PARTE 2: LA CAJA FUERTE DE ETHAN

Esperé hasta que Ethan salió hacia la empresa.

Natalie se marchó en otro auto.

Yo regresé a la casa donde había vivido seis años creyendo que era esposa.

Por primera vez, cada habitación me pareció parte de una mentira.

Subí directamente al despacho de Ethan.

La caja fuerte estaba detrás de una pintura.

Conocía la contraseña.

Nuestra supuesta fecha de boda.

La ironía casi me hizo reír.

Dentro encontré contratos, pasaportes, documentos bancarios y una carpeta negra marcada con las iniciales de mi padre.

R.B.

Richard Bennett.

La abrí.

La primera página era un informe sobre la empresa Lancaster.

Ethan llevaba años desviando dinero.

Mi padre lo había descubierto.

Debajo había correos impresos entre Ethan y Natalie.

Uno hizo que mis manos se enfriaran.

“Bennett quiere cancelar la inversión. Si habla antes de que Olivia reciba la herencia, estamos acabados.”

La respuesta de Natalie estaba debajo.

“Entonces asegúrate de que no pueda hablar.”

Seguí leyendo.

Había registros de pagos.

Una transferencia realizada dos días antes de la muerte de mi padre a una empresa de seguridad privada.

Y después, fotografías del automóvil accidentado.

No necesitaba sacar conclusiones sola.

Necesitaba pruebas.

Fotografié cada página y envié copias a mi abogado.

Después cerré la caja fuerte exactamente como estaba.

A las ocho de la noche, Ethan regresó.

Traía flores.

Y la pulsera que había prometido.

—Liv.

Se acercó para besarme.

Retrocedí.

Él se detuvo.

—¿Qué pasa?

Miré al hombre que durante seis años había dormido a mi lado.

—¿Cómo estuvo el viaje?

Su expresión se relajó.

—Agotador.

Dejó la caja de la pulsera frente a mí.

—Pero pensé en ti todo el tiempo.

—¿Estuviste solo?

Una pausa.

Pequeñísima.

—Claro.

Sonreí.

Entonces coloqué sobre la mesa una fotografía.

Ethan y Natalie besándose en el aeropuerto.

Su rostro perdió color.

—Olivia…

—No expliques todavía.

Puse otro documento.

El registro matrimonial.

Ethan dejó de respirar.

—Seis años —dije—. Natalie Pierce. Esposa legal de Ethan Lancaster.

Esta vez no intentó mentir.

Se dejó caer lentamente en una silla.

—Puedo explicarlo.

—Perfecto.

Encendí la grabadora de mi teléfono dentro del bolsillo.

—Empieza.

Ethan se pasó las manos por el rostro.

—Cuando te conocí, la empresa estaba prácticamente quebrada. Tu padre jamás habría permitido que te casaras conmigo si hubiera sabido ciertas cosas.

—¿Así que falsificaste nuestro matrimonio?

—Al principio iba a ser temporal.

Solté una risa.

—¿Y casarte con Natalie tres días después también era temporal?

Su mandíbula se tensó.

—Natalie conocía demasiado sobre la empresa. Necesitaba mantenerla cerca.

Qué romántico.

Entonces pregunté:

—¿Mi padre también sabía demasiado?

Ethan levantó la cabeza.

Y vi miedo.

No culpa.

Miedo.

—¿Qué quieres decir?

No respondí.

En ese momento sonó el timbre.

Ethan se puso de pie.

—¿Esperas a alguien?

—Sí.

Abrí la puerta.

Mi abogado entró acompañado por dos investigadores.

Ethan palideció.

—Olivia, ¿qué hiciste?

Lo miré.

—Lo que debí hacer hace seis años.

Uno de los investigadores mostró su identificación y explicó que necesitaban hablar con él sobre ciertas irregularidades financieras vinculadas a Bennett Holdings.

Ethan retrocedió.

Entonces apareció Natalie.

Había llegado por la entrada lateral utilizando su propia llave.

Al verme, se quedó inmóvil.

Miré la llave en su mano.

—Qué apropiado. La verdadera esposa entrando en su verdadera casa.

Natalie miró a Ethan.

—¿Se lo dijiste?

Aquellas tres palabras fueron suficientes.

Ethan cerró los ojos.

Natalie comprendió inmediatamente su error.

—No quise decir…

—Gracias —respondí.

Mi teléfono seguía grabando.

Luego saqué la carpeta negra.

Por primera vez, ambos dejaron de fingir.

Natalie palideció.

Ethan dio un paso hacia mí.

—¿Dónde encontraste eso?

—En tu caja fuerte.

—Olivia, dame esa carpeta.

—No.

Intentó acercarse otra vez.

Los investigadores se interpusieron.

Y entonces pronuncié la frase que finalmente destruyó su arrogancia.

—Mi padre sabía lo que estaban haciendo.

Natalie comenzó a temblar.

Ethan la miró.

Ella lo miró a él.

Y comprendí que todavía faltaba una pieza.

Mi abogado se acercó y me entregó un sobre que acababa de recibir.

—Encontramos esto entre los documentos privados de su padre.

Lo abrí.

Dentro había una carta escrita a mano.

Reconocí inmediatamente aquella letra.

“Olivia:

Si estás leyendo esto, significa que no conseguí detenerlos a tiempo.

No confíes en Ethan.

Pero tampoco confíes en la versión que te contaron sobre tu madre.”

Me quedé inmóvil.

Mi madre había muerto cuando yo tenía nueve años.

O eso había creído durante toda mi vida.

Seguí leyendo.

La última línea hizo que Ethan cerrara los ojos.

“Tu madre está viva.

Y ella sabe exactamente por qué Ethan Lancaster entró en nuestras vidas.”

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