PARTE 2: EL PRECIO DE TRAICIONARME

A la mañana siguiente, Ethan me esperaba frente a mi apartamento.

Tenía el teléfono en la mano y una expresión furiosa.

—¿Por qué utilizaste nuestra tarjeta?

Lo miré tranquilamente.

—Dijiste que pagara.

—¡Pero esa tarjeta también tiene mi dinero!

Casi me reí.

Durante años, cada vez que yo pagaba por Vivian, él decía:

“Entre nosotros no hay que contar cada centavo.”

Ahora, por 3.888 yuanes, parecía dispuesto a iniciar una guerra.

—Entonces considéralo un gasto entre amigos.

Ethan abrió la boca.

No encontró respuesta.

En ese momento apareció Vivian.

—Hermana Luna, no peleen por mi culpa.

Mango, que observaba desde la ventana, murmuró:

—Llegó la actriz principal.

Tuve que contener la sonrisa.

Vivian se acercó.

—Por cierto, ¿ya entregaste oficialmente tu renuncia?

—Sí —mentí.

Sus ojos se iluminaron.

—¡Entonces tenemos que celebrarlo!

Ethan también se relajó.

Los dos creían que acababa de destruir mi carrera voluntariamente.

Los dejé creerlo.

Durante los días siguientes actué exactamente como esperaban.

Hablé del viaje.

Pregunté por Hawái.

Incluso fingí preocuparme por qué ropa llevar.

Mientras tanto, hice tres cosas.

Firmé definitivamente la compra de mi nuevo departamento.

Entregué al departamento legal de la empresa la grabación donde Vivian hablaba de quedarse con mi puesto.

Y guardé copias de cada conversación en la que Ethan había participado en el plan.

Entonces llegó el lunes.

A las nueve de la mañana, todos los empleados recibieron un correo corporativo.

“Nos complace anunciar el nombramiento de Luna Shen como nueva directora general de Marketing.”

A las 9:02, Vivian entró corriendo en mi oficina.

Su rostro estaba blanco.

—¿Qué significa esto?

Giré la pantalla hacia ella.

—Creo que está bastante claro.

—¡Pero tú renunciaste!

—No.

—¡Me dijiste que sí!

Sonreí.

—También me dijiste que tú renunciarías.

Vivian se quedó muda.

Su propia carta nunca había llegado a Recursos Humanos.

Exactamente como Mango había dicho.

A las 9:05 apareció Ethan.

—Luna, tenemos que hablar.

—Estoy trabajando.

Cerró la puerta.

—¿Nos engañaste?

Lo miré fijamente.

La ironía era extraordinaria.

—¿Yo?

Vivian comenzó a llorar.

—Solo quería saber si realmente eras mi amiga.

Abrí una carpeta.

—Perfecto.

Pulsé reproducir.

La voz de Ethan llenó la oficina:

“Cuando me case con ella, usaré su dinero para mantenerte a ti.”

Vivian dejó de llorar.

Ethan quedó inmóvil.

—¿De dónde sacaste eso?

—Del estacionamiento.

—Luna, puedo explicarlo.

—No necesito explicaciones.

Miré a Vivian.

—Tampoco necesito una amiga que intente quitarme el trabajo.

Vivian palideció.

—¿Vas a despedirme?

—No tengo que hacerlo.

La puerta se abrió.

El señor Miller entró acompañado por Recursos Humanos.

Habían revisado la información que entregué.

Miller miró directamente a Vivian.

—Señorita Hayes, acompáñenos.

Su arrogancia desapareció.

—Señor Miller…

—Ahora.

Cuando pasó junto a mí, Vivian susurró:

—Después de todo lo que hiciste por mí, ¿vas a destruirme por un hombre?

La miré sorprendida.

—No.

—Tus decisiones hicieron esto.

Se la llevaron.

Ethan permaneció allí.

Por primera vez en siete años, parecía no saber cómo controlarme.

—Luna, nosotros somos diferentes.

—Tienes razón.

Me quité la pulsera que me había regalado y la dejé sobre el escritorio.

—Vivian perdió una oportunidad profesional.

Lo miré.

—Tú me perdiste a mí.

Su rostro cambió.

—¿Estás terminando conmigo?

—Ya terminé.

—¡Siete años no desaparecen así!

—Tampoco desaparecen siete años de mentiras porque digas que me amas.

Tomé mi bolso.

—Y hay algo más.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué?

—Cancela mi boleto a Hawái.

Pasé junto a él.

—Puedes llevar a Vivian.

Esa noche entré por primera vez en mi nuevo departamento.

Mango caminó por todas las habitaciones inspeccionándolo como si fuera el verdadero propietario.

Finalmente saltó al sofá.

—Aceptable.

Me reí.

—¿Solo aceptable? Costó casi tres millones.

Mango cerró los ojos.

—Precisamente.

Mi teléfono empezó a sonar.

Ethan.

Lo rechacé.

Volvió a llamar.

Lo bloqueé.

Después apareció un mensaje de Vivian desde otro número:

“¿Ganaste el premio del bolso?”

Sonreí.

Ya se habían enterado.

Mango abrió un ojo.

—Ahora viene la parte divertida.

—¿Cuál?

El gato movió lentamente la cola.

—Cuando descubran que el bolso que despreciaron pagó la casa que querían comprarte con tu propio dinero.

Dejé el teléfono sobre la mesa.

Por primera vez no sentí necesidad de responder.

Había recuperado mi carrera.

Tenía mi propia casa.

Había descubierto la verdad antes de entregarles mi futuro.

Me senté junto a Mango y acaricié su cabeza.

—Supongo que eres el mejor regalo que Vivian me ha hecho.

El gato abrió los ojos.

—No te emociones.

Hizo una pausa.

—Todavía no te he contado por qué Vivian tenía tantas ganas de regalarme precisamente a ti.

Mi mano se detuvo.

—¿Qué quieres decir?

Mango miró hacia la puerta.

Su pelaje se erizó.

—Que yo ya vivía con ella antes de tu cumpleaños.

Entonces bajó la voz.

—Y sé lo que Ethan escondió en su casa.

Related Posts

PARTE 2: LOS OCHENTA MIL YUANES QUE NUNCA LLEGARON A MIS MANOS

Vanessa se quedó detenida en la puerta. Su rostro perdió el color. Adrian la miró. —¿Ochocientos? Ella reaccionó enseguida. —Señor Shaw, debe haber un malentendido. Eleanor golpeó…

PARTE 2: LA CARTA QUE ADRIAN ENCONTRÓ CUANDO LA CASA YA ESTABA VACÍA

Adrian tardó exactamente tres días en comprender que me había ido. La primera noche durmió en el despacho. La segunda regresó después de medianoche y ni siquiera…

PARTE 2: EL TERCER DÍA GABRIEL ABRIÓ EL ARMARIO EQUIVOCADO

Durante las primeras veinticuatro horas, Gabriel estuvo convencido de que yo volvería. No lo hice. La primera noche llamó a Daniel desde el teléfono de Valeria. Mi…

PARTE 2: LA PULSERA QUE CASSANDRA NUNCA DEBIÓ LLEVAR

No mencioné la pulsera. Todavía no. A las siete, la cena comenzó en un salón privado del hotel. Adrian se sentó frente a mí. Cassandra, a su…

PARTE 2: LA PULSERA QUE CASSANDRA NUNCA DEBIÓ LLEVAR

No mencioné la pulsera. Todavía no. A las siete, la cena comenzó en un salón privado del hotel. Adrian se sentó frente a mí. Cassandra, a su…

PARTE 2: LA FIRMA QUE ELEANOR NUNCA TUVO DERECHO A USAR

Benjamin abrió la carpeta. —Tu padre no quería impedir que Eleanor intentara vender la casa. Fruncí el ceño. —¿Por qué? —Porque quería saber quién estaría dispuesto a…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *