PARTE 2: LLEGASTE DEMASIADO TARDE

Una hora después llegaron los empleados de la empresa de mudanzas.

Adrian salió del dormitorio furioso.

—¿Qué significa esto?

—Significa exactamente lo que dije.

Los trabajadores comenzaron a retirar el sofá, la televisión, la mesa y cada mueble que yo había pagado.

Diana palideció.

—¿También la cama?

—Especialmente la cama.

Adrian me sujetó del brazo.

—¡Claire, basta!

Una voz masculina respondió desde la entrada:

—Suéltala.

Adrian se giró.

Nathan estaba allí.

Su mirada bajó inmediatamente hasta la mano de Adrian.

Este me soltó.

—¿Qué haces tú aquí?

Nathan caminó hacia mí y tomó mi mano.

Entonces Adrian vio el anillo.

Su expresión cambió.

—Claire… ¿qué es eso?

No respondí.

Nathan sacó nuestro certificado matrimonial.

—Ayer nos casamos.

El rostro de Adrian perdió todo el color.

—Estás mintiendo.

—Compruébalo tú mismo.

Adrian tomó el documento.

Leyó mi nombre.

Después el de Nathan.

Una vez.

Dos veces.

—¿Te casaste con él un día después de dejarme?

—No te dejé ayer.

Lo miré.

—Te perdí cuando decidiste que yo debía aceptar las consecuencias de tu traición.

Diana se acercó.

—Adrian, déjala. Nosotros tenemos al bebé.

Él se volvió hacia ella.

Por primera vez, aquella frase no pareció consolarlo.

Entonces mi abogado entró con el administrador del edificio.

—Señor Whitmore, necesitamos hablar sobre la vivienda.

Adrian frunció el ceño.

—¿Qué vivienda?

El administrador le entregó una notificación.

—Este apartamento pertenece a una sociedad inmobiliaria de la familia de la señora Claire. Su autorización para ocuparlo estaba vinculada al matrimonio previsto.

Adrian levantó lentamente la cabeza.

—¿Quieres echarme?

—No.

Sonreí.

—Ya lo hice.

Diana se llevó una mano al vientre.

—¿Entonces dónde vamos a vivir?

La miré.

—Eso deberían haberlo pensado antes de instalarse en una casa ajena.

Salí con Nathan.

Pensé que aquella sería la última vez que vería a Adrian.

Me equivoqué.

Tres días después, mi padre me llamó.

—Claire, los Whitmore quieren una reunión urgente.

—No me interesa.

—Te interesará esto.

Escuché papeles al otro lado.

—La familia Whitmore acaba de descubrir que Diana mintió sobre la fecha del embarazo.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué quieres decir?

—El embarazo comenzó antes de vuestra fiesta de compromiso.

Sentí un frío repentino.

Entonces llegó la segunda frase.

—Y hay algo todavía peor.

—¿Qué?

Mi padre bajó la voz.

—Adrian quizá tampoco sea el padre.

Miré a Nathan.

La historia que Adrian había utilizado para justificarlo todo —el alcohol, la confusión, aquella supuesta única noche— acababa de derrumbarse.

Y si Adrian no era el padre…

entonces Diana había destruido nuestro compromiso por una razón que todavía ninguno de nosotros conocía.

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