—Necesito que sigas enferma unas horas más —le dije a Rosalind.
Su sonrisa desapareció.
—Entonces hagámoslo.
Llamé a emergencias desde otro teléfono y conseguí que Rosalind fuera trasladada discretamente para recibir atención médica. Antes de irse, entregamos copias de la grabación y los documentos a Naomi.
Yo me quedé en casa.
A las siete y veinte, Spencer entró acompañado de Bianca.
—¿Cómo está la abuela? —preguntó.
—Durmiendo.
Vi cómo ambos se relajaban.
Spencer incluso me besó la frente.
—Sabía que podía confiar en ti.
Casi me reí.
Bianca caminó hacia la habitación trasera.
Regresó segundos después, pálida.
—No está.
Spencer me miró.
—¿Dónde está Rosalind?
Dejé mi taza sobre la mesa.
—En un lugar seguro.
Su expresión cambió.
—¿Qué hiciste?
—Lo mismo que hago profesionalmente.
—Seguir el dinero.
Entonces sonó el timbre.
Naomi entró acompañada por investigadores.
Colocó sobre la mesa copias de las transferencias, las firmas falsificadas y la grabación.
Spencer dejó de respirar.
—Nellie, puedo explicarlo.
—Ya lo hiciste.
Pulsé reproducir.
Su propia voz llenó la sala:
“Cuando Rosalind muera, les diremos a todos que Nellie la descuidó.”
Bianca se dejó caer sobre una silla.
Spencer intentó acercarse.
—Fue idea de mi madre.
Bianca levantó la cabeza de golpe.
—¡Mentiroso!
Y así, en menos de treinta segundos, comenzaron a destruirse mutuamente.
Yo recogí mi bolso.
Spencer me sujetó del brazo.
—¿Vas a terminar nuestro matrimonio por esto?
Lo miré.
—Planeabas robarme, incriminarme y utilizar la muerte de tu abuela para hacerlo.
Retiré su mano.
—Nuestro matrimonio terminó antes de que yo regresara de Atlanta.
A la mañana siguiente, las cuentas vinculadas a las transferencias estaban congeladas y las pruebas habían sido entregadas a las autoridades.
Rosalind sobrevivió.
Una semana después fui a visitarla.
Me entregó una pequeña caja.
Dentro estaba su testamento actualizado.
—Spencer estaba dispuesto a dejarme morir por mi patrimonio —dijo.
Cerró mis dedos sobre el documento.
—Así que me aseguré de que jamás pudiera heredarlo.
Miré la primera página.
Rosalind había eliminado a Spencer y Bianca.
Pero aquello no fue lo que me sorprendió.
Había dejado la casa del lago y una parte importante de su patrimonio a una fundación para proteger a adultos mayores víctimas de abuso financiero.
Rosalind sonrió.
—Pensaban que estaban peleando por mi dinero.
Tomó mi mano.
—Ahora financiará precisamente a las personas que hombres como ellos intentan destruir.
Por primera vez desde que encontré aquella nota bajo el vaso de whisky, sonreí.
Spencer había escrito:

“Cuida a la anciana.”
Eso hice.
Y terminó costándole todo lo que había intentado robar.