PARTE 2: EL CONTRATO ERA MÍO

Nathan miró a Richard como si acabara de hablar en otro idioma.

—¿Señorita… Whitmore?

Richard frunció el ceño.

—¿Su esposa nunca se lo dijo?

No respondí.

No hacía falta.

Richard continuó:

—Harrison Global administra parte de las inversiones de la familia Whitmore. Y el contrato que su empresa celebra esta noche fue aprobado personalmente por ella.

El rostro de Nathan perdió todo color.

—Eso es imposible.

Saqué mi teléfono.

—No. Lo imposible es que hayas pasado tres años casado conmigo sin preguntarte quién era antes de convertirme en tu ama de casa.

Chloe retrocedió.

Su mano cubrió instintivamente el Cartier.

La miré.

—Y quítate mi reloj.

—Nathan me lo regaló.

—Lo sé.

Extendí la mano.

—Por eso quiero recuperarlo antes del divorcio.

Nathan reaccionó.

—¿Divorcio?

—¿Qué esperabas?

Señalé a Chloe.

—Le das mis regalos, permites que me humille y luego me ordenas disculparme con ella.

Richard intervino:

—Señor Morgan, quizá deberíamos suspender la celebración.

Nathan palideció todavía más.

—Presidente Collins, nuestro contrato ya está firmado.

Richard lo miró con absoluta calma.

—Está condicionado a la aprobación final del comité.

Luego volvió hacia mí.

—Comité que preside la señorita Whitmore.

El silencio fue devastador.

Chloe se quitó lentamente el reloj.

Nathan se acercó a mí.

—Elena, podemos hablar en privado.

Durante tres años yo había esperado esas palabras.

Aquella noche llegaron demasiado tarde.

—Mañana hablarás con mi abogado.

Me di la vuelta.

Nathan me siguió.

—¡Elena! ¿Vas a destruir diez millones por una discusión matrimonial?

Me detuve.

—No.

Lo miré por encima del hombro.

—Tú destruiste nuestro matrimonio por mucho menos.

Richard abrió la puerta del ascensor para mí.

Antes de entrar, miré una última vez al hombre por quien había escondido mi apellido, mi posición y mi mundo entero.

Nathan había querido una esposa pequeña para sentirse grande.

Ahora acababa de descubrir que la mujer que despreciaba era precisamente quien había abierto la puerta de su mayor oportunidad.

Y esta vez…

yo también podía cerrarla.

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