente me pertenece.
La expresión de mi suegra se deformó.
—¡Estás intentando destruir a nuestra familia!
—No.
Me puse de pie.
—Simplemente he dejado de permitir que ustedes me destruyan a mí.
Gu Changfeng ordenó a sus abogados iniciar inmediatamente el procedimiento.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Ruoxi se levantó.
—¡Esperen!
Todos la miramos.
Tenía el rostro blanco.
—Hay algo que Cang Shen no sabe.
—Ruoxi —advirtió mi suegra.
Ella retrocedió.
—Usted prometió que esto nunca llegaría tan lejos.
Cang Shen frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Ruoxi comenzó a llorar.
—El embarazo existe… pero el bebé no es tuyo.
El silencio fue brutal.
Cang Shen pareció dejar de respirar.
—¿Qué dijiste?
Mi suegra golpeó la mesa.
—¡Cállate!
Pero Ruoxi ya no se detuvo.
Confesó que mi suegra había descubierto su embarazo semanas atrás y había aprovechado la situación. Necesitaban una excusa para expulsarme rápidamente antes de que ciertos movimientos financieros relacionados con mis acciones salieran a la luz.
Cang Shen miró a su madre con incredulidad.
—¿Me mentiste?
—¡Lo hice por ti!
—¿Por mí?
Su voz tembló.
—Abandoné a mi esposa durante el funeral de su madre por esta mentira.
Mi suegra guardó silencio.
Yo lo observé sin sentir la satisfacción que habría imaginado.
Solo cansancio.
Cang Shen caminó hacia mí.
—Wan Ning…
—No.
Retrocedí.
—Que hayas descubierto que Ruoxi te engañó no cambia lo que tú me hiciste.
Se quedó inmóvil.
—Fuiste tú quien decidió no asistir al funeral. Tú enviaste aquel mensaje. Tú pusiste delante de mí unos documentos destinados a dejarme prácticamente sin nada.
Cada palabra hizo desaparecer un poco más la esperanza de sus ojos.
—No necesitas otra oportunidad para demostrarme quién eres. Ya lo hiciste.
Tres meses después, el divorcio quedó finalizado.
Conservé mis acciones y recibí los bienes que me correspondían.
Cang Shen perdió además su puesto ejecutivo temporalmente mientras la junta investigaba las irregularidades financieras.
Pero mi vida no terminó con la familia Lu.
En realidad, comenzó allí.
El día que fui a agradecer personalmente a Gu Changfeng, él me llevó hasta su despacho y abrió una caja fuerte.
Sacó una fotografía antigua.
En ella aparecía mi madre cuando era joven.
A su lado estaba Gu Changfeng.
Y detrás de ambos…
reconocí al abuelo de Cang Shen.
—¿Por qué estaba él con ustedes?
Gu Changfeng permaneció en silencio durante unos segundos.
—Porque tu madre no solo me salvó la vida.
Colocó otro documento delante de mí.
—También fue una de las personas que ayudaron a levantar la empresa que años después se convertiría en Lu Corporation.
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
—Eso es imposible.
—No.
Gu Changfeng me miró fijamente.

—Lo que ocurre es que alguien se aseguró de borrar su nombre de la historia.
Bajé lentamente la vista hacia el documento.
Allí estaba la firma de mi madre.
Y junto a ella, una participación empresarial muchísimo mayor que aquel ocho por ciento por el que la familia Lu había intentado humillarme.
Entonces comprendí por qué mi madre había guardado aquel viejo teléfono durante treinta años.
Gu Changfeng cerró la caja fuerte.
—Wan Ning, recuperar tus acciones fue solamente el principio.
Levanté la mirada.
—¿Qué queda todavía?
Su respuesta hizo que todo mi mundo cambiara.
—Recuperar lo que realmente pertenecía a tu madre.
Aquella tarde salí del edificio con la fotografía entre las manos.
Durante siete años había creído que mi mayor identidad era ser la esposa de Cang Shen.
Qué ironía.
La familia Lu había hecho todo lo posible por echarme con las manos vacías.
Sin saber que la mujer a la que despreciaban podía ser precisamente la heredera de una parte del imperio que ellos llamaban suyo.