Tres días después, Adrián apareció en casa de mis padres.
—¿Dónde está Serena?
Mi padre continuó tomando café.
—Se fue.
—¿Adónde?
—Eso ya no te concierne.
Adrián rio con incredulidad.
—Señor Su, conozco a Serena. Solo quiere asustarme.
Mi madre lo miró con frialdad.
—Tomó un avión.
La sonrisa desapareció.
—¿Cuándo regresa?
—No tiene fecha de regreso.
Adrián sacó inmediatamente el teléfono.
Entonces mi padre añadió:
—También renunció a todos los proyectos que compartía con tu familia.
Adrián levantó la cabeza.
Aquello sí lo asustó.
Durante años, nuestras familias habían colaborado en varios negocios. Yo había negociado contratos, conseguido inversores y solucionado problemas que Adrián consideraba demasiado pequeños para atender personalmente.
Siempre creyó que seguiría haciéndolo.
Porque siempre volvía.
Esta vez no.
Una semana después, la familia Lu perdió su primera negociación importante.
Después otra.
Daniela intentó tranquilizarlo.
—Ahora estamos comprometidos. Serena ya no debería importarte.
Adrián la miró durante varios segundos.
—¿Quién dijo que me importa?
Pero aquella misma noche llamó desde cinco números diferentes.
Todos estaban bloqueados.
Mientras tanto, yo había aterrizado en Singapur.
Mi hermano me recibió en el aeropuerto.
—¿Segura de que quieres quedarte?
Miré el cielo cálido.
—Completamente.
Durante los siguientes meses trabajé.
Aprendí.
Volví a dormir sin esperar mensajes de Adrián.
Y descubrí algo extraño:
la vida continuaba perfectamente sin él.
Entonces, seis meses después, recibí una invitación para una importante gala empresarial.
Mi hermano sonrió.
—La familia Lu también estará allí.
Casi rechacé la invitación.
Después pensé:
¿por qué?
Yo no había hecho nada malo.
Entré al salón aquella noche tomada del brazo de mi hermano.
Adrián estaba hablando con varios empresarios.
Cuando me vio, dejó de hablar.
La copa quedó suspendida frente a sus labios.
Yo había cambiado.
No porque llevara un vestido diferente.
Sino porque ya no lo estaba mirando esperando su aprobación.
Adrián caminó directamente hacia mí.
—Serena.
—Señor Lu.
Su expresión se quebró.
—¿Señor Lu?
—Estás comprometido. Conviene mantener las distancias.
Intentó acercarse.
—He intentado encontrarte durante seis meses.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué nunca respondiste?
Lo miré.
—Porque una noche escuché que mi desaparición sería lo mejor que podría pasarte.
Adrián quedó inmóvil.
Finalmente había comprendido.
Yo había escuchado todo.
—Serena, estaba enfadado. No hablaba en serio.
—Yo sí.
Daniela apareció detrás de él.
Pero antes de que pudiera hablar, mi hermano me entregó una carpeta.
—Serena, necesitamos tu firma. El consejo aprobó la adquisición.
Adrián vio el nombre de la empresa en la portada.
Su rostro cambió.
Era el proyecto que la familia Lu llevaba meses intentando conseguir.
Ahora pertenecía a nuestra compañía.
Firmé.
Después devolví la carpeta.
Adrián me observó como si acabara de conocerme.
—¿Volviste por esto?
Negué con la cabeza.
—Ese es tu problema, Adrián.

—Todavía crees que regresé.
Tomé una copa de la bandeja de un camarero.
—Yo no regresé por ti.
Sonreí.
—Tú simplemente apareciste en la nueva vida que construí después de cumplir tu deseo.