PARTE 2: EL PADRE ERA ÉL

Vivir con Lucas resultó peligrosamente fácil.

Preparaba mi desayuno, me llevaba al trabajo y cada noche preguntaba si el bebé había pateado.

Una madrugada me encontró sentada en la cocina revisando las facturas médicas de mi madre.

—¿Por eso sigues trabajando?

No pude mentir.

Asentí.

Al día siguiente, la residencia llamó.

—Señora Hayes, alguien pagó por adelantado todo el tratamiento de su madre.

Miré a Lucas.

Él continuó tomando café.

—Somos esposos —dijo simplemente.

Aquello me hizo sentir todavía peor.

Porque cada día cuidaba más de un niño que creía ajeno.

Hasta que llegó mi revisión prenatal.

Lucas insistió en acompañarme.

Mientras yo estaba dentro del consultorio, la enfermera salió con mi expediente.

—¿Señor Grant?

Lucas levantó la cabeza.

—La doctora necesita confirmar un dato sobre el padre biológico.

Sentí que se me congelaba la sangre.

Intenté tomar la carpeta.

Demasiado tarde.

Lucas ya había visto la fecha estimada de concepción.

Su expresión cambió.

Hizo cuentas.

Seis meses.

Exactamente la misma semana en que nos encontramos por última vez antes de separarnos.

Me miró lentamente.

—Emma.

Retrocedí.

—Puedo explicarlo.

—Hazlo.

Tragué saliva.

—El bebé es tuyo.

Lucas permaneció completamente inmóvil.

—¿Y el exmarido?

—Nunca existió.

—¿El divorcio?

—Tampoco.

Su mandíbula se tensó.

—Entonces llevas meses dejándome creer que estoy criando al hijo de otro.

Bajé la cabeza.

—Sí.

Lucas soltó una risa extraña.

Después se cubrió los ojos.

—Increíble.

—¿Estás enfadado?

Apartó la mano.

Tenía los ojos rojos.

—Emma, no soy estéril.

Ahora fui yo quien quedó paralizada.

Lucas sacó un informe médico del bolsillo.

—Lo supe hace dos semanas.

—Entonces ¿por qué no dijiste nada?

Se acercó.

—Porque también descubrí que nunca habías estado casada.

Mi boca se abrió.

—¿Desde cuándo?

—Desde el segundo día.

—¿Y no preguntaste?

Lucas miró mi vientre.

—Estaba esperando que confiaras lo suficiente para decírmelo tú.

Sentí ganas de desaparecer.

—Entonces… ¿por qué me propusiste matrimonio?

Por primera vez, sonrió.

—Porque mi novia tampoco me dejó plantado.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Nunca existió.

Se inclinó hacia mí.

—Fui al registro porque sabía que acompañarías a Mia.

Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.

Lucas puso suavemente una mano sobre mi vientre.

—Tú llevabas seis meses escondiéndome a mi hijo.

Sonrió.

—Y yo llevaba cinco años buscando una excusa para recuperarte.

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